Título: “La mirada perdida “

Autor: Juan Salvador Gómez Polo                 Fecha: 14 de diciembre a las 20  horas.

Lugar: Centro de Adultos de Vélez – Málaga        Asistentes: 16

Resumen de la obra

Don Cosme padece Alzhéimer. Está justo en la etapa más caótica de la enfermedad. Por las noches lía el zafarrancho, su hija Aurora está a punto de perder el control de la situación, está al borde del desfallecimiento. El regreso de Mariana -la otra hija de Don Cosme, desaparecida hace dos años- y la aparición de Buenaventura -un rico mejicano-, empeñado en esclarecer un episodio que Don Cosme protagonizó en la Guerra Civil española (concretamente en la huida de la población civil de Málaga a Almería) son las bases para crear una trama, en donde los sentimientos humanos están por encima de cualquier ideología.

Resumen de la sesión

Cuando se tiene la oportunidad de contar con la presencia del autor de una obra que hemos leído en el Club de Lectura, es obligado intentar sacarle el máximo provecho a esa presencia y, sinceramente, creo que lo hemos logrado. Con Juan Salvador, persona muy sencilla, pasamos una hora muy agradable en la que nos ha contado los entresijos que le llevaron a escribir esta gran obra de teatro, según la opinión de los asistentes a esta sesión. Porque tenemos que decir que “La mirada perdida” está escrita para ser representada en el teatro, concretamente en tres actos, y el hecho de haberla editado en este agradable libro, ha sido porque la SAC (Sociedad de Amigos de la Cultura de Vélez-Málaga) lo ha publicado como reconocimiento a los más de treinta años de existencia del Grupo de Teatro María Zambrano del que Juan Salvador Gómez Polo es Director desde su fundación, además de ser nombrado Socio de Honor de esta Asociación.

Juan Salvador nos cuenta que la idea de escribir esta obra surge a petición de la Secretaria de una Asociación de enfermos de Alzhéimer, gran amante del teatro, con la que coincidió en una boda y que le pidió que escribiera una obra que tratase sobre esta dura enfermedad y que ella promocionaría entre otras Asociaciones. La monta y se encuentra con que no le gustó porque la obra combina la pérdida de la memoria personal (en este caso de D.Cosme que padece Alzhéimer), con la pérdida de la memoria colectiva, la memoria histórica (por la referencia a los sucesos ocurridos durante la Guerra Civil y conocidos como La Desbandá). Y es que aunque este tema se toca de forma ligera, llegamos a la conclusión de que en España, a pasar de los más de setenta años transcurridos, el tema de los dos bandos sigue latente. En nuestro país, se dijo, se confunde a la gente cuando se quieren analizar los hechos ocurridos durante la   Guerra Civil o su etapa posterior, habiéndose hecho eso mismo en Alemania, Italia o Argentina sin ningún problema. Hay personas que niegan la existencia del episodio de La Desbandá como otros han negado el holocausto nazi. Hay que distinguir, se señaló, entre un conflicto armado entre dos bandos en igualdad de condiciones y los que se producen entre militares y la población civil, como ocurrió en este caso.

Nos manifestó Juan Salvador que desde que se estrenó en 2007, la habrán representado unas treinta veces en diferentes pueblos de nuestra geografía y según se puede leer en la introducción de la obra, ha obtenido numerosos premios y  reconocimientos.

Estos son los cuatro personajes alrededor de quienes gira la obra (cinco, si incluimos a Encarna, la madre,  que no tiene presencia física en la obra pero que está muy presente):

Don Cosme, por culpa del Alzhéimer, ha olvidado su historia personal, que recuerda a retazos ante su familia y que ésta desconoce, no comprendiendo muchos de sus comportamientos.

Aurora y Mariana son sus hijas. Aurora no comprende lo que está pasando, pero acepta la dura tarea de cuidar de su padre. Lo aisla porque no quiere que nadie sepa de su enfermedad. La llegada de Mariana, tras tres años fuera de la casa, cambia el trato hacia su padre: la forma de darle de comer, el cantar, bailar, rellenar la quiniela, salir a la calle… Todo ello desaprobado por Aurora, pero aceptado a regañadientes, rompiéndose así el aislamiento en que vivían.

Buenaventura, puede por fin acercarse a D.Cosme gracias a Mariana y consigue explicarle el motivo de su visita, asunto que, hasta entonces, había impedido Aurora. Buenaventura busca en D. Cosme conectar su historia personal con la colectiva y consigue para éste un reconocimiento popular más que merecido.

Analizando la obra y la forma de comportarse de Aurora y lo “quemada” que está, nos lleva a plantearnos el tema de los cuidadores principales (la gran mayoría cuidadoras) de este tipo de enfermos dentro de las familias. Hablamos del papel que deben jugar “toda la familia” y las Instituciones en estos cuidados, si bien la situación que se presenta en la obra corresponde a una época (hace unos veinte años), que no es la situación actual. Ahora ha mejorado mucho, sobre todo por los apoyos que  prestan las diferentes Asociaciones a las que se solicita ayuda, pero los recortes económicos del Gobierno a los enfermos dependientes ha supuesto un gran paso atrás. Cuando haya que tomar decisiones, se dijo, no se puede olvidar que éstas deben corresponder a los familiares directos y se debe procurar aunar lo más posible estas medidas ya que de eso va a depender el llevar de forma digna la enfermedad de nuestro ser querido.

El hecho de que Aurora no quiera sacar a su padre a la calle porque quiere ocultar su enfermedad, recuerda a otros casos similares de personas que han tenido ocultos a familiares durante muchos años por padecer graves deficiencias físicas o mentales. La llegada de Mariana, con ideas nuevas, una mujer de mundo, cambia la vida dentro de la casa.

