Ayer, dentro de las actividades de la SAC, tuvo lugar la presentación del libro “Mis crónicas de montaña” de Lola Valle, en el Aula Magna del palacio de Beniel en Vélez-Málaga.

Lola nos cuenta en su libro las sensaciones, los sentimientos, que los recorridos por la montaña le han inspirado. No es pues un libro de rutas al uso. Que nadie pretenda sacar de estos relatos indicaciones para seguir las veredas andadas, descripciones detalladas que guíen los pasos físicos del caminante para evitar pérdidas. Los lugares por donde se transita no tienen importancia aquí, salvo cuando unas flores, un roquedo, un añoso árbol, sintoniza o sugiere sensaciones a la autora: “Miro a mi derecha y me habla un ramo de lirios agazapados entre las piedras”, “Lloro porque me encuentro endeble y he llegado hasta este lugar donde no encuentro más que piedras silentes”. Los ha llamado Crónicas de la montaña porque ha sido en la montaña, en esos precisos recorridos con los que las titula, donde ha tenido esas vivencias, esas experiencias, esas sensaciones. La montaña le une a la Naturaleza y en ella encuentra sentido, orientación para su vida diaria. Pero si esos mismos sentimientos hubiesen surgido en paseos por la playa estaríamos ante unas Crónicas del mar.

A Lola la montaña le habla directamente a su corazón, a su alma. Lola se abre a ella, le cuenta sus sentimientos, sus estados de ánimo; y los umbrosos bosques, los pedregosos lapiaces, las empinadas cuestas, los verdes prados, los cantarines arroyos…, atravesados en la caminata le van transmitiendo esa paz, esa protección, ese sosiego, ese consuelo que busca y necesita.

En estas Crónicas nos enseña a mirar la montaña como ella lo hace, con los ojos del corazón. A trascender de los rasgos físicos que la montaña muestra en un determinado sendero para permitir que ese entorno module el estado de ánimo del caminante, penetre dentro de él y vaya produciendo sensaciones, generalmente placenteras, de paz, sosiego, calma, equilibrio, que nos ayudarán a afrontar el ajetreo de la vida diaria.

Muchas gracias, Lola, por enseñarnos esa particular relación que tienes con la montaña.

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