Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.6

15 de marzo de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas

¿Hay diferentes géneros humanos?

            Heráclito de Éfeso, nuestro campeón antiguo del cambio, llamó la atención, filosóficamente, acerca de la impermanencia de lo que hay. Uno de los aspectos más visibles del mundo con que existimos. Todo fluye continuamente. Pero si no deja de fluir, es que conserva una constante. Este cambio permanente se sucede a un ritmo determinado, y no de cualquier manera. Un orden oculto sería visible para todo aquel que sea capaz de verlo. Heráclito llamó Lógos a este orden, raíz de toda la lógica, toda la razón, toda norma y regularidad que hemos ido buscando hasta llegar a nosotros, todas las palabras, con las que hemos querido ordenar nuestro mundo diciéndolo. De manera que, si estamos atentos, observaremos cambio y observaremos constancia. Qué es primero, el fluir o el ser, tendrás que experimentarlo por ti mismo viviendo esta vida que vivimos. Y tomar conciencia. Como hicieron los participantes: ¿Qué sería una constante en mi vida?

Nada sucede en vano, decía Aristóteles, todo está enlazado, sólo hay que mirar para poder ver. Y con esto disponéis de una clave extraída del diálogo filosófico, sucedido esa tarde, casi primavera. Si queréis… aclararos un poco con la actual y tan controvertida cuestión del género (humano). Cambio y permanencia, uno y múltiple, realidad y apariencia. Ya los primeros filósofos, antes del dominio de la razón lógica, y luego calculadora, después de arduas discusiones internas y entre las escuelas, nos proponían que todo eso es lo que hay. Lo uno y no-uno, lo otro. Así que, ¿se puede hablar de género entre nosotros? ¿Qué se quiere decir con ello, qué queremos abarcar con la idea de género? ¿Es una idea, es una realidad? ¿Biológica, cultural e histórica? Porque, en las taxonomías de la ciencia biológica, sólo hay un género, el género humano. Porque, si hablamos de géneros, no son hombre y mujer, sino dos categorías delgénero humano: femenino y masculino, que pueden estar presentes, tanto en hombres como en mujeres, en una proporción determinada. Porque los sexos se dan, pero quizás no se sientan como tales, personal o individualmente, sino que más bien sean una atribución social, uno rol esperado y exigido por la comunidad; para no liarse, para simplificarse, para simplificarnos, para ordenar el mundo con palabras, y yo no perderme; ante tanta diversidad, tanta riqueza que me sobrepasa… Aquellos griegos eran unos adelantados y se sentían mucho más cómodos con la cuestión del género que nosotros. Basta leer el Banquete de Platón y su maravilla en medio, el mito de los tres géneros, del que tenéis un fragmento más abajo, y que os recomiendo su lectura con efusión. Abre la mente clasificatoria adquirida.

Con inteligencia –esa de la que ya se habló en el encuentro del mes de enero– los participantes asumen como propia la necesidad de dedicar el mayor esfuerzo de la discusión a aclarar qué llamamos género, con la esperanza de que esto pueda ir disolviendo tanta incertidumbre y discrepancia, tanta vehemencia y sus vísceras, siempre que se aborda esta cuestión del género, o sus aledaños. No en vano, por poco no se condujo por ahí la reunión…, suerte que no llegó a desbocarse, como es lo habitual, suerte que reinó la inteligencia, la escucha abierta y la contrastación tranquila de ideas y convicciones. Esto fue posible, entonces, gracias a la actitud positiva de los participantes. Y así, están en disposición de ofrecerte una pocas y sensatas conclusiones, que este relator espera que te sirvan de ayuda. Éstas fueron algunas que recuerda:

Que, en términos aristotélicos, primero es la persona (sustancia) y luego viene el género (accidente); que el género se construye socialmente, culturalmente, históricamente, con sus correspondientes roles. Que el género puede verse objetivamente, subjetivamente o intersubjetivamente, y que mucho depende lo que digamos de la perspectiva que adoptemos en un debate; y que, por consiguiente, depende de lo que asociemos a la división por géneros; de ahí tanta discrepancia, que a veces se transmuta en agria discusión. Que la diferencia, la diversidad, la variedad creciente dentro del género, que lo rompe en unos cuantos pedazos, es positiva, es rica, es transformadora. Que el problema –y por eso las reivindicciones de tipo feminista– aparece cuando esas diferencias se vuelven desigualdades, injusticias, relaciones de poder abusivo; ligar las categorías del género a los juicios “superior” e “inferior”. Que debemos estar atentos a la “paradoja de la igualdad para mí”, sin reconocer la igualdad del otro…, ¡no puede ser de otra manera, si es igualdad, que seamos iguales! Lo mismo de igual que te sientes tú, has de sentir al otro…, porque, además, resulta que así se siente el otro. Y un caso práctico, recogido de uno de los participantes: si en el baño de chicas entra un chico aduciendo que se siente chica, ¿debemos aceptarlo con naturalidad? (O viceversa). ¿Qué es lo que debería causarte extrañeza o rechazo, el no conocer a esa persona, o que se sienta como tú con diferentes atributos biológicos? A ver, ahora es tu turno…

         En efecto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado cortado como dos lenguados, dos de uno solo. Por consiguiente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo de sí mismo en otro (su otra mitad). Así pues, cuantos seres humanos son sección del ser que participaba de los dos sexos, el que entonces se llamara andrógino, son aficionados a las mujeres, y pertenecen a este linaje la mayoría de los adúlteros; y también las mujeres aficionadas a los varones y las que son adúlteras. Pero cuantas mujeres son de sección de mujer, no prestan excesiva atención a los varones, sino que se inclinan más bien a las mujeres, y de este linaje nacen también las mujeres homosexuales o lesbianas. Y cuantos varones son sección de varón persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, como rodajas de varón que son, aman a los varones y gustan de abrazarse y acostarse con ellos; y estos son los mejores de los jóvenes y adolescentes ya que son los más viriles por naturaleza.

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