Uno de los asistentes considera “La mirada perdida” como la mejor obra de Juan Salvador y que le emocionó cuando la vio en el teatro. El dramatismo de la obra es evidente. D. Cosme confunde a su hija Aurora con su mujer, Encarna, y ello nos dio pie a recordar situaciones personales de los asistentes que han sufrido las consecuencias de la enfermedad en sus padres o madres de forma similar. Valoramos la importancia y necesidad que tienen los cuidadores de asesoramiento y desahogo, debido a las tareas tan ingratas que realizan, por lo que consideramos que sería muy interesante que esta obra de teatro fuese vista por  Asociaciones de enfermos de Alzhéimer y luego provocar un debate para conocer y compartir los problemas a los que se enfrentan y con ello hacer que la carga sea más suave y llevadera. Los coloquios entre los familiares que conviven con esta enfermedad son también muy beneficiosos para todos ellos.

Un punto importante fue el de cómo se llega a ser responsable del cuidado de un enfermo de estas características: “A ti te ha tocado” le decía su madre al principio de la enfermedad a una de las asistentes… Normalmente suele ser la mujer más cercana físicamente a la familia. La lejanía de otras mujeres y el “descarte” (¿?) de los hombres, hacen que la enferma o enfermo se decante casi siempre por una mujer. Por un lado los padres “exigen” que sean las hijas las que se encarguen de sus cuidados y por otro lado los hijos (en la mayoría de los casos) se inhiben de estas responsabilidades. Las familias se destrozan por estas circunstancias. Es necesario cuidar al cuidador pero los recortes brutales del Gobierno en las ayudas a la dependencia han hecho mucho daño. Uno de los asistentes recordó que cada usuario que padece esta enfermedad tiene una enfermera de referencia en el Centro de Salud y es a quien se debe acudir para pedir ayuda y consejo.

También analizamos los diferentes síntomas que aparecen a lo largo del proceso de la enfermedad. La negativa a que llegue nadie extraño a la casa para ayudar al enferm@: “cuántas personas diferentes han pasado  por la casa y ninguna le venía bien a mi madre” decía uno de los asistentes. La agresividad verbal que muestran personas que recordamos haber sido, antes de aparecer la enfermedad, tremendamente educadas y de vocabulario exquisito. El sexo que se acentúa sobre todo al principio de la enfermedad pero que al no ser ellos conscientes de esa situación, no se le debe dar la importancia que en muchos casos se les da. Hay que entender que estas situaciones se dan en personas seniles o que padecen Alzhéimer y que forman parte del proceso de la enfermedad. “Yo descubrí a mi padre en su enfermedad” manifestó una de las asistentes, viendo algo muy positivo en medio de tanta negatividad que provoca esta enfermedad. Y nos dejó un consejo: la cooperación familiar, el ir todos a una, ayuda bastante.

También consideramos la influencia e importancia que tiene la situación económica familiar para resolver estos casos. No todo el mundo se encuentra en situación de resolver por ellos mismos los graves problemas que genera esta enfermedad. Hay que reivindicar la existencia de centros especializados para pacientes crónicos y no dejarlo sólo a expensas de lo que pueda hacer la familia.

Otro tema fue el de las “condiciones” que les ponen los padres a los hijos para evitar terminar en una Residencia. “Si un padre o madre es dependiente, es la familia la que debe decidir qué medida tomar, siempre pensando en lo mejor para el enfermo” así se manifestaba uno de los asistentes que había vivido una situación similar. Hay momentos en que los padres no pueden estar bien atendidos, por multitud de circunstancias que se dan en la familia, y la Residencia, de ser posible, es la mejor solución. El arraigo que los mayores (quizás nuestros abuelos y padres) tienen a su espacio y su dependencia, no se da hoy en nosotros, por lo que nuestra mentalidad, por suerte, no va en esa línea, somos mucho más abiertos.

El cambio que la llegada de Mariana supuso para el giro en la vida de D.Cosme, nos vino a recordar la importancia que para este tipo de enfermos tienen las expresiones de cariño, las canciones, la música, el baile y las distracciones. Oir canciones que en la época del enferm@ le gustaban por ser de actualidad en su tiempo, ayudan mucho. A D. Cosme le gustaban las canciones de Marisol, Sara Montiel, Manolo Escobar o la Piqué y Mariana se encargó de que las oyera y disfrutara…

El final es agradable y feliz, con un reconocimiento de las autoridades y de los vecinos del pueblo (representados por los espectadores desde sus butacas que tienen una participación muy activa) al gesto humanitario, desconocido hasta entonces, que tuvo D. Cosme en la Guerra Civil durante la Desbandá, en la persona de Buenaventura y su madre; ello va a traer la felicidad a la familia de D.Cosme a partir de ese momento.

“La mirada perdida” quiere ser un paralelismo entre la mirada perdida que tienen los enfermos de Alzhéimer por la falta de memoria personal y la falta de memoria colectiva ocultada de los sucesos de la carretera de Málaga a Almería.

Por último, los asistentes al Club de Lectura quisimos reseñar también dos aspectos muy interesantes de este libro: la presentación de la obra que ha hecho nuestro compañero de la SAC, Alfonso Gil Mantecas y la introducción de Francisco Linares Alés, amigo de Juan Salvador Gómez Polo, porque ambos nos ayudan a comprender más y mejor esta historia por el análisis que hacen de los personajes y las explicaciones que nos dan de las circunstancias que rodean a esta excepcional obra.

Agradecemos a Juan Salvador su presencia en este coloquio y la posibilidad que nos da de disfrutar  de su extensa obra teatral y de la Compañía de Teatro María Zambrano de la que es Director desde hace más de treinta años.

 

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