La Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga EXPONE que el actual plan de reforma y remodelación del Paseo de Andalucía de esta ciudad recoge la demolición del arco de tres huecos que le da entrada por la plaza de los Reyes Católicos. Aunque esta arquitectura no posee gran valor artístico ni histórico, si debe encuadrarse debidamente para valorar su consideración como Patrimonio Cultural.

La Memoria de las ciudades y el Patrimonio colectivo de una localidad, es un bien, una riqueza y legado, que no solo está formado por buenas obras de arte, de reconocidos pintores o escultores, no son solo las piezas arquitectónicas de gran porte y espectacularidad o aquellos elementos de culturas pasadas. La concepción actual y contemporánea de Patrimonio, es hoy mucho más amplia y por ello tal vez en determinados casos, más compleja de asimilar por algunos.

Por ello una sociedad moderna y concienciada con la perpetuación de sus bienes patrimoniales, debe ser cuidadosa y abierta para incorporar a su catálogo de elementos y estructuras de protección, no solo aquellos que arriba mencionábamos y que son evidentes, sino un elenco mucho más amplio que puede ir desde una especie autóctona de palomo, como los usos y  faenas propios de su cría o del deporte que con ellos se practica, o unos cantes o coplillas determinados, una tipología de chimenea, un pasero, una chimenea industrial, una acequia, una tradición alfarera o unos dulces o guisos, también, por qué no, un paisaje o estampa visual de un espacio urbano. El Patrimonio de un pueblo abarca muchos campos.

El actual Parque de Andalucía de Vélez-Málaga es un enclave urbano de capital importancia para esta ciudad, pues es un pulmón verde en pleno centro, forma un entorno de encuentro y relaciones de los más arraigados y funcionales de la localidad para la población de todas las edades

La Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga basándose en las anteriores manifestaciones considera que la Portada de entrada del Paseo de Andalucía de Vélez-Málaga, debe ser reconocido como parte del legado patrimonial de nuestra ciudad, incorporarse al catálogo de bienes protegidos y por supuesto debe paralizarse su programada e inminente demolición por parte del Ayuntamiento.

Las nuevas ideas urbanísticas y de arquitectura de jardines que van desarrollándose desde el siglo XVIII con la Ilustración y con mayor intensidad durante la centuria decimonónica, con los grandes cambios de mentalidad colectiva impulsados por las reformas de la sociedad liberal, persiguen democratizar las ciudades, abriéndolas con amplias avenidas e incorporando parques y zonas de esparcimiento para el encuentro y las relaciones de la ciudadanía.

Los paseos decimonónicos, del que nuestro Paseo Viejo forma parte, son un teatro al aire libre, concebido como una gran calle para ir y venir, donde la gente se encuentra, se saluda, se observa, se critica, pero todos a un mismo nivel, codeándose, en una sociedad de ciudadanos. Es un espacio público para todos, un escenario para lucirse y mostrarse, mezclándote con tus convecinos de todos los estratos, distinto a los espacios públicos del Barroco en el Antiguo Régimen, propios de una sociedad estamental y muy jerarquizada, donde las personas no se mezclan y se relacionan a diferentes niveles.

Nuestro parque tiene ya una larga tradición y antigüedad, aunque el paso de casi tres siglos, le ha ido desgajando la mayoría de sus elementos originales, y en la actualidad casi nada nos queda de la memoria de ese paso del tiempo. Las diferentes reformas e intervenciones, sobretodo de los últimos treinta años, han ido erosionando la idea primitiva del paseo, han ido mutilando y descomponiendo la memoria de este singular espacio veleño.

Este espacio ajardinado surge en el siglo XVIII, cuando las reformas dictadas por las ideas ilustradas fomentan la creación en las distintas entradas a nuestra ciudad, de alamedas o zonas arboladas para el paseo ciudadano y la salubridad y ventilación de lo que hasta el momento era una ciudad cerrada. La documentación nos habla al menos de tres, la alameda del Royo (entorno a la actual calle del Royo y Reñidero), otra en la Cruz Verde y la tercera que aparece en algunas actas como la Alameda de la Cruz del Dulce Nombre y más tarde como la Alameda del Camino Real (véanse los grabados de George Vivian de 1813 titulados entrada a Vélez desde la Alameda) y que con el tiempo sería nuestro Paseo Viejo, hoy Parque de Andalucía.

En los últimos años del siglo XIX y sobretodo en la primera década del XX, se van a efectuar las obras que, siguiendo las directrices de concepción de paseos decimonónica esbozadas más arriba, formarán el espacio que tratamos tal y como se ha mantenido prácticamente el resto del siglo, hasta las intervenciones más recientes.

Se procede a una nueva plantación de especies vegetales propias de los paseos del momento en toda España, el Plátano Oriental, que alcanzan gran porte, dan buena sombra en verano y son de hoja caduca en invierno y en ambos extremos del Paseo se siembran cuatro Castaños de Indias, especio vegetal exótica pero que en nuestro clima es adaptable y en varios parques de nuestra geografía cercana se estaban sembrando siguiendo esa moda tan del momento de reproducir espacios y ambientes de otras latitudes, de reminiscencias coloniales. Pensemos a este respecto en el parque de Málaga que se está levantando más o menos en los mismos momentos o los jardines de las Fincas de la Concepción y de San José de las familias Lóring o Heredia, también en la capital. De las mismas décadas y concepción son los paseos de Nerja  junto al Balcón de Europa o el Paseo de Larios de Torre del Mar.

