Sobre el despertar de la conciencia

Sobre el despertar de la conciencia

Café Filosófico en Vélez-Málaga 9.6

16 de marzo de 2018, Cafetería Bentomiz, 17:30 horas.

 

Advertí que, mientras deseaba pensar de este modo que todo era falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y dándome cuenta de que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y tan segura que todas las extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de hacerla tambalear, juzgué que podía admitirla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que yo indagaba.

 Descartes, Discurso del método

 

 Nuestros participantes inundaron de buenas noticias el encuentro filosófico del mes de marzo. Noticias, al parecer no muy publicables en los medios que nos invaden. Cosas que pasan y cosas que nos pasan, casi desapercibidas, en un mundo que parece –no sabemos del todo si aposta– empeñarse en ofrecer, continuas y seriadas, malas noticias. Y no todo está tan mal en este mundo. La gente normal completa cada día de cosas buenas su día. Nosotros, que estamos despertando, que somos conscientes. Por esto, se preguntaron aquel día 16 de marzo de 2018, a las cinco y media de la tarde, en la cafetería Bentomiz de Vélez-Málaga, por el despertar de la conciencia. Pero, ¿qué es el despertarse? ¿Cómo saber que hemos despertado? ¿Por qué hay despertarse? Y, además, ¿es un despertar individual o es colectivo? Ay!, la conciencia colectiva… con este despertar… otro gallo nos cantaría. Y os lo puedo asegurar… ellos estaban muy despiertos. Para saber más, habrás adentrarte en el relato que sigue a continuación.

 

¿Cuáles fueron esas buenas noticias, de esos días, de las que los participantes se hicieron eco? Esas buenas noticias, que no figuran en los medios, regidos por sus propios intereses, en un mundo globalizado… Noticias que te afectan a ti porque afectan a otros y que afectan a otros porque te afectan a ti. Un ejercicio de consciencia acerca de lo que nos rodea, para que pueda aflorar lo que habitualmente pasa desapercibido, como es una de las funciones principales de la filosofía. Veámoslas, entonces, una por una. Vamos sin prisas.

 

Por ejemplo, este 8 de marzo se celebró en Córdoba un festival de poesía; por ejemplo, ¡mi primo ha sido padre! Pero costaba algún trabajo centrar la memoria en un suceso reciente caracterizado por su bonhomía. Se ve que estamos algo viciados de tanto vendaval negativo que recibimos a diario. Una noticia muy destacable ha sido el masivo seguimiento de la huelga convocada el pasado 8 de marzo; para mí, ha sido el ir comprobando que ya se ve a más gente trabajando; para mí, que tengo un proyecto interesante entre manos; me basta la buena noticia de que voy bien este curso (–¿Y cómo repercute eso en los demás? –Mis padres también están muy contentos…); se ha descubierto una cura para el cáncer, probada con ratones…; a mí algunos avances tecnológicos me fascinan (-Eso, algunos…); a mí me parece una buena noticia que ya se pueda fabricar carne, sin matar animales; en Canadá unos médicos han donado una parte de su sueldo destinado a los que cobran menos; he leído que la capa de ozono se ha regenerado; estar vivos es la mejor noticia; voy a poder ver al Ballet Nacional por dos o tres euros proyectado en un teatro; la buena noticia para mí es la humanidad con que me han tratado en el hospital; hemos logrado fondos para una protectora de animales; cada vez somos más críticos con los medios de comunicación; también, la huelga de pensionistas muestra que la gente está despertando; yo celebro que mi país sea seguro, en general; cada vez somos más conscientes de quién comunica, más allá de lo que comunica.

 

Una vez llegados a este punto de consciencia, el grupo se preparaba para elegir la temática del día. Pero qué duda cabe: el hecho de haber sido más conscientes estaba predisponiendo hacia un determinado área de cuestiones. El abanico fue muy amplio: la prisión permanente revisable, la inteligencia emocional, el entorno de lo ocurrido en el 8M, la movilización social, la envidia, la vida natural, entendida al estilo de los cínicos de la antigüedad… y el despertar de la consciencia, claro. Pero, ¿qué es despertar? Habríamos de saber primero de qué estamos hablando, condición sine qua non de cualquier discusión seria. Por un lado, quedó claro que despertar es ser uno mismo consciente, darse uno cuenta de lo que le rodea y de lo que transcurre en su interior. También, que despertar es una suerte de metáfora que mucho nos resuena, desde la antigüedad, y se opondría a estar dormido, no darse uno cuenta, no ser uno mismo, pues estaría sujeto a variados modos ilusorios de vivir. Por lo tanto, no estar en la realidad. Estar despiertos es, así, el ser capaces de ver la realidad como realidad y la ilusión como ilusión. Si uno está bien despierto tiene más disponibilidad, más apertura y es más libre, su vida no resulta tan manipulable. Insistieron ellos y ellas. El despertar de la consciencia significaría no estar manipulado, sería incompatible… Sobre el particular volverían más adelante en el diálogo. Pero surgieron algunas dudas…

 

–¿Ser consciente o tener conciencia?

–Ser consciente es darse uno cuenta y la conciencia sería una derivada de la capacidad de ser conscientes, llevada al terreno de los juicios morales, por ejemplo.

–Pero bueno, yo sigo con lo de antes: ¿una conciencia manipulada es una conciencia?

–Sería una conciencia dormida.

–Entonces, decir que una conciencia está despierta, es ya en sí mismo redundante…

–No, puede estar dormida. Se tiene la capacidad, pero sin desarrollar, sin actualizar, sin despertar.

–Yo veo el despertar más bien como un proceso gradual…

 

El grupo estaba adentrándose por la gruta subterránea del tema de los temas: la conciencia. La magia de la consciencia. Darte cuenta te aleja de la inconsciencia. Usar la consciencia conlleva consciencia. Tratar de estar despierto, te despierta. No puedes ser consciente y no ser más consciente. Y se puede ser consciente de una variedad infinita de objetos, pero también de quien está siendo consciente. No existe nada sin consciencia. Y se dedicaron un rato a indagar en la idea de la gradualidad de la consciencia, que implicaba hablar de distintos niveles de conciencia. Era la manera de romper la aparente paradoja de la consciencia: si soy consciente ya soy todo lo consciente que se puede ser; sin embargo, cuando uno, más adelante, alcanza un grado más allá de conciencia, la anterior consciencia le resulta deficitaria. Y esto es lo que nos suele pasar a todos con la edad, con las experiencias, con los aprendizajes…, que la vida te va ofreciendo, si estás atento, suficientemente. De hecho ser cada vez más consciente, dentro de un determinado nivel de comprensión, es lo que te catapulta al siguiente nivel, al siguiente escalón.

