Señor, concédeme la serenidad para
aceptar aquello que no puedo cambiar, la
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de
cambiar y la sabiduría para entender la
diferencia.

Plegaria de la serenidad, atribuida al teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr

¿Son necesarios los roles de género?

Continúa la tónica de los cafés filosóficos durante la presente temporada, en los que entre el
abundante público suelen encontrarse bastantes jóvenes de edad. Pero allí todos, jóvenes y adultos,
una vez más, han mostrado que pueden entenderse. Poniéndose cada uno en el lugar del otro,
condición indispensable. En este caso, como varones han sido capaces de ver las cosas de las
relaciones de género como las ven las mujeres; y la mujeres de la reunión, jóvenes y adultas, han
sido capaces por su parte de mirar desde donde miran los hombres. Seres humanos en masculino.
Seres humanos en femenino. Por lo tanto, han examinado la temática de los roles de género con
mayor objetividad. De eso se trata, precisamente, en un café filosófico. Filosóficamente.
El moderador de la reunión, consecuencia de una reciente relectura, propuso una práctica filosófica
a realizar por el grupo, cada uno consigo mismo.

Autoconocimiento.

Después de citar el texto -aunque de tono teológico, proveniente de la órbita estoica-, que tenéis a la entrada de este relato, y
situarlo en su propio contexto filosófico y terapéutico, pidió a los presentes que realizaran en ese
momento el ejercicio que el mismo texto sugiere: “Menciona algo que estés seguro que no depende
de ti, o bien, menciona algo estés seguro que depende completamente de ti”. Pareció dificultoso el
ejercicio. No lo pareció después de familiarizarse con él. Como todo en la vida. Por ejemplo, no
depende de mí, mi biología; sí depende de mí, mi reacción ante lo que me pasa. Así, una pérdida
(por ejemplo, de un ser querido) no depende de ti, tampoco la imagen que de ti los demás tienen
(depende muchísimo de ellos), no depende el dolor que sientes, sí depende el que lo vivas con
sufrimiento, que no es lo mismo, no depende de ti el mundo y cómo está configurado, etc. Del
mismo modo, pero al contrario, depende de mí, mi futuro, mis respuestas a lo que me vaya pasando,
el que quiera ayudar a otros, no el que les ayude de hecho, mis actitudes ante lo que me rodea o ante
mí mismo, también cambiarme a mí antes que al mundo (como aplicaba Descartes en su vida), que
sufra sí depende de mí -ya se ha dicho-, mis decisiones, mi tomar conciencia. Ser conscientes. Y así
podríamos seguir de la mano de estos participantes, pero siempre para que tú puedas ejercitarte en
este arte de vivir bien, en cuyo fondo yace el arte de ser.

Temáticas posibles, que se sugirieron en aquel momento: el tiempo de la vida, la aparente
democracia que vivimos, la suficiencia o insuficiencia de la razón, la constante esencia humana.
Temática real, aquella tarde de comienzos del invierno: los roles de género. Veamos, si trasnochados
o vigentes. Pues el grupo se propuso investigar, en concreto, su necesidad misma: ¿Es necesario
que haya roles de género? Incluso, cabría cuestionar la pregunta misma, como algún participante comenzó a esbozar. No son ni necesarios ni innecesarios esos roles… Son, se dan. Son necesarios e innecesarios, depende desde qué perspectiva se adopte… Pero el grupo rápidamente se internó en la pregunta misma, se zambulleron de pleno en ella. Dejaron que la pregunta les interpelase… ellos se
sintieron interpelados. No hubo que buscar, que rebuscar más. El análisis que fueron realizando iba
llevándoles a una conclusión unánime: sí que son cuestionables los roles de género, tal como están
establecidos. A ti te toca ser, hacer, pensar, expresar… esto, por considerarte, o haber sido
considerado, masculino. Y a ti, esto otro por considerarte, o haber sido considerada, femenina. Pero,
no son necesarios estos roles, dijeron juntos. Es decir, que no han de ser así para siempre, ni desde
siempre. Pudieran ser de otra manera. Veamos cómo llegaron a esta conclusión.

-Tal división de roles o papeles sociales -vividos o sufridos individualmente- merece ser
revisada, o al menos actualizada. Ya no se sostiene. Ha quedado obsoleta.

-Además, el avance en investigación biológica y médica ya ha comenzado a cuestionarla.

-Porque es una clasificación derivada del patriarcado, por consiguiente, ideológica.

-Así, es una manera de imposición y control social desde que somos pequeños.

-Además, responde a estereotipos artificiales, formados artificialmente.

-Responde a los intereses de fondo de dicha ideología del patriarcado.

-Pero, es que, incluso, histórica y antropológicamente, puede decirse con claridad que hubo
culturas en las que predominaba el matriarcado. También hoy día.

-Es una división del trabajo doméstico y social que conviene al hombre varón.
Como apreciáis, a partir de lo que han dicho ellos y ellas, los roles sociales atribuidos
tradicionalmente en nuestra civilización no se sostienen. No son necesarios. En algunos casos -se
diría-, no tienen pies ni cabeza. Es como el grupo fue afianzando su negativa a los roles de género.
Y el acuerdo parecía completo. Si bien, hubo de resquebrajarse por un momento, para luego
anclarse mejor.

-¿Qué ventajas tienen los hombres? -pregunta al grupo uno de los chicos. Yo no las veo en
mi caso. Mi experiencia no es esa. A mí me consideran, y yo me considero, lo mismo, y hago lo
mismo. Así me han educado.

-¿Quiénes de entre lo chicos aquí presentes piensa igual? -ahonda el moderador.

-Varios afirman: “No vemos ventajas”. Somos sensibles a las situaciones en que se ven
sumidas muchas mujeres.

A lo que ellas -las chicas allí presentes- contraponen una abundante hilada de situaciones
reales en las que ellas viven. Podría ser que los chicos, que escuchaban aquella tarde, fueran
suficientemente sensibles a la artificialidad -incluso su carácter nocivo, en muchos casos- de esta
nuestra epocal división de géneros, pero de ninguna manera estaba cuestionada socialmente. En esta
sociedad, el predominio de tal distribución de roles era claro. Esto significa que hay que continuar
exigiendo y mostrando lo que es una realidad impuesta históricamente, que favorece a una parte de
la humanidad en detrimento de la otra.

Sin embargo, una de las chicas, refrendada por las demás, señalaron algo que pasa desapercibido a
menudo, a lo que nadie suele echar cuentas: “Ellos también son víctimas de esta división de roles”.
También los hombres varones se ven obligados a mostrar una cara y unas obligaciones masculinas,
dejando de lado su parte femenina. Y con esta acción femenina reivindicativa, quedaba patente que
muy bien los chicos pueden llegar a estar sensibilizados respecto a esta situación artificiosa, a que
nos abocan roles de género construidos, pero ellas son más conscientes.

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