Los colores del incendio – Pierre Lemaitre

Los colores del incendio – Pierre Lemaitre

Fecha: 25 de junio                                                       Hora: 20 h.

Lugar: “Centro Cultural Azucarera”                           Torre del Mar

Resumen del libro

El público y la crítica se rindieron ante la frescura, la plasticidad y la viveza de una prosa en apariencia ligera que, como en los mejores folletines decimonónicos, alimenta una trama envolvente y compleja en la que campan unos personajes que despiertan la curiosidad y estimulan la imaginación. Ambientada entre 1927 y 1933, esta continuación de las peripecias de la familia Péricourt (“Nos vemos allá arriba” 2013) se inicia con el funeral del patriarca Marcel, una ceremonia multitudinaria a la que asiste todo aquel que es, o aspira a ser, alguien en París. Sin embargo, las cosas no pintan demasiado bien para Madeleine, la heredera del ingente patrimonio familiar. Al suicidio de su hermano Édouard, el héroe desfigurado, el encarcelamiento de su ex marido estafador y la muerte de su padre, se añade la delicada situación de su hijo Paul, un niño de siete años que acaba de sufrir un horrible percance. Así, en este momento tan vulnerable de su vida, Madeleine debe ponerse al mando de una entidad financiera con la más que dudosa ayuda de un apoderado resentido, un tío codicioso y gris con aviesas intenciones y un joven amante con ínfulas de periodista. Y todo ello en un ambiente de secretos, traiciones, chantajes y artimañas en el que buscadores de fortuna y politicastros sin escrúpulos medran sin control, ajenos a la inminente quiebra bursátil e inconscientes de la hecatombe bélica que se cierne sobre Europa.

Resumen de la sesión

Espacio nuevo para nuestra despedida del Club de Lectura 2019/20: el Centro Cultural instalado en el edificio de la Antigua Azucarera, gestionado por la Tenencia de Alcaldía de Torre del Mar y a quien queremos agradecer las facilidades dadas. Curso extraño  este último en el que, de repente, tuvimos que cambiar nuestro lugar habitual de reuniones en el Hotel Torremar, celebrándolas  “Todos en casa” a través de wasap primero y de Meet de Google  después, debido a la pandemia. De todas formas nuestro objetivo literario ha quedado más que cumplido ya que no hemos dejado de estar en contacto todos gracias a los libros. La ilusión pudo más que el virus.

Iniciamos la sesión comentando la información que teníamos sobre el autor, Pierre Lemaitre. Nacido en París en 1951, profesor de Literatura francesa y norteamericana, estudió también Psicología, lo que pensamos le ha ayudado bastante a describir de forma fantástica a los personajes de sus obras, una de las características más llamativas de Lemaitre. Tras escribir “Nos vemos allá arriba”, por cuya obra fue muy reconocido y premiado, escribió “Los colores del incendio” que comentamos hoy y a la que se añadirá “El espejo del sufrimiento” para completar la trilogía que se titulará “Los hijos del desastre”. Según nos comentó una de las asistentes a la tertulia, Lemaitre en una entrevista, manifestaba que en Francia había muy pocas novelas que trataran sobre la ocupación de  los nazis a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Que él pensaba que este tema para los franceses era considerado como tabú. Alguien opinó que podría ser porque una gran mayoría de franceses colaboraron con el Gobierno que instauró Hitler en Francia, mientras que otra parte se opuso desde la Resistencia. Se comentó que sin embargo en Alemania, sí se ha escrito sobre lo que ocurrió en su país y eso les ha servido de catarsis. Incluso en España ha habido mucha literatura sobre nuestra Guerra Civil. Alguien opinó que su obra tiene mucho éxito  porque es un escritor de masas que escribe sobre lo que a la gente le agrada; lo que les interesa. Escribe sobre historias que les gustan a todos. Hace lo que a la gente le gusta y lo hace bien.

