Lugar: Hotel “Torremar” de Torre del Mar

Resumen del libro

El libro quiere recuperar la memoria y los avatares de varias artistas y pensadoras del 27. Mujeres que se quitaron el sombrero, ese corsé intelectual que las relegaba al papel de esposas y madres, y participaron sin complejos en la vida intelectual española entre los años veinte y treinta. Entre ellas se destacan: Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Margarita Gil Roësset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Ángeles Santos, María Zambrano…Mujeres libres y rompedoras también en sus vidas privadas, apasionadas y apasionantes, que anticiparon, e hicieron posible, a las mujeres de hoy.

La historia merece ser contada entera.

Resumen de la sesión

Si llevamos ya un tiempo echando de menos a Mercedes Junquera, nuestra Coordinadora en el Club de Lectura, hoy lo hemos sentido de forma especial, ya que por sus conocimientos como Catedrática en Literatura y por su edad – nos llegó a hablar en otros momentos sobre su amistad con Dámaso Alonso – podría habernos enriquecido hablándonos de esta generación de mujeres del 27 que ella, seguro, conocía muy bien.

Casi obligado, surge la primera pregunta: ¿qué nombres de los que se mencionan en el libro os sonaban cuando los leísteis por primera vez?, preguntó alguien. Y, claro, dada nuestra ubicación axárquica, la única conocida por todos fue María Zambrano, nacida en Vélez-Málaga. Y ¿cuáles son las causas de este desconocimiento? Varias fueron las respuestas dadas por los asistentes: “En primer lugar por ser mujeres que habían apoyado y se habían comprometido de forma intensa con la República. Tras la Guerra Civil, muchas se quedaron en el exilio y otras fueron silenciadas y su recuerdo borrado, porque para el franquismo y la Iglesia, el papel de la mujer era el de esposa y madre.” Cuando se habla de la Generación del 27  recitamos de memoria los nombres de Lorca, Alberti, Altolaguirre, Buñuel, Dalí,…todos son hombres, pero ¿dónde estaban estas mujeres que compartieron con ellos sus vidas, en muchos casos, de forma intensa? Es curioso, pero como se manifestó en la sesión del Club de Lectura, este silencio vino propiciado en algunos casos por estos mismos escritores, recordando  cuando Concha Méndez le plantó cara a Gerardo Diego por ignorar a las mujeres en su antología, o el silencio que Rafael Alberti mantuvo de su relación con Maruja Mallo al escribir sus memorias o también el “olvido” de Luis Buñuel con respecto a Concha Méndez…En otros casos se expuso como motivo el papel secundario que quisieron asumir muchas de ellas como “mujeres de” en el caso de María Teresa León con respecto a Alberti o de Concha Méndez con respecto a Manuel Altolaguirre. Salvo excepciones, muchas de estas mujeres transgresoras, valientes y divertidas en su tiempo de juventud acabaron sus vidas silenciadas, como  la pintora Maruja Mallo que regresa a España en 1965 como una desconocida, empezando a existir en función de la narración de las experiencias mantenidas con sus compañeros de generación y no por sus propias vivencias. Y es una pena, pues la calidad de las obras literarias o artísticas de estas mujeres del 27 superaron en muchos casos a la de los hombres. Como ejemplo de este apartado que estamos comentando, se recordaron las anécdotas de Tania Balló, la autora del libro, cuando estaban elaborando un documental para TVE con este mismo título, “Las sinsombrero”: “Ha sido complicado encontrar imágenes de  estas artistas. Asistían a los mismos actos que los hombres pero no se las grababa.” O que al buscar documentación de la llegada de Rafael Alberti y María Teresa León al aeropuerto de Barajas, observa el recibimiento triunfal de él, pero no la encuentra a ella. Más tarde, y mezclada entre el resto de la gente, la distingue ocupando un segundo plano.

Otro aspecto que comentamos es el porqué se le conoce a esta Generación del 27 como “Las sinsombrero”. A Maruja Mallo y Margarita Manso se les ocurrió, junto a Salvador Dalí y Federico García Lorca, quitarse el sombrero al atravesar la Puerta del Sol: “Todo el mundo llevaba sombrero, era algo así como un pronóstico de diferencia social, pero nos pareció que estábamos congestionando las ideas y nos lo quitamos. Nos apedrearon, llamándonos de todo” explicaba la propia Margarita Mallo en declaraciones tras el exilio. “Hay que ver con qué intensidad vivieron estas mujeres su juventud y lo que se encontraron al regresar a España tras cuarenta años de castración cerebral, sentimental y sexual…” recordó alguien.

Hubo a quien le ha encantado, una vez conocida a través de internet, la pintura de Margarita Manso y Maruja Mallo o las esculturas de Marga Gil Roësset de la que nos llamó la atención el que trabajase su obra utilizando materiales tan duros como el granito o su trágico final con tan solo 24 años.