 

–Pero, a veces, también hay comprensiones súbitas. El despertar puede ser abrupto.

–Sí, pero el ascenso al siguiente nivel necesita de una maduración previa, una preparación, una disposición suficiente…

–Ah, claro.

–Pero, me pregunto: algún nivel de conciencia será el último…

–Puede que así se viva, pero lo más seguro es que sea un proceso inacabado.

–Precisamente, si uno ya cree que ha ascendido a la comprensión última, definitiva, eso hará que te identifiques con ello (¡lo he conseguido!), y se convertirá en una creencia que, como todas las creencias, resultará, a la postre, dogmática, fanática…

–¿Y cómo escapar de ello?

–Estando muy atento. Alerta siempre.

 

Es decir, que sólo somos capaces de apreciar una comprensión mayor, desde un nivel

 

superior de desarrollo de la consciencia, el cual, a su vez, puede contener sus propias zonas de penumbra, en que no se ve a sí misma y a sus creencias. Creerse que ya uno… ha alcanzado, tiene, comprende… todo, el Todo. No hay nada más peligroso: por ejemplo, es posible que quieras hacer pasar por ahí a los demás. De ahí la importancia sublime de estar alerta, una forma fundamental de estar despierto. De manera que el grupo, que cada vez iba adquiriendo mayor madurez, se preguntara: ¿Cómo saber que ya he despertado? Más que antes. ¿Cuándo somos suficientemente conscientes?

 

–¿Puedo ser consciente de que estoy siendo manipulado, mientras lo estoy siendo?

–Claro, pero es un primer paso. Puedo elegir no hacer nada, por alguna razón, por algún interés mío, seguir siendo manipulado. O bien, puede que estén presentes en la situación obstáculos que me impiden actuar, todavía, según mi grado de consciencia. En cualquier caso, llegar a ser consciente de que estoy siendo manipulado, ya eso mismo, me está alejando de la manipulación.

 

–¿Cómo saber que hemos despertado a un determinado nivel de conciencia?

–El hecho de poder discrepar, de ser capaz de cuestionarte algo, que antes ni te lo planteabas, es un buena muestra de una conciencia más despierta.

–¿Cómo explicar a un ciego cómo es el sol?

–Es un problema, sí. Sólo cuando uno es capaz de ver algo, lo ve. Si no lo es, ni siquiera mira. Y eso nos pasa a todos.

–Se me ocurre un ejercicio: cada vez, en cada ocasión, mirar hacia atrás, ver cómo me ha ido antes, desde la perspectiva actual… si es más completa ahora mi visión, capto más detalles y hay aspectos que antes no veía, es posible que esté más despierto.

–Yo creo que lo mejor es la observación constante, mantenida, del presente, sintiendo más, sintiéndolo más a fondo. Poder profundizar más, sería un buen síntoma.

–Y la atención se puede entrenar… Ahí está el Mindfulness.

–También se aprende mucho del dolor, si estás atento al dolor…

–Sí, también del dolor.

–¿Y es posible un despertar colectivo? ¿Todos juntos?

–Yo creo que sí, incluso sería un medio más eficaz contra la manipulación.

 

Algunos prefirieron marcharse a esta altura de la reunión, en esta última fase en la que se quiso abordar la posibilidad de un despertar colectivo. Ante la pregunta de si es posible esta conciencia colectiva, la respuesta fue unánime: sí. Sucede siempre que hay comunidad, consciencia de pueblo, cuando se toma conciencia juntos de una situación, de un problema. Y mencionan como ejemplos el 15M, el 8M, el caso del niño Gabriel… Pero insisten: tomar conciencia no significa estar de acuerdo, sino tomar conciencia del momento en el que se está. La respuesta ya puede variar, según cada uno… Y lo mismo que antes, se preguntan cómo podemos saber que colectivamente hemos despertado, señalando que suele darse un punto de masa crítica, en que surge dicha conciencia y las acciones consiguientes… A lo que el moderador le parece de utilidad plantear si la conciencia colectiva es simplemente una suma de conciencias, o se produce un algo más, un plus de conciencia irreductible a las partes componentes. Tras una discusión, con ejemplos, aceptan una respuesta afirmativa: un puzzle es más que sus piezas, una playa más que los miles de millones de granos de arena, el mar fuente y origen de cada una de las olas. Y se despidieron satisfechos del trabajo realizado y la comprensión a la que habían llegado. Todos eran ahora mucho más conscientes… y lo habían logrado juntos.

Sobre la manipulación social

Sobre la manipulación social

El 23 de febrero a las 17:30h en la Cafetería Bentomiz

La Ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la dirección de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento!, he aquí el lema de la Ilustración.

Inmanuel Kant

 

En esto consiste la tarea principal de la vida: distingue entre las cosas, sepáralas y di: “Lo exterior no depende de mí, el albedrío depende de mí. ¿Dónde buscaré el bien y el mal? En lo interior, en lo mío”. No califiques nunca a las cosas ajenas de “bien” ni de “mal”, ni de “provecho” ni de “perjuicio”, ni de nada semejante.

Epicteto

¿Cuándo se da manipulación social?

 

¿Por qué hay tanta manipulación en nuestras sociedades? ¿A quién beneficia? ¿Cómo me afecta? ¿Cómo podemos escaparnos, qué podemos hacer, ante tales manipulaciones? Si el hecho de que exista manipulación en un ámbito determinado supone una estrategia manipuladora, que oculta, tergiversa, engaña y demuestra mala fe, con la finalidad de satisfacer unos intereses concretos

-individuales o corporativos-, insanos, dañinos para la persona o para el bien común, entonces, no nos queda otra que prepararnos para disponer un criterio propio y consciente. Cuando somos menores de edad, no podemos, pero cuando ya poseemos nuestras capacidades mentales desarrolladas, no tenemos excusa para seguir siendo “menores de edad”, para dejarnos conducir pasiva y acríticamente. No tenemos excusa –salvo las malas excusas de la pereza y la cobardía– para no ser “mayores de edad” (Kant), y pensar y actuar por nosotros mismos. Que haya manipulación social, educativa, cultural, económica… no depende de nosotros, está ahí, pero que seamos víctimas propiciatorias, ¡sí que depende de nosotros mismos! Esto te diría Epicteto, y lo habrías oído de los participantes en el Café filosófico de febrero. Este grito: ¡sé consciente de ti mismo y desarrolla todas tus cualidades! Es el mejor antídoto.