El proyecto se concreta entorno a una calle central con el piso de albero y dos paseos laterales, bancos, una cancela perimetral de forja y muro de ladrillo y azulejería siguiendo los gustos neomudéjares o regionalistas que imperan en el momento, decoración escultórica como el monumento a Don Hermenegildo Giner de los Ríos y una fuente frente a la entrada, ya en la plaza que se abre a la ciudad, además de incorporar el conocido como Camino de la Estación, que junto al paseo, conectaba con la Estación de los Ferrocarriles Suburbanos de Málaga, inaugurados en 1908, en los mismos momentos que se está conformando nuestro parque y dentro de los mismos postulados de conjunto.

En la Postguerra se incorpora al Paseo la actual portada, construcción de ladrillo que pretendía darle al paseo una entrada más señorial y de mayor empaque, pero que dados los momentos de autarquía y sobriedad de la época, no permitieron afrontar una intervención de mayor riqueza decorativa ni de materiales, pero que en su sencillez constructiva y de diseño, sí se consiguen alcanzar plenamente los objetivos bajo los que se planea la nueva arquería, teniendo en cuenta el contexto histórico en el que nace.

La arcada que se construye, la conocida popularmente como la Puerta del Paseo, utiliza un material barato, el ladrillo, de gran tradición y abundancia en la zona, aunque con la intención de darle mayor categoría y riqueza, a pesar de la escasez económica del momento, no se utiliza el ladrillo rústico local, más basto y popular, sino un ladrillo fino, industrial, que le daba más prestancia y valor en la época.

Por otro lado se escoge como diseño, un modelo de puerta de triunfo, de arco triunfal, fácilmente reconocible por la ciudadanía, la Puerta de Alcalá de Madrid, un icono de lo que simboliza una edificación de carácter edilicio y monumental, construcción que transmite prestigio y magnificencia, embellecimiento y ornato de un espacio público, mensajes que las autoridades municipales que lo promueven en el Vélez de los años cuarenta, pretenden transmitir con esta nueva obra. Se visualiza públicamente a través de esta portada, el sentimiento colectivo de una ciudad que quiere manifestar, que tras los duros momentos que se vivieron durante la crisis internacional de los años treinta, la Guerra Civil y la postguerra subsiguiente, comienza su recuperación y lo muestra con esta puerta a los nuevos tiempos.

Su diseño, materiales y traza no son aparentemente las de una gran obra, pero responden a una situación histórica, a una concepción muy determinada del monumento que lo llenan de significado, sin tener un gran valor artístico, pero si forma parte de la historia de este entorno urbano tan importante para esta ciudad como es el paseo de Andalucía de Vélez-Málaga.

Además cuando se levanta la puerta, los dos ficus o castaños de indias que se sembraron a principios de siglo, ya han alcanzado gran porte, tras cuatro o cinco décadas y van a ir enmarcando la portada, para con el paso de los años y el discurrir del resto del siglo hasta la actualidad, árboles y puerta se conjugan para formar juntos la portada monumental del Paseo, formando un todo bien encajado y uniforme que son al día de hoy una de las estampas más características y singulares de nuestra ciudad, llena de personalidad y que identifica muy claramente este espacio ciudadano y se ha constituido en uno de los iconos identitarios del centro de Vélez-Málaga.

El conjunto que forman los árboles con la portada, es un monumento en si mismo, sin entenderse completo los unos sin la otra o viceversa. Juntos, la portada con el dosel verde de las copas de los enormes árboles sobre ella, son la auténtica entrada de nuestro parque y son el único referente que nos queda de su devenir histórico, son el testigo arqueológico de lo que ha sido tras varios siglos, el Paseo Viejo de Vélez.

Cuando ahora, en los inicios del siglo XXI se remodele plenamente este espacio y se afronte la amplia transformación que se plantea, en esta nueva y contemporánea concepción del parque, deberían poder mantenerse estos dos únicos hitos que recuerdan su larga historia, como testigos de su pasado, enriqueciendo de este modo el nuevo proyecto y sirviendo como nexo de unión del pasado con el futuro.

La Puerta del Paseo, con sus dos hermanos los Grandes Ficus, no entorpecen la concepción de la nueva línea que se pretende dar al paseo, no son un obstáculo para el giro que se le busca dar a este espacio ciudadano, sino un complemento incorporable plenamente al proyecto, haciéndolo aún más completo y rico.

De tantos años de historia, quedan solo estos elementos. Se perdieron las estatuas, fuentes, la reja perimetral, plantas, mobiliario, etc. Los castaños de indias y la portada fijan una memoria colectiva. Su demolición no hará más hermoso ni abierto el nuevo Paseo de Andalucía, lo podrán hacer muy moderno, pero sin su historia.

Ha formado parte del devenir ciudadano durante medio siglo y varias generaciones lo tienen incorporado en sus retinas y en sus recuerdos, formando parte de su imagen imperecedera del Paseo Viejo. En las ferias sirvió como portada ferial y nunca ha sido un muro de separación con la ciudad, sino todo lo contrario un espacio permeable y abierto para unir el paseo con la población. Forma parte del acervo de leyendas o refranes del pueblo que atribuyen a sus arcos ciertos influjos sobre los matrimonios o como punto de información de los óbitos y funerales. Todo ello parte de un patrimonio etnográfico que enriquece esta construcción y que también hay que valorar.

SOLICITA se abra un expediente para valorar la protección del Arco de entrada del Paseo de Andalucía de Vélez-Málaga y que se estudie su incorporación junto con los Castaños de Indias con los que forma conjunto, al Catálogo Municipal de Bienes Protegidos, evitando así su demolición. 

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