Fecha: 19 de enero de 2017                           Hora: 20:00 h

Lugar: Centro de Adultos de Vélez- Málaga

Resumen de la obra

Sin duda uno de los más destacados narradores contemporáneos de los Países Bajos, el escritor de origen iraní Kader Abdolah —autor de El reflejo de las palabras— ha obtenido un rotundo éxito con esta nueva novela, que ha sido elegida por los lectores neerlandeses como segundo libro preferido de todos los tiempos. Durante generaciones, la poderosa familia de Aga Yan ha ocupado una posición privilegiada en la tranquila ciudad de Seneyán. Siguiendo una tradición secular, el clan habita un caserón de treinta y cinco habitaciones adosado a la mezquita, una enorme y animada colmena llena de abuelas, niños, sirvientes, comerciantes y santones. Por el edificio fluyen a toda velocidad historias fascinantes, y allí conviven el poder económico y el poder espiritual, la religión y la vida social, las pasiones y los rezos. Sin embargo, todo cambia en los años setenta, cuando la religión se convierte en arma política y pone fin a décadas de armonía. Los grupos de izquierdas contrarios a la occidentalización del país y los extremistas islámicos provocan la caída del sah, y el regreso del ayatolá Jomeini marcará drásticamente el destino de la familia. Epopeya familiar de marcado tono autobiográfico, en La casa de la mezquita confluyen la rica cultura persa con la vida cotidiana de los iraníes. Gente, arte, religión, sexo, literatura, cine, incluso el mundo de la radio y la televisión; el autor retrata, con el conocimiento que le otorga su experiencia personal, una sociedad islámica moderada, ligada a una sabia y fértil tradición milenaria y alejada de todo radicalismo.

Resumen de la sesión

Iniciamos la sesión hablando del autor del libro, Kader Abdolah, cuyo nombre no es el suyo en la realidad, ya que lo tomó  como homenaje a dos compañeros de la resistencia que fueron asesinados. Esta obra se puede considerar como una autobiografía ya que el autor estuvo presente, participando de forma muy activa, en todos los acontecimientos vividos en Irán desde los tiempos del imperio del sah hasta la llegada de Jomeini.

Esta introducción nos dio pie para hablar de la vida tan idílica que se disfrutaba en la casa de la mezquita tal como la cuenta el autor. Una casa de treinta y cinco habitaciones, junto a la mezquita de la ciudad de Seneyán y en la que habitaban principalmente tres familias, primos entre sí, acompañados de sus sirvientes.

Aga Yan era vendedor de alfombras en el zoco, muy respetado en la ciudad y la persona a la que se le consultaba todo lo que trascendiera en la casa y la mezquita. Nos llamó la atención la complicidad que tenía con su esposa, Fagri Sadat. Tuvieron un  hijo, Yawad, de triste historia, y dos hijas, Nasrim y Ensi. El imán de la mezquita era Alsaberi, hombre muy peculiar como se observa en diferentes capítulos de la novela. Su esposa era Zinat Janum; destacamos en ella una gran transformación como persona fruto de su radicalización religiosa. Su hijo Ahmad y su hija Sediq (casada con el ayatolá Jaljal y con quien tuvo un hijo a quien llamaban “Lagartija”), también van a sufrir en sus personas los cambios que trajo consigo la revolución de Jomeini. La tercera familia estaba formada por Aga Shoya, el muecín de la mezquita, viudo, que aún estando ciego  era un gran alfarero, su hijo Shabal – muy valorado por Aga Yan,  en quien pensaba dejar el día de mañana la responsabilidad de sus negocios – y su hija Sahin que estaba casada. Destacamos también el papel que en la casa desempeñaban las dos abuelas: Jolebé, la abuela más joven y Jolbanú, la abuela mayor. En realidad no pertenecían a la familia, sino que entraron a trabajar como sirvientas en la casa desde muy jóvenes, pero fueron consideradas  desde siempre como unos miembros más de ella. Otros dos personajes fueron Kazem Kan, tío de Aga Yan que destacaba por su amor a la poesía, el opio y las mujeres y Nosrat, hermano de Aga Yan que vivía en Teheran y que solía hacer frecuentes visitas a la casa de la mezquita. Comentamos algunas de sus aventuras.