 

 

Pero sigamos el curso de este encuentro, veamos cómo una cosa condujo a otra. Todos sus momentos fueron de una toma de conciencia, que no es sino un acto de autoconciencia, en este caso, a través de una discusión en grupo. No otra cosa es la filosofía… practicada. A ello quiso contribuir el facilitador desde el inicio. ¿Cuándo yo últimamente he gozado, he sentido una plenitud, una completa dicha? Mis sentidos expandidos, todo yo gozando… Pero, recordando que hay muchas formas de goce, desde las más ligadas al cuerpo hasta otras maneras más autónomas o espirituales. Puesto que, como decían los clásicos, es posible establecer una jerarquía de placeres. Buscamos placeres estables y duraderos, no inconstantes ni pasajeros, y en lo posible no mezclados de dolor. Y éste fue el resultado, en cada caso, de su toma de conciencia, sus goces: cuando charlaba

 

el otro día con mis amigas, cuando me río a risa suelta, aquí con vosotros en este café filosófico, cuando se me da bien algo que no se me daba bien, ahí desde mi salón pintando una acuarela, aparte de aquel orgasmo sexual, cuando observo a cada uno satisfecho en su papel de la obra de teatro, haciendo fotografías a mis amigas, me gusta la fotografía, cuando me estoy duchando entre música, con la lectura de un buen libro, practicando yoga, estando aquí y ahora, bajo la cúpula de un recital poético, con el desayuno a la sombra de un árbol, pudiendo conocer a mi hijo después de nueve meses, el lujo de un nuevo amigo, haciendo teatro esta semana, sí, cuando acabo el instituto cada día, con un piano en las manos, cuando comprendí que en el fondo me daba igual suspender, escuchando música, o leyendo poesía, cuando puedo hablar con mi padre, al solucionar un problema, cuando puedo conectar conmigo misma.

 

Pero vayamos al tema… La discusión acerca de la manipulación social, podría aglutinar también las inquietudes para lograr el esclarecimiento de las dificultades que notamos en el mundo de hoy para ser nosotros mismos, de la violencia reactiva en algunos jóvenes, de la huelga general de mujeres que se avecinaba en esos días, de la posible maldad humana, de la presión social que pueden sentir los jóvenes y el esclarecimiento de lo que pinta Dios en todo esto. Ésta pudo ser la razón de fondo que explicara el hecho de que el grupo hubiera decidido dialogar sobre la manipulación social, el dominio y el control que pueden ejercer unos seres humanos sobre otros. ¿Por qué existe? ¿Cómo darse uno cuenta? ¿Siempre beneficia a alguien? ¿Cómo puede afectarme?

 

–Sucede la manipulación porque siempre hay unos intereses creados, de distinto tipo, que tienden a manejar la vida de los demás.

–Y en el fondo la educación siempre es una educación guiada… hacia unos objetivos, unos intereses…

–Pues claro, como que eso significa educar…

–Hasta un médico ha sido “educado” para recetar un determinado medicamento que interesa a alguien…

–Por todas partes, ¡nos dirigen!

 

–Un momento de calma consciente: ¿Todo interés es siempre manipulador? ¿La gente ha sido formada para manipular?

 

Este par de preguntas desestabilizó un tanto al grupo, que parecía complacerse en la seguridad de la manipulación como norma de nuestras vidas, o más todavía, que todo está continuamente manipulado. Una parada para dar que pensar, y no sólo para decir lo que se piensa, sino para pensar lo que se dice. En el fondo, pensar el pensamiento, las creencias que alimentan, adecuada o inadecuadamente, nuestras acciones y nuestras emociones ligadas a ellas. De esta manera el grupo se disponía a distinguir cuándo, estrictamente, podemos realmente hablar de manipulación social. ¿No hay intereses desinteresados? ¿No hay información periodística una más objetiva que otra? ¿No hay puntos de vista que se muestran pero no se imponen? ¿Unos padres no pueden pretender lo mejor para sus hijos sin tener que manipularlos? ¿No es posible este modo de equilibrio en las relaciones sociales, en las relaciones personales?

 

–Cuando hay manipulación, hay imposición

No puedes elegir

–Pues sí, la expresión “tienes que…” lo recoge muy bien.

–Además, puede darse una manipulación inconsciente, sin darse uno cuenta… ¿En ese caso, hay manipulación?

–Esto querría decir que, más bien, es el engaño aquello que es la marca de la manipulación. Cuando está presente un interés oculto, no manifestado… conscientemente, con una intencionalidad…

–Es el caso paradigmático de las ideologías.

 

Fue la manera cómo el grupo dio un giro importante a su discusión y fue capaz de hacer aflorar una clave esencial de la naturaleza de la manipulación: siempre hay una estrategia manipuladora, que incluye la mala fe, el engaño, la tergiversación o la omisión de información relevante. Pues bien, ¿cómo escapar a dicha estrategia? ¿Qué hacer? Se dispuso el grupo a abordar estrategias contra-manipuladoras…

 

–La fundamental es tener criterio propio.

Ser consciente de cada situación, y autoconsciente de tu relación con cada situación.

–El único antídoto es el desarrollo de la capacidad crítica, como personas, como ciudadanos…

–Y para todo ello, es necesario el desarrollo personal, la maduración personal.

 

Y este último antídoto, el del desarrollo personal, se mostraba el más profundo, el más decisivo, pues los demás provenían de su fuente. El desarrollo de las cualidades propiamente humanas, tal como se manifiestan en cada ser humano, trae consigo el efecto de una mayor luz, una mayor transparencia interior, que sea capaz de traspasar las sombras vertidas en el exterior, en la forma de intereses ocultos e ideas inadecuadas, aprendidas, trasmitidas del entorno. Y esta maduración interior depende de nosotros. Y las respuestas que ofrezcamos a las coerciones de fuera dependen de nosotros. Y esto puede entrenarse. Epicteto y las escuelas antiguas de filosofía nos lo ofrecían… Si ya no por edad, si nuestras facultades no están disminuidas, si ya hemos crecido y poseemos experiencias, nada nos impide ser más libres. Uno mismo es autoculpable, como decía Kant, de su minoría de edad, mental, psicológica, espiritual, personal. Puede que muchos en el pasado trataran de influirte, o incluso te manipularon, sabiéndolo o sin saberlo, puede que tu vida pasada no la sientas como tuya, pero ahora estás aquí y tu vida siempre es tu vida… No culpes a nadie.