A continuación iniciamos el  análisis de la obra con una pregunta ¿Es creíble su argumento? Pero  matizando que no se puede desligar el tema que se trata en la novela del momento histórico en que tiene lugar. La primera opinión considera que no es muy creíble que una mujer sola, Madeleine, aunque tenga la ayuda del Sr. Dupré, pueda ejecutar la venganza a estos tres protagonistas: al Sr. Joubert (administrador de su fortuna), a Charles Pericourt (su tío) y al que fue preceptor de su hijo, André Delcourt. Emplea mucha astucia, ¿pero tiene tanta capacidad? Además, dijo, el tema de las venganzas no me va. A lo mejor ciertos lectores- manifestaba -, pueden sentir satisfacción porque así “pagaban” por el daño que le habían creado anteriormente a Madeleine. Para que un libro guste, – es otra opinión – el principio debe ser sorprendente y su final apasionante. Aquí el final es predecible. A mí no me ha gustado porque la historia no me ha parecido real. Otra opinión se centra en lo creíble de la intensa amistad de la cantante de ópera Solange Gallinato con Paul, el hijo de Madelaine, que tenía ocho o nueve años de edad. Alguien sugiere que pudiera influir en esta amistad su situación personal (estaba sin movilidad tras una lesión en la columna vertebral) y una intensa relación epistolar que le convierte en un gran admirador de la cantante y un recíproco cariño por parte de ella.

Y lógicamente, también hubo opiniones diferentes. Para mí – se dijo – la situación y el comportamiento de los personajes que rodean a este argumento, son creíbles. En la primera parte aparecen muy bien definidos todos ellos y cuando llega la segunda parte, donde se ejecuta la venganza, tú ya los conoces perfectamente y sabes cómo van a actuar. Aquí se observa el análisis que como psicólogo hace el autor de cada uno de los protagonistas. La trama sí me parece interesante y engancha, por sus personajes. Interesante también la similitud que tiene esta obra con “El Conde de Montecristo” de A. Dumas de quien se siente admirador Pierre Lemaitre. En este caso se cambia héroe por heroína. Una mujer de la que en los inicios de la novela no se espera nada especial, ya que es postergada hasta por su propio padre que la considera incapacitada para el mundo de las finanzas. Se resalta que una persona como Madeleine (una hija de papá de vida simple) sea capaz de urdir un plan maquiavélico de venganza para recuperar la fortuna que le quitaron y castigar a quien abusó de su hijo. También hay quien opina que el determinismo social condujo a los avatares de los personajes y si la credibilidad es cuestionable en algunos, no así ocurre con la verosimilitud del conjunto, muy lograda por escarbar en las bajas pasiones humanas.

Se destacaron el abanico de personajes, tanto femeninos (Madeleine, Lèonce, Solange Gallinato, Vladi, Hortense y sus hijas Rose y Jacinthe) como masculinos (Gustave Joubert, André Delcourt, el Sr. Dupré, Charles Pericourt, Robert Ferrand, Jules Guilleteaux), todos perfectamente definidos por el autor. Para uno de los asistentes ninguno de los protagonistas sale bien parado, aunque, en general, el personaje de Vladi resultó simpático. No me identifico con ninguno de ellos pero el autor busca castigar a los que hicieron el mal a través de la venganza de Madeleine y eso es una manera de identificarse con el público.

Todos coinciden en que la novela tiene su momento clave cuando Madeleine descubre  que Lèonce, casada ahora con Gustave Joubert, lo estaba también con su “amante” Robert Ferrand. Y también se resalta el paralelismo de aquella época (1.927-1.933) con la actual  (¿o podremos decir de siempre?) a través de los comportamientos del Banquero Gustave Joubert, el político Charles Pericourt o el Director del periódico Jules Guilloteaux. Tráfico de influencias, uso de información privilegiada, enriquecimiento ilícito, fraudes fiscales, evasión de capitales, publicar información falsa pagada, etc. O la doble vida que llevaba el preceptor de Paul, André Delcourt.

Hay quien no está de acuerdo con la venganza planeada por Madeleine y los métodos empleados para llevarlos a cabo, especialmente con los medios empleados contra el preceptor de su hijo. Pero otros sí lo están como castigo al complot urdido entre Lèonce, Gustave Joubert, Charles Pericourt y Jules Guilloteaux para arruinar a Madeleine y salir beneficiados todos ellos de una u otra forma.