La primera parte del libro se desarrolla en la época del sah en Irán. “¡Qué cosa más bonita tuvo que ser la vida en la casa de la mezquita” manifestaba una de las asistentes al Club de Lectura. “Qué ambiente, qué armonía, el respeto que le tenían a las abuelas, el papel tan importante que desempeñaban… Y como si se tratase de un cuento oriental deciden poner fin a sus días en un viaje a La Meca rodeado de misterio.”

Hemos dicho que Aga Yan se dedicaba en el zoco a la venta de alfombras persas que eran famosas por su colorido dentro y fuera del país. Fue este capítulo uno de los que más gustó. Cómo conseguían el colorido y los dibujos de las alfombras era el secreto mejor guardado entre la familia. Las migraciones de los pájaros que venían de las lejanas tierras rusas  y asiáticas en busca de las zonas más cálidas, significaban con su llegada a Seneyán haber recorrido la parte más dura del trayecto. En la casa de la  mezquita, las abuelas y Fagri Sadat los esperaban con comida y agua abundante así como unas trampas construidas con redes para su captura. Durante varias noches, los ejemplares más llamativos eran observados minuciosamente y dibujados por la esposa de Aga Yan. De ahí saldrían esos coloridos y dibujos espectaculares  que serían llevados después a los expertos para que los plasmaran en las alfombras. Por la mañana temprano, las abuelas llevaban los pájaros a la alberca; le daban comida y agua, les besaban la cabeza y los ponían en libertad… ¡Preciosa ceremonia!

Analizamos la preocupación de Aga Yan por sus sobrinos, por los temas de las charlas del imán a sus fieles, del respeto que se le tenía en el zoco y la ciudad. Cómo escucha a su sobrino Shabal para que permita la presencia de la radio y la tv en la casa, aunque de forma oculta, ya que su existencia en las casas musulmanas no estaba bien vista. Con qué cariño trata a “Lagartija” el hijo de Sadiq y Jaljal (que padecía una grave deformación y a quien enseña a leer) o a Jodsi “la loca” pariente suya. Él también toma la decisión de sustituir al imán tras el fallecimiento de Alsaberi, el primer imán. Respeta la petición de sus dos hijas de trasladarse a vivir y estudiar a Teherán, dejando la casa de la mezquita. Era un hombre profundamente religioso (siempre llevaba un pequeño Corán en su bolsillo) y moderado, que deja una profunda huella en la novela.