Tuvo su comentario el papel tan importante que tuvieron algunas de “las sinsombrero” en la extraordinaria labor cultural que desempeñaron las Misiones Pedagógicas durante la Segunda República, destacando por su especial compromiso María Zambrano o Maruja Mallo entre otros cientos de participantes que abarcaban a maestros, profesores, artistas, jóvenes estudiantes e intelectuales.

Como reflejo del espacio que ocupaban las mujeres en aquella sociedad machista, alguien comentó esta anécdota de Concha Méndez: “Me acuerdo de un día que vino un amigo de mi padre a verle y entonces nos presentó al amigo este. Él les preguntó a mis hermanos, que eran muy chiquitos, qué querían ser de mayor. Yo me adelanté, al ver que a mí no me preguntaba nada y le digo: “Yo voy a ser capitán de barco cuando sea mayor”. Y él me dice. “Las chicas no son nada”. Yo le tuve un odio a aquél hombre horrible. “ “… Y en mi auténtica verdad yo era, una noche, capitán de barco, y otra noche, piloto aviador”. A raíz de aquí entramos en un debate sobre las diferencias en el trato entre hijas e hijos y la evolución de las responsabilidades en la casa, de quien piensa que esa igualdad es cada vez más manifiesta y quien cree que queda todavía mucho trecho para llegar a hacerse realidad dentro del hogar. “No te puedes imaginar lo que ha avanzado este tema entre lo que yo viví en mi casa y lo que observo ahora con mis hijos. Ha cambiado, afortunadamente, mucho.” El paso siguiente fue el de si esa situación de igualdad se daba entre las parejas a la hora de hacerse cargo de los hijos pequeños ante una situación de enfermedad. Se distinguió entre tomar la determinación de que la decisión de ser la madre fuese por acuerdo entre ellos y otro matiz diferente es que ante una situación laboral idéntica, sea siempre la madre la que tenga que cuidarlos. “Aquí de lo que se trata es de que la Ley favorezca a los dos por igual y no que le ponga zancadillas a la mujer”. También se comentó “que no es frecuente el que el hombre opte por quedarse en la casa ante la necesidad de trabajar en la calle uno de los dos, aunque no se puede negar que cada vez está más asumido”. Es un problema de cultura, pero ante las mismas circunstancias de poder quedarse en casa los dos, la que se queda es la mujer; siempre estamos condicionadas por la maternidad”. “Ahora se habla entre las parejas, pero antes no se decía; se daba por hecho que era la mujer a quien le correspondía quedarse”. La variedad de debates que propician el análisis de los libros…

Dentro de este análisis, alguien recuerda la situación vivida en su primer matrimonio por María Teresa León, otra de nuestras “sinsombrero”, contado por Tania Balló:          ” María Teresa se casa con 17 años con Gonzalo de Sebastián y con él tiene dos hijos. Pronto el marido obliga a su joven esposa a someterse a una vida tradicional donde su voz nunca es escuchada. María Teresa no lo soporta y, al morir su padre, decide abandonar a su esposo. Su marido se traslada con su hijo a Burgos prohibiendo a la madre que lo visitara. Al poco tiempo su hijo cae enfermo de meningitis y la madre solo puede visitarlo las horas que el abogado le permite. Acorralada por la situación, María Teresa acepta regresar con su marido, encontrando en la escritura la vía de escape a su situación familiar por medio de colaboraciones en el Diario de Burgos, si bien no firmaba con su nombre, sino con un pseudónimo. A través de estos artículos, profundiza sobre la situación de la mujer y sus derechos ante una ley que nunca les protege. Tres  años después  de nacer su segundo hijo, María Teresa decide romper definitivamente con su marido. El precio fue alto porque ella se fue, pero sus hijos se quedaron en Burgos con su padre. Puede resultar difícil de entender una decisión semejante pero la lectura que se puede hacer es que la huída fue la única opción a la supervivencia”. Comenta la autora del libro que a lo largo de la investigación sobre esta generación de mujeres, también se ha encontrado con historias en las que hubo quien decidió aceptar una vida en la que no creían por amor a sus hijos, pero en el recuerdo de éstos la imagen de su madre aparece revestida de una profunda tristeza.

Respecto a María Zambrano, coincidimos todos en que aunque, lógicamente, era de quién más referencias teníamos, hemos llegado a descubrir en este libro numerosos aspectos de su vida, como la relación amorosa que tuvo durante gran parte de su vida con su primo Miguel Pizarro a la que se oponía su padre por razones de consanguinidad. Ese padre a quien ella  admiraba porque “él me enseñó a mirar”. O el de su fidelidad y compromiso con la República que le llevó desde 1931 a 1935 a formar parte del grupo de intelectuales que se suman a las Misiones Pedagógicas: “Éramos gente que sentíamos la patria”…”Gente que queríamos transformar el trabajo, y a veces lo lográbamos, en una poética, maravillosa y libre transformación”. Precisamente  en las Misiones Pedagógicas conoce a Alfonso Rodriguez Aldave con quien se casa.