Sobre las actitudes tóxicas

Sobre las actitudes tóxicas

El 19 de enero a las 17:30h en Cafetería Bentomiz

Muchas veces permitimos entrar en nuestro círculo más íntimo a los chismosos, a los envidiosos, a gente autoritaria, a los psicópatas, a los orgullosos, a los mediocres, en fin, a gente tóxica, a personas equivocadas que permanentemente evalúan lo que decimos y lo que hacemos, o lo que no decimos y no hacemos. Se trata de “personas tóxicas” que potencian nuestras debilidades, nos llenan de cargas y de frustraciones. Ellas, por cierto, saben todo lo que pasa en el ojo ajeno, pero se olvidan de ver lo que tienen en el propio.

Bernardo Stamateas

 

La rebelión de los esclavos en la moral comienza cuando el resentimiento mismo se vuelve creador y engendra valores: el resentimiento de aquellos seres a quienes les está vedada la auténtica reacción, la de la acción, y que se desquitan triunfalmente con una venganza imaginaria. Mientras que toda moral noble nace de un triunfante sí dicho a si mismo, la moral de los esclavos dice no, ya de antemano, a un «fuera», a un «otro», a un «no-yo»; y ese no es lo que constituye su acción creadora. Esta inversión de la mirada que establece valores –este necesario dirigirse hacia fuera en lugar de volverse hacia sí– forma parte precisamente del resentimiento: para surgir, la moral de los esclavos necesita siempre primero de un mundo opuesto y externo, necesita, hablando fisiológicamente, de estímulos exteriores para poder en absoluto actuar: su acción es, de raíz, reacción.

Friedrich Nietzsche

¿Qué es un ambiente tóxico humano?

 

Dicen que hay personas “tóxicas”, o incluso con mayor precisión, ambientes familiares, laborales, sociales, que son “tóxicos”. En ocasiones podemos obviarlos. Pero, ¿qué sucede cuando no podemos, cuando hemos de convivir necesariamente en medio de este tipo de ambientes? Dijeron nuestros participantes que esta situación humana se da cuando nos sentimos limitados para poder crecer, para ser nosotros mismos, y sentimos daño e impotencia. Tú lo habrás vivido alguna vez… Lo que no sé, es si te habrás planteado por qué desprenden toxicidad algunos ambientes, por qué algunas personas se nos muestran tóxicas. ¿Qué les pasa? Quizás sólo son como tú y yo, pero que la manera de dar salida personal a sus propias carencias produce estos efectos en los demás… Quizás cabría comprender –desde sí mismos– a estas personas, que percibimos como tóxicas. Te lo habrías planteado, si hubieras asistido a nuestro café filosófico. Y, en ese caso, ¿qué hacer, cómo proceder, si nos toca el estar sumergidos en un ambiente de este tipo? Algunas respuestas, las podrás encontrar en el relato seguido de lo que allí aconteció aquella tarde, en la Cafetería Bentomiz de Vélez-Málaga. Por si acaso no pudiste asistir…

 

 

Una vez explicado el fundamento y las reglas de este encuentro filosófico, dada la abundante asistencia de nuevos participantes, y aprovechando la proximidad de las olimpiadas filosóficas de Andalucía, cuya temática giraba en torno a la revolución y a la utopía, el facilitador propone la

 

siguiente cuestión de autorreflexión: ¿Qué puedo hacer yo –o bien, creo que hago ya– por un mundo mejor? El mundo existe sin nosotros, pero se hace con nosotros. De qué manera, es también nuestra responsabilidad. Y fueron veintisiete acciones para un mundo mejor… Interesarme por las personas que viven solas, ayudar a los demás, a que puedan ver el lado bueno de las cosas, sin escapismos, contribuir a una “cadena de favores”, calladamente pero activamente, solidarizarme, ofrecer amor, ayudar a cubrir necesidades, acoger la soledad de las personas, mantener una mente abierta para poder comprender a los demás, comprendiéndome primero yo a mí mismo, valorar lo que uno tiene y compartirlo en la medida de lo posible, vender utopías gratis, defender las causas al parecer perdidas, luchar contra el sistema yendo a favor de mí mismo, ayudar a calmar las situaciones difíciles, promover la paz interior es la manera de no proyectar problemas fuera, procurar ponerme en el lugar del otro, prejuzgar lo menos posible, ayudar en el futuro a los niños con necesidades especiales, dentro de mis posibilidades no permitir las injusticias, hacer ver que los animales no son objetos, dejar atrás el individualismo y mostrarme activa socialmente, apoyar todo aquello que merezca la pena, evitar a las personas tóxicas.

 

Quizás esta última intervención, de entre los numerosos temas de discusión propuestos para aquella tarde, decantó la balanza, inspiró una inquietud, trajo a la superficie una preocupación: indagar sobre los ambientes humanos tóxicos. ¿Y cuáles son los ingredientes de un tal ambiente, qué tipo de personas así las juzgamos?

 

–Les cuesta que a otros les vaya bien… funciona la envidia.

–Su vibración de energía es baja… como es, por ejemplo, la del miedo, frente a la del amor que es altísima, y cuando esto es notado y sufrido surge entonces la toxicidad.

–Producen daño en los demás, nos conducen a ser peores personas…

–Sí, y muchas veces sin darse cuenta…

–En general, nos impiden crecer, sacar lo mejor de nosotros…

–Sólo muestran su interés propio, te utilizan…

–Se percibe una intensa negatividad, que te quiere atrapar…

 

A continuación, la discusión dio vueltas en torno a la subjetividad u objetividad de esa toxicidad percibida humana. Puede ser que a unos nos resulte tóxica alguna persona y a otros no. Sin embargo, el grupo argumentó que es posible hablar de “actitudes tóxicas predominantes”, que suelen provocar en los demás esos sentimientos que te alejan de ti mismo, que te impiden crecer, dar lo mejor de ti, que te empequeñecen, que te incomodan, pues ya no estás a gusto contigo mismo cerca de esa persona. Y por ahí se conducía la indagación, no dando ninguna oportunidad a estas personas, a estos seres humanos. También, dignos de ser comprendidos. Por eso, el moderador introdujo un cambio de rumbo: ¿Qué les puede estar pasando a estas personas, que muestran esa actitud que provoca en los demás, con alguna frecuencia, tanta incomodidad, tanto malestar interno?

