Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.1
19 de octubre de 2018, Mercado de San Francisco, 17:30 horas.

¿Cómo podríamos hacer frente, de la mejor manera posible, al mundo que nos rodea? Para mejor situarnos en él, para situarlo a él mejor en nosotros… Con sus estímulos, con sus presiones, y nosotros con nuestras respuestas, con nuestras acciones, con nuestras reacciones… Como norma general, la respuesta podría ser: con nuestro mayor desarrollo personal, con nuestra madurez, con nuestra mayoría de edad (“ten el valor de servirte de tu propio entendimiento”, nos recordaba Kant), tus propias capacidades desarrolladas. Y la filosofía, el filosofar, colabora en esta tarea personal y social de madurar, de ver el mundo, nuestro mundo, con ojos reflexivos, críticos, simpáticos, ojos nuevos, sensibles pero a la vez desidentificados, integrados y distanciados, orientados hacia lo universal y necesario, a lo  fundamental, la raíz y la fuente. De lo que hay. De lo que somos. Esto quiso decir uno de los participantes del primer encuentro de la temporada 2018-19. Muchos de los presentes quisieron también celebrar las últimas noticias: desde hace mucho, la ocasión única en
que nuestros políticos han llegado a un consenso (¡aaaleluya!), sobre la necesidad social, educativa, de la filosofía, ya desde las propias aulas. Muy buena señal. Es posible que se vaya percibiendo que lo que hoy necesitamos ya estaba ahí desde hace veintiséis siglos. Desde hace tiempo, era hora de ir recuperando a la filosofía como un modo de vivir consciente, autónomo y crítico. Aunque, todo hay que decirlo, también es responsabilidad de los filósofos profesionales su cuidado.

Los treinta participantes, en este nuevo marco remodelado del patio del antiguo Mercado de San Francisco, filosofaron… sobre la presión social, lo que implicaba la reflexión sobre ellos mismos. Siempre es sobre nosotros mismos. ¿Cómo se genera? ¿Cómo se manifiesta? ¿Por qué nos dejamos presionar? ¿Cómo podemos liberarnos de esa presión social? Pero, si no nos preguntamos primero sobre la realidad o irrealidad de eso que llamamos, que llamaron, “presión social”, todo el resto de cuestiones se desvanecen en la ficción de las palabras. Pues bien, ¿hay presión fuera o sólo es algo que vivimos dentro? ¿Qué es lo decisivo, lo más real, la presión de fuera o la presión de
dentro, para que haya presión? Es obvio, dijeron, que la presión es sólo presión si la vivo yo de una manera presionante. Pero gustó mucho la explicación interactiva: se interrelacionan constantemente. De todos modos, lo crucial, en último término, es tu respuesta interior y la posibilidad de esta respuesta interior tuya, las puertas cerradas y las prisiones emocionales que hayan ido creciendo
dentro de ti. Esto quedó claro. Así mismo, fue interesante constatar cómo lo mismo que la sociedad, o los grupos, pueden presionar, controlar y dirigir al individuo, lo mismo pueden ser transformados por los individuos, y más si se unen entre ellos. La unión hace la fuerza, sobre todo cuando nos enfrentamos a prácticas sociales injustas o ilegítimas.

Una tranquila encuesta entre los asistentes arrojó el siguiente resultado: por lo general, los más jóvenes en edad sentían más real, sufrían más la presión venida de fuera, el grupo de amigos, la familia, que me acepten, para sentirme integrado, lo que esperan de mí…; por su parte, los más mayores en edad, de los asistentes, con frecuencia, ubicaban la causa presionando desde el interior, los compromisos que he adquirido, mis responsabilidades, mis “debería”, las metas que me he propuesto… Así que, sin dificultad, el numeroso equipo de personas lúcidas y predispuestas a la reflexión, allí asistente, determinó cómo la presión, desde un lugar exterior, con la edad y la
experiencia, con la madurez personal, se va trasladando hacia un lugar más interior de nosotros… que cada vez depende más de nosotros mismos.

Por consiguiente, es nuestra responsabilidad ser más y más conscientes de nosotros mismos y de lo que nos afecta, reducir el área de lo inconsciente que se nos cuela por las rendijas de nuestras emociones e impulsos, y nos hace sufrir con lo exterior, que llega a imponerse porque lo dejamos imponerse en nosotros; y es nuestra responsabilidad la madurez con la que vamos creciendo, desarrollando nuestras propias cualidades y capacidades esenciales, que nos constituyen en lo que somos. Si nosotros mismos, por dentro, nos vamos sintiendo más fuertes, más seguros, con más luz, más inteligentes, es decir, con más desarrollo de nuestra capacidad de entendernos y de entender, con más amor irradiando desde nosotros mismos, así también, se irá generando más comprensión hacia fuera y de los otros; y, en la medida en que nosotros mismos no nos vamos sintiendo de la manera contraria: débiles, perdidos y carentes, en esa misma medida, no habrá presión exterior ni interior que nos impida vivir con una suficiente plenitud. No habrá presión social que valga. Dispondremos de más herramientas para gestionar mejor esa presión que en ocasiones sentimos que nos aprisiona o nos aplasta. La filosofía construida en grupo aquella tarde te lo certifica.

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