Gracias al libro de “Las sinsombrero” hemos conocido una anécdota que le afectó profundamente a María Zambrano y que alguien recordó en la tertulia. María firma el Manifiesto del Frente Español (FE) alentado por Ortega y Gasset, su maestro. En las mismas fechas se forma un grupo fascista de iniciales FE (Fascio Español) fundado por el Dictador Primo de Rivera y dirigido por su hijo José Antonio que propuso a los fundadores del Frente Español que se unieran “al tener las mismas iniciales”. María Zambrano se negó y disolvió el Frente Español, pero el partido de José Antonio utilizó las iniciales FE ahora como Falange Española. Esto  va a llevar a que María Zambrano sea acusada de fascista, asunto que fue zanjado con la intervención de Alberti y Bergamín que recordaron su extraordinario compromiso político con la República y el Frente Popular. También hemos sabido de la costumbre de reunir en su casa madrileña los domingos por la tarde a un grupo de amigos entre los que se encontraban, entre otros,  Camilo José de Cela, Rosa Chacel, Maruja Mallo, Miguel Hernández… A principios de 1938 y con la Guerra Civil prácticamente perdida para la República, María se traslada a vivir a Barcelona y como la mayoría de sus compañeros han partido hacia el exilio y ella lo considera un abandono, nos aparece una faceta de Zambrano crítica y severa en una durísima carta que le escribe a Rosa Chacel.

María iniciará un largo exilio por Latinoamérica pero ante la muerte de su madre regresa a París donde se encuentra a su hermana Araceli en muy malas condiciones físicas. Ambas se marchan  al Nuevo Continente hasta que regresan definitivamente en  1953 instalándose en  Roma primero y Ginebra después donde fallece su hermana en 1972: “Araceli ha muerto para seguir viviendo. Su muerte era indispensable para su vida, para que su vida, la de su ser, prosiga”.

El aislamiento y la tristeza tras la muerte de Araceli, coincidió con una más que apurada situación económica para María Zambrano. La autora continuaba reclamando una pensión a las autoridades mexicanas, que rechazaban invariablemente cada petición. Su mayor sustento procedía de los artículos publicados en prensa, con la esperanza de ver publicados los suficientes para garantizarse un sustento mínimo. En una desgarradora carta escrita en estos años, María informaba de que con lo poco que ganaba no le alcanzaba ni para comprar jabón.

En cuanto hubo ocasión, desde el Ayuntamiento de Vélez-Málaga le  ofrecieron vivienda y un sueldo. Cuando por fin la filósofa encontró el momento de abandonar Suiza, dijo: «Si yo no vuelvo, no puedo volver porque yo no me ido nunca; yo he llevado a España conmigo». En 1984  enferma y vieja, se instaló en Madrid y tuvo aún varios años de intensa producción, en los que las autoridades trataron de compensarla por tanto deambular. Ya le habían dado el premio Príncipe de Asturias de la Comunicación y las Humanidades(1981) y nombrado hija predilecta en su pueblo; ahora, además, la invistieron honoris causa por la Universidad de Málaga (1987) y le concedieron el Premio Cervantes (1988). A punto estuvo de ganar el Nobel ese año en que se lo quitó Cela. De todas “Las sinsombrero”, María Zambrano ha sido la única plenamente reconocida dentro de la intelectualidad española.

Cuatro años antes de morir, firmó un acuerdo con el ayuntamiento de Vélez-Málaga para crear su Fundación que se ubica en el palacio de Beniel donándoles todo su patrimonio cultural, personal y sus gatos.

En 1991 muere en Madrid y a María Zambrano aún le quedaba otro viaje por hacer. Quiso ser enterrada en Vélez-Málaga, porque «la infancia es el lugar entre todos que se lleva siempre consigo para bien o para mal».

Nuestro recuerdo en el debate también fue para Josefina de la Torre, escritora, poeta y actriz o Ernestina de Champourcin, poeta, considerada como una de las personalidades más brillantes de su generación.

También hubo intervenciones que quisieron resaltar la riqueza intelectual de aquel grupo  y la casualidad de que coincidieran en el tiempo mujeres y hombres  de esta valía. Y, por último, el reconocimiento de lo bien escrito que está el libro de Tania Balló y el acierto de haber sido elegido para su análisis una semana después del  8 de marzo con todo lo que tuvo de reivindicativa esta fecha para los derechos de la mujer; esos mismos derechos que “Las sinsombrero” reclamaban hace casi un siglo…

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Próximo libro: “Fahrenheit 451”      Autor: Ray Bradbury      Fecha: 19 de abril

Lugar: Hotel “Torremar” de Torre del Mar               Hora: 20 h.

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