Fecha: 19 de abril                                     Hora: 20

Lugar: Hotel “Torremar” de Torre del Mar

Resumen del libro

Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.

“Fahrenheit 451” cuenta la historia de un sombrío y horroroso futuro. Montag, el protagonista, pertenece a una extraña brigada de bomberos cuya misión, paradójicamente, no es la de sofocar incendios, sino la de provocarlos para quemar libros. Porque en el país de Montag está terminantemente prohibido leer. Porque leer obliga a pensar, y en el país de Montag está prohibido pensar. Porque leer impide ser ingenuamente feliz, y en el país de Montag hay que ser feliz a la fuerza…El Sabueso Mecánico del Departamento de Incendios, armado con una letal inyección hipodérmica, escoltado por helicópteros, está preparado para rastrear a los disidentes que aún conservan y leen libros.
“Fahrenheit 451” describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.
La visión de Bradbury es asombrosamente profética.
“Fahrenheit 451 es el más convincente de todos los infiernos conformistas”

Resumen de la sesión

Las novelas distópicas, como esta novela que comentamos hoy, “Nosotros”, “1984” o “Un mundo feliz”- por citar algunas de las más representativas-, describen sociedades en las que se relatan situaciones totalmente indeseables y donde los autores intentan advertirnos de los riesgos a que nos exponemos si seguimos cultivando muchas de las tendencias sociales actuales que nos pueden llevar a un final apocalíptico. Bradbury, en Fahrenheit 451, nos habla de pantallas de televisión que ocupan las paredes de las viviendas donde se exhiben folletines interactivos; avenidas donde los coches corren a 150 kilómetros por hora persiguiendo a peatones; una población que solo escucha una música insípida y anuncios a través de unos minúsculos auriculares insertados en las orejas; la destrucción de los libros porque producen dudas e inquietudes a las personas y eso les lleva a la infelicidad…En las distopías- se comentó-  se busca el llevar el relato a situaciones extremas. La grandeza de novelas como “1984” (publicada en 1949) o de “Fahrenheit 451” (publicada en 1953) es que predicen situaciones similares en muchos casos a las que vivimos actualmente pero con muchos años de diferencia: pantallas de tv cada vez más grandes, cámaras en todos los lugares, controles de las personas, manipulación de las noticias que interesan, abuso de la publicidad que invitan a un consumismo innecesario o de folletines en tv que nos tienen entretenidos permanentemente…

El relato de hechos como los anteriores que se plantean en las novelas de ciencia-ficción distópicas hizo que la primera de los asistentes mostrara su opinión contraria a este tipo de género: “Me deprimía mucho su lectura. Entiendo que es una alegoría sobre la intolerancia y lo mal que les viene a los gobiernos que la gente sea culta y lea, pero a mí no me ha gustado el libro.” La quema de libros de los que nos habla Bradbury  ha sido más frecuente de lo que nos podemos imaginar a lo largo de la Historia, comentó  otro de los asistentes, y nos relacionó algunos de los hitos en la historia de la quema de libros: en China en el año 212 a.C., en Alejandría en diferentes ocasiones en la antigüedad, Florencia durante el S.XV, la “Quema de BIb-Rambla” a comienzos del S.XVI, la quema de libros de autores judíos por el régimen nazi de 1930 a 1945…

Nos llama la atención desde el principio, a qué se dedicaban los bomberos en “Fahrenheit 451”. En un momento en que las casas se construyen con materiales que no arden y los bomberos no pueden apagar fuegos, se les busca una nueva utilidad para servir al Estado: quemar los libros que pudiera haber en las casas, porque la preocupación del Estado es conseguir la felicidad de sus ciudadanos, y los libros, que inducen a pensar y a contrastar, provocan discordia y  sufrimiento. Por ello, si no leen, serán felices. En opinión de uno de los asistentes, lo que Bradbury plantea es una crítica y una advertencia frente a la censura propiciada por el Estado. Aunque el autor, con el tiempo, elimina la censura como principal causa para contar esta historia y pone más énfasis en la crítica a una sociedad analfabeta obsesionada con los medios de comunicación, lo cual iba a ser premonitorio de lo que tenemos hoy en día.

Guy Montag, el protagonista de Fahrenheit 451, está muy satisfecho con su trabajo de bombero y se siente feliz. En el análisis que hicimos del libro, las conversaciones con Clarisse, su nueva vecina de 17 años, con su jefe el capitán Beatty, con el profesor Faber  y con Granger, el “líder” de los proscritos que viven junto al río, van a marcar y cambiar la vida de nuestro bombero. Selección de conversaciones que fueron comentadas por los asistentes y que nos ayudan a conocer cómo era la sociedad en la que se desarrollan sus vidas.