Su estilo es fácil de leer, destacando la definición de sus personajes perfectamente encasillados cada uno en su papel, así como una excelente labor de documentación. En esta historia de traiciones y venganzas donde el autor combina tragedia y comedia, están también presentes la crisis económica de 1.929 y  los inicios del nazismo y el fascismo lo que nos ayuda a conocer un poco mejor este período de la  historia europea.

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Próximo libro: “La sospecha de Sofía”                         Autora: Paloma Sánchez Garnica

Fecha: 15 de octubre                                                      Hora: 20h.

Lugar: “Hotel Torremar” de Torre del Mar               

Marianela – Benito Pérez Galdós

Marianela – Benito Pérez Galdós

Próxima cita el jueves 21

Fecha: 21  de mayo                                 Hora: 18 h.                                                    

Lugar: Tod@s  en casa                                   

Resumen de la obra

«Nuestra imaginación es la que ve y no los ojos.»

Marianela es una joven pobre, deforme y menospreciada por todo el mundo. Solo encuentra consuelo y un hombro sobre el que apoyarse en Pablo, el hijo ciego del dueño de las minas de Socartes, a quien la desdichada muchacha hace las veces de lazarillo. Sus paseos y sus conversaciones devienen en un lazo que parece inquebrantable, y Pablo promete a Nela casarse algún día con ella. Sin embargo, la posibilidad de una cura para su ceguera hará tambalear los cimientos de un amor que trasciende toda apariencia y posición social. La relación del ciego con su lazarillo ha quedado como una de las más bellas surgidas de la pluma de Galdós.

«Marianela» (1878) pertenece a lo que Galdós llamó Novelas de la Primera época (que comprenden obras como «Doña Perfecta» y «Gloria»). La vida trágica de la muchacha Nela, es el hilo conductor sobre el que se entrelazan tres temas: la ceguera y su posible cura, la relación sentimental y la situación socioeconómica. La maestría del escritor canario se demuestra en la articulación narrativa de las oposiciones principales: belleza física y belleza moral; industria y agricultura, el hoy y el ayer; cultura y naturaleza. En esta, una de sus más populares novelas, Galdós ofrece una visión hastiada de una sociedad decadente.

Resumen de la sesión

Iniciamos la sesión haciendo un breve repaso a la biografía del autor. Don Benito Pérez Galdós (1.843-1.920) es el máximo novelista español del S. XIX. Alguien dijo que es el mejor novelista español después de Cervantes. A los 19 años  estudia la carrera de Derecho en Madrid pero la abandonó. Escritor progresista, escribió obras en prosa y verso y  obras dramáticas. En los inicios del S. XIX ingresa en el Partido Republicano. En 1.907 volvió al Congreso y en 1.909 llegó a ser con Pablo Iglesias jefe titular de la conjunción republicano-socialista. En 1914 es elegido diputado por Las Palmas. Él no se sentía político, se apartó enseguida de las luchas por el “acta y la farsa”.  Conoció al fundador de la Institución Libre de Enseñanza don Francisco Giner de los Ríos y mantuvo mucha relación con José María de Pereda, perteneciente al realismo como él, pero de ideología más conservadora. Precisamente una de las características más destacadas de D. Benito va a ser las buenas relaciones que mantuvo con otros escritores y políticos de ideologías diferentes a la suya. Para conocer bien España se dedicó a reconocerla en coche de ferrocarril de 3ª clase, codeándose con los míseros y hospedándose en posadas y hostales de mala muerte. En 1.905 le fue negado el apoyo de la Academia para presentar su candidatura al premio Nobel por sus tesis anticlericales. Al final de su vida se quedó ciego. Murió en1.920 y el día de su entierro, unos 20.000 madrileños acompañaron su ataúd. En todo el país se lamentó su pérdida.