 

–Son personas en el fondo inseguras, que te transmiten esa inseguridad…

–A veces, sucede lo contrario, lo tóxico es un exceso de seguridad, una prepotencia…

–Sí, es cierto.

–En la base de todo eso, está el miedo…

–Y el estrés con que vive, que lo transmite a su alrededor…

–Son personas que, para sentirse triunfadoras, necesitan echarte a ti por tierra…

–Puede que se trate de personas bloqueadas, que no saben vivir de otra manera. Ellos no pueden crecer y tienden a arrastrar a otros en su deriva…

 

Pero uno los participantes –sagaz él como pocos–, a lo que se unieron otros de la reunión, palpó una llaga de la humanidad que se estaba abriendo: “¡Todo eso nos sucede a todos nosotros también!”. Y, efectivamente, así es. ¿Dónde, entonces, está situada la diferencia entre lo tóxico y lo no tóxico? La discusión hubo de madurar un tanto. Y maduró: la diferencia no estaría en los miedos,

 

las angustias, las inseguridades que todos arrastramos en un grado o en otro, sino en el modo de vehicular eso, el modo de dar salida a esas humanidades nuestras. Esto es lo que resultaría oneroso para todos. Fruto probablemente de un aprendizaje, de unas experiencias, en las que se fijaron unos modos de respuesta inadecuadas, que arrastramos toda la vida. Sufriendo nosotros y nuestro entorno las consecuencias. La adquisición de unas creencias erróneas o limitadas que nos lastran, y sienten otros que les lastran. Nuestras mochilas, que se dice ahora; un “espíritu de la pesadez”, que nos tira para abajo, como explicaba Nietzsche. La lógica del resentimiento.

 

Así pues, era llegado el momento de comprender a las personas tóxicas y no sólo de apartarnos lo más posible de ellas, como suele recomendarse. Y puede que sea lo mejor en algunas ocasiones. Pero, no son menos frecuentes esas ocasiones en que no podemos huir, o no queremos, pues son personas con las que nos va la vida… Porque las queremos, porque trabajamos con ellas, porque compartimos un mismo espacio… Si he de convivir con personas que producen en mí tales efectos nocivos –puede que ni ellas lo pretendan, y puede también que sea mío realmente el problema, la dificultad–, un camino prometedor sería que yo las comprendiese mejor y de paso, o previamente, me conociera mejor a mí mismo. Usando el lenguaje de una de las participantes: si yo noto que alguien vibra a baja frecuencia, elevar yo mi vibración energética, y en vez de arrastrarme a mí, podría yo dar la mano y levantarnos juntos hacia el siguiente peldaño, más arriba. El miedo con amor, la oscuridad poniendo más luz. La ceguera con lucidez.

 

–La empatía, en estos casos, también ha de estar presente… ponerte en su lugar… A ti también te ha pasado…

–Puedes tratar de hacérselo ver, que produce esos efectos en otros. Pero no reprochando o criticando, sino con respeto, diciendo algo así como: “¿Tú por qué haces esto o lo otro, que nos hace tanto mal?”.

–Hacerle ver con delicadeza que esas sus reacciones las ha podido muy bien aprender, quizás por las cosas que le han pasado en su vida…

–Y no olvidar que posiblemente esa persona se siente sola, aislada; ella también siente que algo no va bien…

Sobre los roles de género

Sobre los roles de género

Señor, concédeme la serenidad para
aceptar aquello que no puedo cambiar, la
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de
cambiar y la sabiduría para entender la
diferencia.

Plegaria de la serenidad, atribuida al teólogo estadounidense Reinhold Niebuhr

¿Son necesarios los roles de género?

Continúa la tónica de los cafés filosóficos durante la presente temporada, en los que entre el
abundante público suelen encontrarse bastantes jóvenes de edad. Pero allí todos, jóvenes y adultos,
una vez más, han mostrado que pueden entenderse. Poniéndose cada uno en el lugar del otro,
condición indispensable. En este caso, como varones han sido capaces de ver las cosas de las
relaciones de género como las ven las mujeres; y la mujeres de la reunión, jóvenes y adultas, han
sido capaces por su parte de mirar desde donde miran los hombres. Seres humanos en masculino.
Seres humanos en femenino. Por lo tanto, han examinado la temática de los roles de género con
mayor objetividad. De eso se trata, precisamente, en un café filosófico. Filosóficamente.
El moderador de la reunión, consecuencia de una reciente relectura, propuso una práctica filosófica
a realizar por el grupo, cada uno consigo mismo.

Autoconocimiento.

Después de citar el texto -aunque de tono teológico, proveniente de la órbita estoica-, que tenéis a la entrada de este relato, y
situarlo en su propio contexto filosófico y terapéutico, pidió a los presentes que realizaran en ese
momento el ejercicio que el mismo texto sugiere: “Menciona algo que estés seguro que no depende
de ti, o bien, menciona algo estés seguro que depende completamente de ti”. Pareció dificultoso el
ejercicio. No lo pareció después de familiarizarse con él. Como todo en la vida. Por ejemplo, no
depende de mí, mi biología; sí depende de mí, mi reacción ante lo que me pasa. Así, una pérdida
(por ejemplo, de un ser querido) no depende de ti, tampoco la imagen que de ti los demás tienen
(depende muchísimo de ellos), no depende el dolor que sientes, sí depende el que lo vivas con
sufrimiento, que no es lo mismo, no depende de ti el mundo y cómo está configurado, etc. Del
mismo modo, pero al contrario, depende de mí, mi futuro, mis respuestas a lo que me vaya pasando,
el que quiera ayudar a otros, no el que les ayude de hecho, mis actitudes ante lo que me rodea o ante
mí mismo, también cambiarme a mí antes que al mundo (como aplicaba Descartes en su vida), que
sufra sí depende de mí -ya se ha dicho-, mis decisiones, mi tomar conciencia. Ser conscientes. Y así
podríamos seguir de la mano de estos participantes, pero siempre para que tú puedas ejercitarte en
este arte de vivir bien, en cuyo fondo yace el arte de ser.