Los diálogos de Clarisse con Montag fueron destacados por una de las asistentes al debate sobre el libro. Clarisse de 17 años, nueva vecina de Montag, pertenece a un familia que son considerados por el resto como “raros” ya que les gusta caminar de noche, oler las flores, ver la salida del sol, observar y charlar con la gente… Hasta le obligan a Clarisse a ir al psiquiatra para saber por qué le gusta andar por el bosque, mirar a los pájaros o coleccionar mariposas.  También la consideraban insociable porque no aceptaba el tipo de vida que llevaban los jóvenes de su época. Montag, sin saber por qué le encantaba charlar con su vecina con quien se  encontraba cada vez que iba al trabajo. Aquella chiquilla que en una de las charlas le suelta de pronto: “¿Es usted feliz?”  había desaparecido de pronto. A Montag, desde entonces, la tierra le parecía vacía, los árboles vacíos, la calle vacía. Al preguntar, le informaron que un coche se la llevó por delante mientras paseaba. La familia desapareció de su barrio.

Alguien comentó que la relación de Montag con Mildred, su esposa, era distante e indiferente. Siempre ella con el Caracol al oído escuchando a gentes distantes, de lugares distantes. Una mujer que a cualquier hora que entrase en la casa no paraba de hablar con alguien de la “familia” (como ella llamaba a la gente de las paredes). Y si no eran las tres paredes, era el coche que Mildred conducía a 150 ó 190 km/h. y que dejaban a Montag sin aliento. Cuando salían del coche, Mildred ya se había puesto los Caracoles en las orejas. Se destacó la conversación de Montag con las señoras Phelps y Bowles que fueron de visita a su casa para ver un programa de tv con Mildred. La conversación sobre los hijos, la política o los libros es muy interesante. A Montag le parecía tan extraña su mujer que era como si no la conociese. Por las noches Mildred tomaba pastillas para dormir e incluso una vez tuvieron que hacerle un lavado de estómago por la cantidad que había tomado. “Tenemos nueve o diez casos por noche; tantos, desde hace unos pocos años, que hubo que inventar unas máquinas especiales”, le dijeron los “enfermeros” a Montag. Tras enseñarle a su esposa los veinte libros que tenía escondidos en el conducto del aire acondicionado, que había robado en los incendios, ésta los quiso quemar, mostrándole su indignación y avisándole de lo peligroso de su comportamiento.

El capitán Beatty, jefe de los bomberos, se presenta en casa de Montag al haberse enterado que estaba enfermo. El capitán, en estas frases nos muestra cuál era el pensamiento de los dirigentes del Estado. Beatty, ve dudas en el comportamiento de Montag y le dice que “un libro, en manos de un vecino, es un arma cargada. Quémalo. Así, cuando las casas de todo el mundo fueron incombustibles, no se necesitaron bomberos para cumplir la antigua función. Se les dio otro trabajo, el de custodios de la paz de nuestras mentes. El bombero se transformó en censor, juez y ejecutor oficial. Eso eres tú, Montag, y eso soy yo”. Y en otro momento de la conversación le recuerda: “Es preferible que un gobierno sea ineficiente, autoritario y aficionado a los impuestos a que la gente se preocupe por esas cosas. El que pueda instalar en su casa una pared de tv, y hoy está al alcance de cualquiera, es más feliz que aquél que pretende medir el universo. No sé si entiendes qué importante eres tú, qué importantes somos nosotros, para que no se pierda la felicidad en el mundo”. Y al despedirse: “He leído unos pocos libros en mi juventud, sé de qué se trata. ¡Los libros no dicen nada!” Entonces alguien lee una predicción que aparece en el postfacio del libro y que Bradbury pone en boca del capitán Beatty  sobre la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego: no hace falta quemar libros cuando el mundo empiece a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe…

Pero la inquietud está sembrada en la mente de Montag, según manifiesta otro de los asistentes. Montag está leyendo en su casa mientras los bombarderos cruzaban y cruzaban el cielo sin descansar un minuto ante una guerra inminente. ¿Por qué nadie habla de eso? Quizá los libros nos saquen un poco de esta oscuridad. Pero Montag se da cuenta que no sabe interpretar lo que dicen los libros. ¿Dónde conseguiré  ayuda- se pregunta- dónde encontraré un maestro a esta altura de las cosas? Cerró los ojos y recordó que un año antes, en el parque, había conocido a un viejo profesor de literatura llamado Faber que le había escrito su dirección en un trozo de papel. Fue a verlo con la intención de  pedirle ayuda para que le enseñase a comprender lo que leía y saber defenderse ante los argumentos que le daba su capitán. No tengo a nadie a quien acudir, le dice.  Faber, aficionado a la electrónica, le entrega un pequeño aparatito parecido a una radio-caracol para que se lo colocase en la oreja al mismo tiempo que él se ponía otro similar. Los dos oirían las palabras que decía el otro. Vaya al cuartel cuando sea la hora. Escucharemos juntos al capitán Beatty, le dijo.