Para algunos de los presentes, dejando aparte  los “Episodios Nacionales”, su obra cumbre, “Fortunata y Jacinta” es su mejor obra, así como “Misericordia” la más destacada para otros. En ellas D. Benito reivindicaba la cultura popular siendo sus protagonistas las clases más miserables de la sociedad. El ambiente que nos narra en “Marianela” es parecido al existente en otras zonas mineras europeas encontrando algunos cierta similitud con “Los miserables” de Víctor Hugo. El estilo (realismo), busca contrastar la pobreza de las clases trabajadoras (representadas por los mineros y la familia Centeno a la cual se unió Nela), frente a las familias  ricas del lugar, (Francisco Penáguilas, padre de Pablo, Teodoro Golfín el ingeniero de las minas y su esposa Sofía). Se resalta la frase en la que Teodoro Golfín, el médico que va a curar a Pablo, le dirige a sus cuñada Sofía sobre la hipocresía de sus comportamientos caritativos organizando actividades pomposas para ayudar a los demás, pero luego no se preocupaba de que Nela, a quien veía frecuentemente, no tuviese zapatos y pasase de las necesidades básicas de ella. Algunos destacan este comportamiento como un “postureo” de Sofía, en el que Pérez Galdós utiliza las palabras del oftalmólogo para criticar a la burguesía española que tranquilizaba su conciencia con comportamientos de este tipo. Otros, quisieron destacar los paseos de Nela y Pablo que parecen sacados de una novela romántica. Un canto al amor que, llevado al extremo, finaliza en un drama tremendo.

Llegados a este punto, nos preguntamos si la historia que relata Pérez Galdós es creíble o no. “Yo la veo normal dentro de la época en que está situada la novela, aunque haya otras historias que no lo son. En este caso el autor se mete en el alma y las emociones de los personajes. Pablo sólo puede ver la belleza interior de Marianela”. Hubo otra opinión: “Una cosa es si es creíble o no y otra cosa si es natural o una ficción. Pablo y Nela estaban enamorados según plantea el autor, pero cuando recupera la vista, Pablo se olvida de ese enamoramiento. Luego se enamora de la prima, que casualmente es guapa y rica, mientras Nela se muere de pena. Yo creo que está más cerca de un folletín que de una novela”. Lo cual es aprovechado por otra de las asistentes para decir que en esos tiempos gustaba mucho a cierto público este tipo de argumentos y que quizá en esta primera época fuera utilizado por el autor para darse a conocer como escritor. En obras posteriores se nota como Galdós va mejorando en argumento y estructura. Por ello me gusta más “Misericordia” Otra visión del tema fue que Pablo admiraba la belleza en general a través de Nela y cuando recupera la vista, lo primero que ve es la belleza de su prima, pensando que la belleza de esta le correspondía a Nela. Antes, Pablo lo veía todo a través de las historias que le leía su padre y las explicaciones que del mundo que les rodeaba le daba Nela; esa belleza que le habían transmitido ambos la ve reflejada en su prima Florentina a quien se declara. Pablo aún no ha visto a Nela después de su operación. Alguien recuerda que este tema, el de la belleza  interior y exterior, así como la hipocresía de las clases acomodadas con los más humildes, tranquilizando sus conciencias, son algunos de los muchos mensajes que nos quiere transmitir el autor en esta obra. Otro de los asistentes quiere destacar la crítica social al momento que se está viviendo en España. Cuando nos cuenta las vidas de los hermanos Golfín (médico e ingeniero de origen humilde) quiere resaltar la importancia del esfuerzo personal ante el abandono del Estado a las clases más desfavorecidas  representadas en Nela. Galdós nos cuenta también como Celipín, el pequeño de la humilde familia Centeno, es capaz de romper con el entorno y marcharse del pueblo. Se señala la amistad entre Celipín y Nela sobre todo por la ayuda que esta le proporciona dándole los míseros ahorros que podía conseguir para que él lograra cumplir sus sueños. Se destaca el consejo que le da Nela a Celipín al marcharse, de que no olvide a sus padres y les ayude cuando pueda, a pesar de lo mal que estos se habían portado con él. Se resalta la generosidad del Dr. Golfín, que es quien más se preocupa por Marianela reconociéndole unos valores que nadie antes, salvo Pablo, le habían reconocido. Todo lo bueno que Nela tenía lo había aprendido por ella misma, de forma natural, ya que nadie se había preocupado de enseñarle nada.