Temáticas posibles, que se sugirieron en aquel momento: el tiempo de la vida, la aparente
democracia que vivimos, la suficiencia o insuficiencia de la razón, la constante esencia humana.
Temática real, aquella tarde de comienzos del invierno: los roles de género. Veamos, si trasnochados
o vigentes. Pues el grupo se propuso investigar, en concreto, su necesidad misma: ¿Es necesario
que haya roles de género? Incluso, cabría cuestionar la pregunta misma, como algún participante comenzó a esbozar. No son ni necesarios ni innecesarios esos roles… Son, se dan. Son necesarios e innecesarios, depende desde qué perspectiva se adopte… Pero el grupo rápidamente se internó en la pregunta misma, se zambulleron de pleno en ella. Dejaron que la pregunta les interpelase… ellos se
sintieron interpelados. No hubo que buscar, que rebuscar más. El análisis que fueron realizando iba
llevándoles a una conclusión unánime: sí que son cuestionables los roles de género, tal como están
establecidos. A ti te toca ser, hacer, pensar, expresar… esto, por considerarte, o haber sido
considerado, masculino. Y a ti, esto otro por considerarte, o haber sido considerada, femenina. Pero,
no son necesarios estos roles, dijeron juntos. Es decir, que no han de ser así para siempre, ni desde
siempre. Pudieran ser de otra manera. Veamos cómo llegaron a esta conclusión.

-Tal división de roles o papeles sociales -vividos o sufridos individualmente- merece ser
revisada, o al menos actualizada. Ya no se sostiene. Ha quedado obsoleta.

-Además, el avance en investigación biológica y médica ya ha comenzado a cuestionarla.

-Porque es una clasificación derivada del patriarcado, por consiguiente, ideológica.

-Así, es una manera de imposición y control social desde que somos pequeños.

-Además, responde a estereotipos artificiales, formados artificialmente.

-Responde a los intereses de fondo de dicha ideología del patriarcado.

-Pero, es que, incluso, histórica y antropológicamente, puede decirse con claridad que hubo
culturas en las que predominaba el matriarcado. También hoy día.

-Es una división del trabajo doméstico y social que conviene al hombre varón.
Como apreciáis, a partir de lo que han dicho ellos y ellas, los roles sociales atribuidos
tradicionalmente en nuestra civilización no se sostienen. No son necesarios. En algunos casos -se
diría-, no tienen pies ni cabeza. Es como el grupo fue afianzando su negativa a los roles de género.
Y el acuerdo parecía completo. Si bien, hubo de resquebrajarse por un momento, para luego
anclarse mejor.

-¿Qué ventajas tienen los hombres? -pregunta al grupo uno de los chicos. Yo no las veo en
mi caso. Mi experiencia no es esa. A mí me consideran, y yo me considero, lo mismo, y hago lo
mismo. Así me han educado.

-¿Quiénes de entre lo chicos aquí presentes piensa igual? -ahonda el moderador.

-Varios afirman: “No vemos ventajas”. Somos sensibles a las situaciones en que se ven
sumidas muchas mujeres.

A lo que ellas -las chicas allí presentes- contraponen una abundante hilada de situaciones
reales en las que ellas viven. Podría ser que los chicos, que escuchaban aquella tarde, fueran
suficientemente sensibles a la artificialidad -incluso su carácter nocivo, en muchos casos- de esta
nuestra epocal división de géneros, pero de ninguna manera estaba cuestionada socialmente. En esta
sociedad, el predominio de tal distribución de roles era claro. Esto significa que hay que continuar
exigiendo y mostrando lo que es una realidad impuesta históricamente, que favorece a una parte de
la humanidad en detrimento de la otra.

Sin embargo, una de las chicas, refrendada por las demás, señalaron algo que pasa desapercibido a
menudo, a lo que nadie suele echar cuentas: “Ellos también son víctimas de esta división de roles”.
También los hombres varones se ven obligados a mostrar una cara y unas obligaciones masculinas,
dejando de lado su parte femenina. Y con esta acción femenina reivindicativa, quedaba patente que
muy bien los chicos pueden llegar a estar sensibilizados respecto a esta situación artificiosa, a que
nos abocan roles de género construidos, pero ellas son más conscientes.

Sobre la muerte (II)

Sobre la muerte (II)

Muchas personas se me acercaban -todavía me sucede algunas
veces- y me preguntaban si Carl [Sagan] había cambiado al final y se
había convertido a la creencia en una vida después de la muerte. También
me preguntaban frecuentemente si creo que lo volveré a ver. Carl enfrentó
su muerte con infatigable valentía y nunca buscó refugio ni ilusiones. La
tragedia era que ambos sabíamos que nunca nos volveríamos a ver. Nunca
he esperado volver a reunirme con Carl. Pero lo más grandioso es que
cuando estuvimos juntos, durante casi veinte años, vivimos con una vívida
apreciación de cuán corta y cuan preciosa es la vida. Nunca trivializamos
el significado de la muerte, fingiendo que era alguna otra cosa diferente a
un último adiós. Cada momento que estuvimos vivos y estuvimos juntos fue
milagroso -pero no en el sentido de haber sido inexplicable o sobrenatural.
Sabíamos que habíamos sido beneficiarios del azar… Que el puro azar
haya sido tan generoso y tan amable… Que nos pudimos encontrar, como
Carl escribió de forma tan hermosa en Cosmos, sabes, en vastedad del
espacio y en la inmensidad del tiempo…

Ann Druyan

La emoción básica que gobierna toda la actividad del ego es el
miedo. El miedo a no ser nadie, el miedo a no existir, el miedo a la muerte.
Todas sus actividades están concebidas en último término para eliminar
este miedo, pero lo máximo que puede hacer el ego es taparlo
temporalmente con una relación íntima, una nueva posesión, una victoria
en esto o en lo otro. Una ilusión nunca podrá satisfacerte. Sólo la verdad
de lo que eres, si llegas a ella, te hará libre

Eckhart Tolle, Un nuevo mundo, ahora

¿Por qué necesitamos saber qué hay detrás de la muerte?