Irán, en tiempos del sah, estaba muy occidentalizado y tras el divorcio de Soraya y su nuevo matrimonio con Farah Diba se agudizó más. Comentamos como uno de sus objetivos fue la difusión de las salas de cine por el país y los incidentes que se produjeron en la inauguración de la de Seneyán. El lujo de la corte y sus allegados contrastaba con las graves necesidades del pueblo. Las guerrillas de izquierda junto a los integristas deciden que la única solución pasa por la expulsión del sah y su familia del país. El radicalismo de los ayatolás, que destaca sobre todo por aquellos que proceden de la ciudad santa de Qom, se impone. El ayatolá Jomeini que se encuentra exiliado en París, prepara su regreso que se consuma en 1979 fundando la República Islámica de Irán. “Si con el sah había necesidades pero también libertad, con la llegada de Jomeini, siguió habiendo austeridad extrema y falta de libertad” se expuso. La revolución terminó en involución. Con la llegada de Jomeini empiezan los juicios sumarísimos a los seguidores del régimen anterior y a todo el que osase ser oposición a los nuevos dirigentes. Comentamos cómo se transforma la casa de la mezquita. La felicidad y la alegría se torna en desgracia. El ayatolá Jaljal que se había casado con Sediq, sobrina de Aga Yan y que nunca le había gustado a éste como persona, es nombrado por Jomeini Juez Supremo de la República Islámica y Zinat Janum, madre de Sediq, es la nueva responsable de “las buenas costumbres”. En un Jeep y acompañada de un soldado, paseaba por las calles de Teherán, para hacer escarmentar o detener a aquellas mujeres que no llevasen el velo bien puesto o vistiesen como los accidentales. Ahmad, que llegó a ser imán de la mezquita y cuñado de Jaljal, fue detenido y torturado. Un nuevo imán nombrado por la República Islámica llega a la  mezquita, retirándosele la llave que controlaba Aga Yan. Yawad, su hijo, que pertenecía a los movimientos de izquierdas contrarios a Jomeini, fue fusilado, acusado de traición por Jaljal. No había piedad para nadie aunque fuesen de la propia familia. Pero, además, la ley impuesta por la nueva República, les prohibía poder enterrar a los ejecutados en un cementerio normal, por lo que Aga Yan, acompañado por su sobrino Shabal y con el cuerpo de Yawad arrojado en el suelo de una furgoneta, empezaron un penoso recorrido por diferentes pueblos: Marzeyarán, Sarug, Yeria (donde tenía parientes) con la intención de no enterrarlo furtivamente. En todos los lugares les negaban el enterramiento para evitarse problemas con las autoridades.  La revolución había despertado el lado más siniestro de las personas. Hasta que, cuando Aga Yan había decidido enterrarlo junto a un árbol  de la casa de la mezquita, un  antiguo conocido, Hushang Kan, noble que vivía en las montañas se ofreció para hacerse cargo del cuerpo de su hijo y enterrarlo en sus tierras. El encuentro de Aga Yan con la tumba de su hijo, años más tarde, es uno de los capítulos más hermosos del libro.

Comentamos también con qué habilidad Nosrat, hermano de Aga Yan fue capaz de entrar en el círculo de influencia de Jomeini y de su esposa Batul, gracias a sus conocimientos de cine y fotografía. El desenfado y la alegría que traía a la casa de la mezquita cuando los visitaba, aunque también el escándalo según las abuelas. Su final queda un poco incierto al ser acusado de espionaje por los servicios secretos iraníes.

La sustitución de Jomeini por Rafsanyani y Jamenei, trajo cambios en las personas de confianza de Jomeini. Jaljal, el Juez Supremo, de forma secreta, fue enviado a Afganistán como colaborador de los talibanes. Los partidos de izquierda y los muyahidines continuaron la oposición a la República Islámica fundada por Jomeini. Hacia Afganistán se dirige Shabal para ajustar unas cuentas que tiene pendiente con Jaljal…

Una reflexión final que hicimos. Aga Yan era un ferviente cumplidor del Corán y sin embargo no acepta la forma en que  los ayatolás radicales aplican el Islam en su país. En esta historia vemos cómo se hacen interpretaciones de la religión según conviene, en este caso del Islam con el Corán, pero igual pasa entre los cristianos u otras religiones. “Olvidamos que lo importante, independientemente de la creencia religiosa de cada uno, es ser persona. La radicalización religiosa o política, nunca es buena” comentó alguien.

Kader Abdolá, el autor de “La casa de la mezquita” como miembro de la resistencia estudiantil ayudó a derrocar al sah. Una vez que regresó Jomeini y como redactor de un periódico clandestino, continuó la lucha en su país que finalizó, ante el riesgo de su vida, pidiendo asilo político en Holanda donde reside actualmente. Paradojas de la vida.

 

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Próximo libro:  Todo esto te daré – Dolores Redondo
Fecha: Jueves  15 de febrero de 2018, a las 20 horas.
Lugar: “Hotel Torremar” de Torre del Mar

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