Se analizan los mensajes que transmite la obra y que son muchos si conocemos las preocupaciones sociales de Pérez Galdós. Es el triunfo de la realidad y el progreso científico sobre la imaginación. Se destacan las siguientes dicotomías: la belleza física y la belleza moral, industria y agricultura, el hoy y el ayer, cultura y naturaleza, caridad frente a justicia social. Y una serie de denuncias como la explotación familiar en la casa de los Centeno, el trabajo inhumano de las minas, las grandes diferencias sociales o la miseria general que se respira en el ambiente de la novela. La relación entre Pablo y Nela ha quedado como una de las más bellas historias de amor de Galdós.

Y  por último, las opiniones personales. “Me hubiera gustado que cuando Pablo recupera la vista, hubiera tenido más encuentros con Marianela y ver la reacción que pudiera tener al estar frente a ella. Conocer la reacción de Pablo al ver el físico de ella. Me han faltado encuentros de Pablo con Nela desde que Pablo recupera la vista.” O esta otra: ”Me ha gustado mucho la obra, pero echo en falta que Galdós hubiese escrito más sobre la escena final. Me ha parecido un final muy precipitado.” “Para mí, el relato final de la obra es muy realista”. También se resalta que una de las cualidades más destacadas de Galdós es lo bien que describe a cada uno de los personajes y que recurre a pinturas muy conocidas para explicar la similitud con ellos (como por ejemplo compara la belleza de Florentina con la Virgen de Durero). O estas opiniones: “Yo valoro la obra en lo que se refiere a la descripción de paisajes y personajes, pero el final es poco creíble.” “La obra la considero menor dentro de su obra general. Me gustan más “Fortunata y Jacinta” o “Misericordia” que propongo para el próximo Curso literario, ya que todavía estaremos en su Centenario.”

Si ha sido una satisfacción el haber homenajeado a D. Benito en el centenario de su fallecimiento con “Marianela”, lo ha sido también el haber logrado celebrar este encuentro del Club de Lectura mensual a través de los medios audiovisuales de que ha dispuesto cada uno desde su casa.

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Próximo libro: “Los colores del incendio”     Autor: Pierre Lemaitre

Fecha: 25 de junio          Lugar: Tod@s en casa        Hora: 18h.

Cervantes para cabras, Marx para ovejas – Pablo Santiago Chiquero

Cervantes para cabras, Marx para ovejas – Pablo Santiago Chiquero

Fecha: 23  de abril                                                 

Lugar: Tod@s  en casa                                   

Resumen de la sesión

El primer comentario que se puede hacer de esta sesión inédita del Club de Lectura en el que participamos a través de wasap catorce personas, es el acierto del libro elegido para un 23 de abril de gran significado literario. Un libro, según se resaltó en la tertulia, en el que coincidieron el título seleccionado, los encabezamientos de cada capítulo y el lenguaje empleado por el autor en este nuestro particular  homenaje a D. Miguel de Cervantes.

En una entrevista, Pablo Santiago, el autor, manifestaba que el lenguaje empleado en el libro era el que se empleaba entonces en los pueblos: un lenguaje sencillo y directo que a su vez fue ratificado por una de las asistentes: “Me ha llamado la atención que salen referencias a cosas como las de mi pueblo y lugares como la Sierra de Ahíllos donde le cae el rayo que mata al padre de Mateo… Yo soy de un pueblo de Jaén que linda con Córdoba”. Y ello da pie para que se quiera reconocer la importancia que tuvo Antonio, el padre de Mateo, por su empeño en la educación del muchacho:” Sin saber leer o escribir, opinaba el finado, uno está condenado a pasar hambre”. 

Los dos protagonistas principales son Mateo, el pastor a quien una de los asistentes considera como un Quijote, idealista que ama los libros, y Lázaro, el maestro rural recién llegado a Abra que se plantea un cambio en la sociedad a través del conocimiento y la lectura y que sería, como Sancho, el realista. La figura de D. Lázaro es para algunos el verdadero protagonista de la obra, destacando en el pueblo desde el principio por su humanidad y amor a los libros. Dada que la historia se sitúa durante la II República, se destaca que nos encontramos con un maestro cuyo comportamiento encaja con el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza que ponía en práctica dando con frecuencia las clases al aire libre  y animando a los alumnos en la lectura de los clásicos recitándoles a Garcilaso, Quevedo, Góngora o Cervantes.