El Café filosófico de noviembre coincidió -sólo un día de retraso- con la celebración del Día
mundial de la filosofía, que en Málaga fraguó el I Festival de Filosofía, y en el IES Juan de la
Cierva de Vélez-Málaga una jornada reivindicativa: “Filosofía sí”, convocada por la Red Española
de Filosofía (REF). No era la primera ocasión en que se abordaba el tema de la muerte en nuestro
café filosófico pero, como ya sabíamos, hablar de la muerte es hablar de la vida. Más exactamente:
de cómo se vive, según Séneca. De hecho, es lo que sucede con cualquier dualidad: hablar de un
extremo supone hablar del otro. Dos caras de la misma moneda.

En este caso superamos la dualidad, si notamos que ambas, la vida y la muerte, suponen vivir. Vivir tu vida. Y vivir tu muerte.
Una manera humana de vivirla es preguntarnos: ¿Por qué necesitamos saber qué hay detrás de la
muerte? Una pregunta muy humana, muy nuestra, que se deshace como un azucarillo si aprendo a
vivir bien, sin demasiada angustia vital. Y para esto, una ayuda inestimable es el filosofar. De ahí
que muchos clásicos del pensamiento dijeran que filosofar es aprender a morir, dando carpetazo a
nuestras creencias erróneas, mientras vivimos. Viviendo. Platón, Cicerón, Michel de Montaigne, Ibn Arabi, Óscar Brenifier… o Séneca, que nos insistía, como decíamos: no importa morir, o si morimos antes o después, sino cómo vivimos, aquello que vivamos.

Pero todo esto ya lo sabían nuestrosparticipantes. Sin necesidad de nombrarlos, por entre todos estos grandes de la filosofía navegó
nuestro diálogo filosófico de aquella tarde. El velero más certero es siempre la propia experiencia.
En numerosas ocasiones, nos preguntamos cómo podríamos llegar a comprender una determinada
situación, una determinada acción, a una determinada persona. Si hay casos que no pueden ser
comprendidos de ninguna manera, que no son dignos de ser comprendidos, que son inaceptables.
Por ejemplo, que personas son malvadas. Y esto, simplemente, ocurre porque no hemos adoptado
una mirada nos permita la comprensión. Todas las acciones humanas pueden ser comprendidas
-aunque no siempre hayan de ser justificadas, o sean justificables-. Es suficiente que adoptemos la
perspectiva de la humanidad. Una sección de la perspectiva cósmica. Si soy capaz -y los humanos
somos capaces, salvo impedimento de nuestras ideas erróneas, como decíamos-, si soy capaz de
sentirme, ya sea por un momento, uno con la humanidad. Con la humanidad que hay en mí. Con la
humanidad que hay en el otro. Es la misma humanidad. La secuencia del ejercicio que propuso el
moderador a los participantes fue la siguiente: piensa en una acción humana de otro, siente en tu
interior cómo eso a ti también te pasa y, si a ti te pasa y a mí me pasa, es humano que nos pase.
Puedo comprenderte. Nada humano me será tan ajeno (Terencio). La secuencia, ahora,
esquemáticamente expresada: tú → yo → nosotros.

Así pues: ¿Cuándo me sentido yo uno con la humanidad? Esto pidió el moderador a los
asistentes. Recordemos algunas de las experiencias que relataron. Escuchando lo que decía una
compañera de la mujer, me sentí mujer. Si sigo mirando, ya no veo a un ser humano con la piel de
otro color, veo un ser humano, “yo soy él”. Asistiendo a la presentación de un libro (“Las manos de
mi madre”, de Lola Valle), sentí la mano, sobre todo la de una madre, como lo más humano. Veo
que muchos lo pasan mal, y lo que hacen es luchar, como buenamente saben, por vivir mejor. He
visto cómo se puede ser feliz, a pesar de unas circunstancias adversas. La amabilidad es una
cualidad de todos los seres humanos, pero algunos lo ponen difícil, ponen bastantes excusas para no
expresarlo. Nuestra condición humana es muy frágil, hoy esa desgracia no me ocurre, pero mañana
me puede pasar a mí. La generosidad humana, aunque también quiera ocultarse, en el fondo nos
lleva a no desear nunca el mal a nadie. No hay “cosas de mujeres”, la violación no es sólo algo que
le puede pasar a una mujer, todos hemos sufrido violaciones, otro tipo de violaciones, pero en el
fondo una violación, que todos podemos comprender a partir de nuestra propia experiencia. Todos
sabemos que no puede haber un amor interesado, si es amor. Todos sufrimos debido a alguna
experiencia del pasado, que no ha sido bien cerrada. Todos hemos sentido el dolor, y hemos sufrido,
por no aceptar el dolor. Es humano el dolor y también es humano superarlo, habiéndose
transformado a uno mismo.

El mundo de los sueños, qué hay después de la muerte, la justicia en el ámbito jurídico, la
indiferencia social, la actitud filosófica, la verdad… ¡cuántos temas interesantes! Pero uno sólo el
elegido: la muerte. Por cierto, que la filosofía quedaba perfectamente saldada practicándose.
Nuestra mejor contribución en el día mundial de la filosofía. Podríamos preguntar por el sentido de
la muerte… pero esto va a salir seguro en la discusión, en el fondo de la discusión. También, ¿qué
hay después, o detrás, de la muerte? Sin embargo, no había allí nadie que hubiera estado, al menos,
en trance de morir, con alguna experiencia personal cercana a la muerte, de ahí que, entre todos
cambiaran la pregunta por una más cercana a los participantes, los que se habían planteado, aquella
tarde, el tema de la muerte. Por algo, se habría planteado… La pregunta elegida: ¿Por qué
necesitamos saber qué hay detrás de la muerte? ¡Somos humanos! Necesitamos saber… Y los
participantes se pusieron en el lugar de la humanidad para ir respondiendo:

-Necesitamos saber qué hay después de la muerte para no temer a la muerte, para
“prepararnos el cuerpo”. Para deshacer nuestro temor.

-Necesitamos, los humanos, explicaciones, saber. También de esto, de la muerte. Pero, en mi
caso, la respuesta está clara: ¡No hay nada! ¡Y me da igual!

Pregunta, entonces, el moderador: ¿Y cómo vives tu vida, según eso? ¿No te lleva a
desmotivarte?

-No, de ninguna manera. Creo en el ser humano y lucho, dentro de mis posibilidades, para
que vivamos en un mundo mejor.

-Y si hubiera algo después, ¿cambiaría tu vida con dicho conocimiento?

-No, no cambiaría.