Al recibirse, como muchas noches, una llamada en el cuartel de bomberos, el capitán Beatty, sus hombres y el Sabueso Mecánico salen para cumplir su misión, pero esta vez se dirigen a la casa de Mildred y Montag. Para alguno de los participantes en la tertulia les resultaba inconcebible que fuese Mildred la que hubiese llamado para denunciar que había libros en su casa (lo que fue ratificado por Beatty ante la pregunta de Montag) y también hubo diferentes opiniones del por qué de la agresión mortal de Montag a su capitán, ya que para unos fue la humillación a la que frecuentemente tenía sometido a Montag  (agravada en este caso por la orden del capitán de que quemase él solo su propia casa y luego se presentase arrestado) y para otros la amenaza del capitán de buscar y matar a quien le había proporcionado la radio-caracol que se le cayó a Montag del oído y que fue recogida por Beatty. Al único lugar hacia donde podía dirigirse Montag era a casa de Faber ya que la policía lo estaba buscando según oyó por su radio Caracol. Al mismo tiempo los aparatos informaban de que se había declarado la guerra.

Faber aconseja a Montag que se dirija hacia el río y las viejas vías del tren donde hay campamentos de vagabundos formados por viejos graduados de Harvard, escritores o profesores. Nos pareció muy original la solución que toman ambos para evitar que el Sabueso Mecánico detecte, tanto el olor de Montag como el de su estancia en la casa. La llegada a las vías de ferrocarril supone el contactar con Granger, responsable de este grupo de intelectuales, que le explica que cada uno ha memorizado un libro. “Aquí está Aristófanes, Gandhi, Buda, Lincoln… Somos quemadores de libros también. Los leemos y los quemamos, temiendo que los descubran. Somos vagabundos por fuera y bibliotecas por dentro.” En otro momento le comenta: “¡Qué pena que la guerra sea nuestra única alternativa a cambiar esta sociedad!”.

Alguien quiso leer este texto con el que interpretaba un final esperanzador: “Ya pasó la guerra- dijo una voz-. Los pájaros que habían huido rápidamente volvían ahora a los árboles. Granger miró al fuego preparado para la comida mientras decía: Había un tonto y condenado pájaro antes de Cristo llamado Fénix. Cada tantos centenares de años construía una pira y se arrojaba a las llamas. Debió de haber sido primo hermano del hombre. Pero cada vez que se quemaba así mismo, surgía intacto de las cenizas, volvía a nacer. Y parece ahora como si estuviésemos haciendo lo mismo, una y otra vez; pero sabemos algo que Fénix nunca supo. Sabemos qué tonterías hemos hecho en estos últimos mil años, y mientras no lo olvidemos, es posible que un día dejemos de preparar la pira funeraria y de saltar a ella. En cada generación seremos unos pocos más para recordar.”

Un grandísimo libro para la mayoría de los asistentes, con final abierto para unos y esperanzador para otros, que asusta por sus premoniciones al estar escrito en 1953.

Postfacio: Cinco pequeños brincos y luego un gran salto. Cinco petardos y luego una explosión. Eso describe poco más o menos la génesis de Fharenheit 451, según nos dice Ray Bradbury. Los cinco cuentos cortos que fue escribiendo durante dos o tres años fueron “Bonfire”, “Bright Phoenix”, “The Exiles”, “Usher II” y “El Peatón”, que se convirtió en “The Fireman”. De personajes e ideas de estos cuentos cortos sale Fharenheit 451. Pero lo más original es que nadie apostaba por esta novela salvo un joven editor de Chicago, escaso de dinero, pero visionario, que le pagó lo que tenía: cuatrocientos cincuenta dólares. Fharenheit 451 se publicaría por partes en la revista que estaba a punto de publicar en el año 1953: Playboy.

Próximo libro: “ Caída y auge de Reginald Perrin”  David Nobbs 

Fecha: 17 de mayo Hora: 20 h. Lugar: Hotel “Torremar” de Torre del Mar

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