La lectura consigue con Mateo, tras su encierro voluntario de 13 meses debido a la depresión que cogió, lo que Conchita, su novia, aplicando todas sus “artes” no pudo conseguir, se comentó. Mateo va a hacer con los habitantes de su pueblo lo mismo que Lázaro hizo con él, enseñarles las virtudes de la lectura. Los libros nos hacen pensar, comentó alguien, y a su vez, nos hacen ver el mundo de otra manera; eso es lo que le pasó a Mateo. También quiso resaltar la preciosa amistad de Lázaro y Mateo consolidada a través de los libros. Lázaro ayuda primero a Mateo a reconquistar a Conchita y después, a difundir la lectura en el pueblo de Abra y sacarlo de su incultura. Se plantea un cambio en la sociedad a través del conocimiento y la lectura. Observamos, se dijo, mucho amor a los libros, sobre todo a los clásicos, y cómo ambos consiguen que el pueblo desarrolle otra forma de pensar. Hubo un recuerdo divertido para Angélica, la madre de Mateo, cuando agradece a los libros… y al tiro que le dieron a D. Albino, el iracundo y violento maestro anterior a la llegada de D. Lázaro, la recuperación de su hijo. También se  quiere resaltar el amor y trato de la madre hacia Mateo.

La vida lectora de Mateo, tras su recuperación, se volvió intensa y tras leer cinco o seis veces El Quijote ya junto a su rebaño de cabras y ovejas, uno de los participantes en la sesión nos recuerda la primera reflexión sociológica que nos ha llegado de Mateo: la curiosa división de los oficios y trabajos según permitieran o no leer, situando en la cúspide a pastores, bibliotecarios y marinos.

Muy divertida fue considerada por todos la “Comisión Científica” que se formó para estudiar el experimento que había hecho Mateo queriendo demostrar que la lectura de El Quijote le gustaba más a las cabras y El Capital a las ovejas, así como la influencia de la lectura en la producción de leche y en la fertilidad. Un experimento falso para provocar que todo el pueblo se pusiera a leer, aunque estuviese basado en una mentirijilla, se dijo.

Alguien destaca la muy original relación epistolar de Lázaro con Juan Ramón Jiménez (que llegaría a visitarlo en Abra con su esposa Zenobia), Miguel de Unamuno o Antonio Machado.

Otro momento interesante del libro es cuando Mateo le pide a Lázaro otro libro diferente al Quijote para leer, pero que fuera “más explosivo”. Tras aconsejarle “El Capital” de Marx, le recomienda que no lo leyera en el mercado, donde él leía habitualmente los sábados, pues le podría dar problemas. Mateo no le hizo caso y su lectura provocó la primera revuelta nocturna conocida en el pacífico pueblo de Abra y que éste terminase en el calabozo durante veinte días. Uno de los participantes quiere resaltar las palabras que el Alcalde le dirige a Mateo ya en el encierro: “El socialismo hay que adaptarlo a las circunstancias y no hay que forzar las cosas.” Como quien decidió el tiempo que estuvo Mateo en el calabozo fue D. Jacinto, se recuerda el peso que tenía la Iglesia en el pueblo para que no se movieran de lo tradicional y en contra de las revoluciones.