-Parece que tú vas a vivir de la misma manera. Sin embargo, no ocurre esto siempre: para
muchas personas sería muy diferente… ¿Qué pensáis vosotros? ¿Cómo sería vuestra vida con el
conocimiento de lo que haya detrás de la muerte, o bien, sin ese conocimiento?

-En realidad, vamos muriendo cada día. Desde que nacemos. Debemos pasar todas las etapas
de la vida y morir en paz. La muerte y su conocimiento también es vivir. Por eso hemos de vivir lo
mejor posible…

-Siempre necesitamos una perspectiva de futuro, una motivación para hacer cosas. Según te
plantees el hecho de la muerte, así vives tu vida. Por ello, pienso que necesitamos una seguridad,
que dé respuesta a la pregunta: ¿Qué va a ser de mí?

-Esto de “cómo vivimos”, según nuestra consideración de la muerte, me recuerda un texto
de Ann Druyan -compañera de Carl Sagan durante sus últimos veinte años de vida- que venía a
decir (esta participante lo leyó completo allí, a los asistentes, vosotros lo podéis leer en la entrada a
este relato), que no necesitamos saber qué hay después, que nos basta el hecho de que nos hemos
encontrado tú y yo en la inmensidad del Cosmos, y que esto ya merece la pena, esta maravillosa
realidad.

-Nuestra tradición cultural, religiosa, nos ha llevado a tener miedo a la nada (horror vacui),
pero esto no es un lastre para mí. Vivo, sin más.

-Es la primera pregunta que surgió en el hombre, que llevó a tratar de comprender el mundo,
que el mal tuviera un sentido…
Le detiene un momento, el moderador: Hablas en general, pero ¿quién pregunta eso del
sentido de la vida?

-Todo el mundo…

-¿Tú?

-Yo me centro en el presente, lo que me importa.

-Efectivamente, es el sentido de mi vida el que te lleva a plantearte el sentido de la vida.

-Yo, cuando me “enteré” de que moríamos, a través de la posibilidad de perder a otra
persona, me eché a llorar.

-¿Por ese otro?

-Por curiosidad.

-…tuya.

-Señores: la muerte es un gran negocio, empezando por la religión. Y contra ello me rebelo.
Yo no estaré, pero, ¡la humanidad seguirá estando, y antes, la vida misma! ¡Merece la pena ser
vivida! Eso del nirvana no tiene sentido. Sentir, vivir. ¡Eso, si! Yo tenía dos hermanos muy
diferentes: uno era pesimista, crítico con todo, sufría por todo y le costó mucho morirse; el otro era
un pasota, leía mucho, tranquilo, todo le daba igual y se enfrentó a la muerte pacíficamente.

-Entonces, propone el moderador, podemos mirar si a la muerte conviene aceptarla como
algo natural.
Y llamó la atención de los asistentes sobre los componentes vitales negativos que había
suscitado -hasta ese momento de la discusión- el desconocimiento de lo que hay detrás de la muerte:
temor, inseguridad, sensación de vacío, necesidad imperiosa de encontrar un sentido, una explicación… Y le pregunta el moderador a la chica que había plateado inicialmente la cuestión de
la muerte y lo que hubiera detrás de ella: todo esto que ha salido puede nombrarse como angustia
vital; si consiguiéramos resolver esta nuestra angustia vital, ¿el contenido de la pregunta, sería
relevante para ti? ¿Te preocuparía saber o no saberlo?

-No me haría falta saberlo.

-Eso parece, habríamos dejado atrás la pregunta.

-De hecho, así se refleja en la literatura: cuando estamos tranquilos no nos lo planteamos,
qué hay detrás de la muerte.

Así pues, como vemos, de lo que se trata es de cómo vivimos, de cómo vivir bien, y cuando
esto lo logramos, aunque sea mínimamente, esa angustia vital, que se expresa en la cercanía de la
conciencia de la muerte, desaparece. O al menos, podemos planteárnoslo sin agobios, apostilló uno
de los jóvenes participantes.

Con esto, habíamos llegado a una playa clara y pacífica, en la que solazarnos. No pretende
mayor objetivo nuestro café filosófico. Podíamos marcharnos con la sensación de haber realizado
un trabajo juntos. Pero no fue así, la mayoría querían continuar el diálogo. Y una pregunta,
relacionada con la muerte, pero más mundana -no tan trascendente- había quedado esperando detrás
de la puerta un mejor momento: ¿Es utilizada la muerte, con interés, en nuestro mundo? Ya
había mencionado el grupo el uso que, a veces, de la muerte por parte de la religión, pero hubo de
distinguirse entre religión establecida y religiosidad humana… “no confundamos”, no es lo mismo,
insistió una participante adulta. Y utilizan la muerte para sus intereses de este mundo, la política, la
industria armamentística, y hasta los padres con su hijos…

-Pero, un momento: ¿Se maneja o manipula la muerte o, más bien, el temor a la muerte?

-Obviamente, el temor a la muerte.

-Y no olvidéis que bajo la categoría de “miedos” hay otros miedos: a equivocarme, a sufrir, a
la oscuridad, a lo desconocido, a la frustración, al fracaso…

-Así nos controlan tan fácilmente… Es tan fácil controlar a la gente…

-Pensemos: ¿Un niño pequeño, un bebé, siente miedos?

-Recordemos el famoso experimento de Watson: el miedo es creado socialmente.

-Y recordemos que el miedo al fracaso, te hará fracasar con mayor probabilidad.

Por ello, es tan importante mirar ese miedo que tenemos en un momento dado… no taparlo,
no sustituirlo, no huir de él… enfrentarlo, puesto que ha sido creado. El temor es natural, el miedo es
creado y puede deshacerse. De ahí, la importancia de VIVIR SIN MIEDO. Cómo gestionamos el
miedo a vivir, sería un componente esencial del bien vivir. Del miedo a vivir, ¡hay que curarse! Y no
importará tanto el tener que morirse. Esta segunda conclusión vino a unirse a la anterior. Ya nos
suena, ¿verdad?

Una última pregunta -también mundana, sobre la muerte- trató de responder el grupo, pero tan
rápidamente que te la dejo a ti, que asistes en diferido a este café filosófico, para que tú te la
plantees más largo y tendido: hemos planteado, a través del relato, cómo nos relacionamos
individualmente con la muerte, pero no tanto cómo lo hacemos socialmente. Así que, te pregunto:
¿cómo se relaciona nuestra cultura con la muerte? ¿Lo hace adecuadamente, vive con ella o
huye de ella?

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