Si tú volvieras a vivir lo que has vivido, ¿qué harías, o no harías, necesariamente? ¿Tendrías la misma actitud? ¿Vivirías de la misma manera lo que has vivido?[1] Dejemos aparte cualquier clase de presunción metafísica o religiosa, y entreguémonos a este experimento mental, a este ejercicio de la imaginación, conscientes de nosotros mismos. Una prueba del algodón muy del gusto de Nietzsche, aunque esta vez no nos pondremos etiquetas: si hemos vivido bien o hemos vivido mal. Si somos suficientemente vitales y afirmamos la vida tal como es. No, sin juicios. ¿Qué volverías a hacer o no volverías a hacer? Simplemente, para aprender de nosotros mismos en un futuro muy próximo… Dieciséis participantes de este segundo café filosófico del año ofrecieron públicamente sus propios aprendizajes: experimentar la vida tal como es, elegir mejor a mis amigos,  aprender mejor, pasar más tiempo con mi padre, ser más lanzada, no compararme con los demás, quererme más, tratar de vivir cada día feliz, escucharme más, ser mi mejor amiga, no bloquear mis emociones, no ser tan impaciente, estudiar, viajar por mí misma, expresar lo que siento, volver a ser maestra, ser más consciente y menos visceral. Y ya tan sólo quedaría añadir lo tuyo…

Pero, siguiendo hilo sutil del diálogo habido aquella tarde, los padres, ¿haríamos lo mismo de la misma manera? Los hijos, ¿responderíamos igual? ¿Qué es ser padres o madres en estos tiempos? ¿Y ser hijas o hijos? Es muy posible que una cosa sea inseparable de la otra. Pues bien, esto fue lo que se preguntaron y esto fue lo que sucedió…

Hoy en día ejercer la función de padres, educando bien, es imposible. Incluso, en numerosas ocasiones, no se sabrá si se hace bien o se hace mal. De manera que, durante el diálogo filosófico,  fue necesario hacerse cargo, primero, del mundo en que nos ha tocado vivir, su complejidad y su celeridad. A pesar de todo, los participantes (recordemos: jóvenes y adultos) estuvieron una hora y media debatiendo acerca de cómo educar adecuadamente en estos días, de manera que hubo al final que transformar la tajante afirmación del comienzo: ser padres no es imposible, pero sí que es difícil… Y dieron testimonio de la dificultad, a través de los titubeos y rectificaciones de sus opiniones iniciales. Aunque para esto, y no otra cosa, se viene a dialogar. Por otro lado, fueron capaces, promediada la discusión y, sobre todo, al final, de reconocer que lo descubierto implicaba una correspondencia: cualquier característica mostraba su carácter recíproco. Padres e hijos. Hijos y padres. Mutuamente. Ésta fue una conclusión muy muy interesante. Así que nada de culpables, nada de culpabilidades arrojadas con desprecio. Cada miembro de una relación lleva a la misma su propio grado de desarrollo o madurez personal. Hace lo que puede… Seguro que hace lo que puede, no en vano, se juega mucho cada una de las partes de una relación tan cercana, tan sentida como ésta. Tan sufrida. Una relación  que tanto nos hace, y tanto nos deshace, a cada uno de nosotros, a diario… Otra conclusión –no menos relevante– se refiere al tiempo de juego: como toda relación, siempre se juega en el presente, aquí y ahora. ¡Qué importa lo que pasó! ¡Qué viene a importar lo que me figuro que pasará en vistas de lo que ha pasado…! Siempre puedes, siempre podemos cambiarlo todo. Un todo o un mucho. Hasta ahora ha pasado pero, que siga pasando ahora mismo, depende también de ti… Tú estás en disposición de contribuir en una determinada dirección.

Pues bien, he aquí una posible lista de ingredientes necesarios para una relación paterno-filial válida en estos tiempos. Los padres, ser una guía flexible de sus hijos. Orientación, pero no coerción. Cauce pero no viaducto. Límites, pero no limitaciones. No comparar situaciones, épocas, personas… (“En mis tiempos…”, “tú no sabes nada del mundo actual”, “tu primo…”, “el padre de mi amigo…”, etc.). Aprender a expresar la propias emociones: cómo me siento, cómo me sienta… y preguntarlo: ¿cómo te sientes…? Mostrar vulnerabilidad no es debilidad. Además de lo reconfortante que es constatar que tú también lo has sentido, que a ti también te ha pasado…, y a los demás. A pesar de su frecuente asimetría (por la edad, la madurez, las experiencias…) es posible una relación justa entre padres e hijos. No son iguales los padres y los hijos, pero es posible tratarse con justicia, ajustada en función de las circunstancias y las características de cada uno. El mutuo dar y recibir se nos aparece como un aprendizaje fundamental en el arte de vivir: no se puede dar si no se está dispuesto también a recibir,  ni recibir si uno no sabe dar. Además, es imposible una relación estrecha como es ésta sin el reconocimiento mutuo, como seres, su valor, su propia identidad. Es necesario un ambiente en donde esto sea posible: el recíproco reconocimiento de que yo también existo. Todas las partes han de mostrar su mente abierta a la novedad, al cambio, a la diferencia; que sus respectivas imágenes del otro no impidan ver al otro. Contar con él o con ella. No olvidar que todos vamos cambiando y que la imagen fija del otro sólo está en mi imaginación, como parte de mis creencias. Es preferible una imagen de contornos suaves, difuminados… Y es también mucho mejor no vivir los padres en los hijos, o a través de ellos… Vinculación inquebrantable y a la vez autonomía. No dependencia mutua o de una parte respecto a la otra. Ni síndrome del nido vacío (preparase con tiempo) ni tampoco la impostura del permanente rebelde sin causa. Aprender a soltar los hijos, aprender a soltar los padres… Y nunca olvidar la importancia de la aceptación, de que cada uno hace lo que puede, de la mejor manera que sabe. Pero que esto no es estático, sino que está en perpetuo movimiento; apreciable, si uno está suficientemente atento. Estos fueron algunos de los destilados, que te ofrecen los participantes. Esperamos que te aprovechen, cuando seas padre o madre; mientras seas hijo o hija.


[1]   Sobre los padres y los hijos: Café Filosófico en Vélez-Málaga (11.5), celebrado el 21 de febrero de 2020, en la cafetería Bentomiz, a las 17:30 horas.

Publicado en HomoNoSapiens: https://www.homonosapiens.es/cafe-filosofico-que-significa-ser-padres/

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