Tras su boda con Conchita, Mateo, que era inteligente y de naturaleza inquieta, sale de su mundo y entra en otro diferente donde cree que las ganancias del trabajo hay que repartirlas: tiene en su mente la creación de la Ínsula Esperanza, un guiño a la Ínsula Barataria de El Quijote. Como la Ínsula necesitaba de un terreno, Mateo pone sus ojos en un cortijo,  La Dehesa Baja, casi abandonado que pertenecía a un terrateniente del pueblo afincado en Córdoba capital. Las peripecias que rodean a que el dueño de la finca ceda ésta a Mateo para su proyecto “comunista” y en las que interviene – sorpresivamente – el que será gran figura del toreo “Manolete”, es citado como muy divertido y astuto por l@s participantes. Mateo busca en la zona a personas que puedan atender todas las necesidades de la explotación agraria comunal, pero se lleva una gran decepción cuando Lázaro, en quien había pensado como Maestro, se niega a incorporarse a este proyecto. El idealista, Mateo, monta la Ínsula y el realista, Lázaro, se queda en el pueblo, matiza alguien. Al final Lázaro, forzado por las circunstancias, le apoya en su proyecto y se incorpora a la vida de la Ínsula. Una comuna, muy completa de servicios, añade alguien, pero en la que nadie echó en falta hacer un cementerio. Sin duda en aquellas cabezas sólo estaba la vida, no la muerte. Pero como en la Comuna no todos tenían las mismas perspectivas, se recordó el enfrentamiento por el liderazgo que hubo entre Mateo y la Ernesta cuestionando ésta el espíritu comunista que debería tener debido a “las debilidades” de Mateo. Con Lázaro de mediador, se propone una votación entre los dos “proyectos”, siendo elegido mayoritariamente el de Mateo. Tiempos ilusionantes en los que Lázaro inició campañas de alfabetización por la comarca que a alguien le recordó las Misiones Pedagógicas de la II República y a María Zambrano.

No quedó en el olvido, por sus pinceladas simpáticas, la existencia de un prostíbulo conocido como la Venta del Buitre, situado entre Abra y la Nava de los Ángeles, “un burdelico donde las muchachas eran muy limpias y echadas para adelante” en el que alguien quiso destacar la ternura con que se trata el tema y la relación de amistad que mantuvieron con Mateo y Conchita y hasta económica con la Ínsula.

Pero lo peor que tuvo el ilusionante proyecto comunitario de la Ínsula Esperanza fue la época en que se puso en práctica, ya que tras casi dos años de funcionamiento con gran éxito, estalló la Guerra Civil. Al final, cuando las tropas sublevadas llegan al pueblo levantando una gran polvareda con sus camiones, Mateo leyó en alta voz el capítulo en que D. Quijote confunde la polvareda de las ovejas diciendo que eran ejércitos. Un juego de equívocos y otro guiño, uno más, al Quijote para finalizar…

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Todas las opiniones de la lectura coincidieron en que nos había gustado mucho: “Una fábula maravillosa sobre el mundo de los libros y lo importantes que son para sanar.” “Me ha encantado la sencillez de su escritura, el amor a los libros, el canto a la amistad y el poder de transformación social que tiene la lectura.”  “A mí  el libro me ha parecido una lectura estimulante.” “Una obra amena con muchos puntos irónicos y guiños a la Historia de la Literatura”. “Me ha mantenido la sonrisa mientras lo leía.” “El libro tiene muchos toques de humor.” ”He visto en la historia algo de realismo mágico a la andaluza.” “Los libros tienen tanto poder que nos están haciendo pasar estos días de otra forma. Se te olvida todo mientras lees.” “El libro es una inteligente ironía y sobre si estamos como cabras o somos borregos, creo que lleva razón: el socialismo es una utopía en este mundo de quijotes…”

Hasta aquí lo que comentamos en esta jornada tan especial. Nuestra próxima cita el jueves 21 de mayo a las 18 horas para comentar “Marianela” de Benito Pérez Galdós. Os esperamos, pero tod@s en casa.

¿Qué podemos aprender ahora?

¿Qué podemos aprender ahora?

(…) no te busques en el espejo,
en un extinto diálogo en que no te oyes.
Baja, baja despacio y búscate entre los otros.
Allí están todos, y tú entre ellos.
Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.

Vicente Aleixandre, En la plaza

Sabemos muy bien, antropológicamente, que la supervivencia humana se ha basado en la capacidad de aprender conductas nuevas, en un mundo de circunstancias siempre cambiantes. Un sistema de respuestas adquiridas y transmitidas socialmente, eso conforma básicamente una cultura. No somos el único animal capaz de generar cultura, pero no hay otra cultura igual a la humana. No juzgamos si mejor o peor… ahora no podemos. Más compleja… quizás. Con la subsiguiente e ilusa conclusión de que creemos que ya somos independientes de la naturaleza. Así que, durante el largo rato que duró este tercer Café filosófico on line, los que participaron supusieron que “aprendemos”, otra cuestión sería cómo aprendemos, qué tipo de aprendizajes o si olvidamos fácilmente lo aprendido. La diferencia, lo crucial ahora, es que la humanidad se ha de enfrentar a una crisis de supervivencia no vista desde hace mucho, quizás una crisis única, al ser más global que nunca su alcance. Y no se trata, sólo, de la pandemia que nos asola planetariamente, ya había otras crisis: ecológica, migratoria, nuclear, tecnológica, terribles hambrunas y desigualdades, crisis sistémicas, económicas, del modelo capitalista predominante, crisis de valores y de sentido… en fin, no seguimos. Y virus mortales, extendidos por la faz de la Tierra, también.

Así que, de nuevo, nos salvará nuestra capacidad de aprendizaje. Hasta ahora los sistemas humanos, cada vez más, han sido capaces de sobrevivir transformando el ambiente que les rodea, la naturaleza, poniéndola a su servicio. Así, la evolución biológica casi se detuvo en nosotros, desde que somos “homo sapiens” con capacidad técnica y tecnológica inusitadas. Desde entonces, sólo hemos evolucionado culturalmente. Y es posible, muy posible, quizás por primera vez, que tengamos que transformarnos a nosotros mismos, que no nos baste continuar cambiando el entorno biológico y material, sino que sea necesario un cambio de visión. Pero esto sólo aparecerá, si nosotros mismos hemos cambiado, si hemos aprendido a mirarnos a nosotros mismos al tiempo que miramos lo que nos rodea. Una mirada abierta. No una prolongación del pasado, ni una proyección futura de nuestros deseos. Una mirada limpia, sin pre-juicios. Sobre la naturaleza humana se han vertido dos visiones básicas, antagónicas, que se hallan debajo de muchas de nuestras discusiones. También lo estuvieron en el fondo de la discusión del pasado viernes. El hombre es capaz de lo peor, según Hobbes; el hombre es capaz de lo mejor, según Rousseau. Y luego, la postura mezclada: somos capaces de lo mejor y de lo peor… Pues bien, ¿sabemos mirar lo que nos está pasado sin estos aprioris? El grupo, del que este cronista relata sus andanzas conceptuales, se adentró en esta posibilidad, tan preciada en estos momentos que atravesamos.

¿Qué podemos aprender? Aquí, ahora. ¿Quién tiene que aprender, los individuos, las sociedades? Una clara conclusión del grupo apunta a la necesidad de no separar ambos aprendizajes, individual y social. No se puede de hecho. Y, respecto a la interrelación necesaria entre individuo y sociedad, se entretuvieron los participantes, sobre todo, en la presión que ejerce lo social (cultural e histórico) sobre los individuos considerados por separado, en cada uno de nosotros. El otro lado del círculo generador de realidades humanas queda pendiente para vosotros, que leéis esto. Como no se pueden desligar absolutamente, no es tan difícil pensarlo… Dicho de otro modo, no es tan difícil de imaginar nuestra responsabilidad individual, la de cada uno de nosotros, en la perpetuación de lo peor o en la búsqueda de lo mejor, momento a momento, tanto como seamos capaces. De todos modos, disponéis de otros cafés filosóficos, en donde esta vertiente ha sido tratada en profundidad.

–En estos tiempos, es obvio que hace falta una reflexión global, observar el funcionamiento de la vida, aprender de los sistemas vitales.

–Un replanteamiento de la política y para qué ha de servir…

–Quizás sea posible vivir con menos…

–Sí, pero no aprendemos –se queja amargamente una de las participantes. Y si aprendemos, lo olvidamos con demasiada facilidad.

–Aprendemos lo que queremos aprender… Ahí está el problema.

Un derrotero pesimista, o algo falto de energía, comenzaba a tomar por asalto el diálogo –que no es filosófico por los contenidos aportados, sino por la actitud reflexiva y crítica que adoptemos respecto a ellos–. Y se reconocía la causa de esa falta de fuerza, la dificultad para aplicar o poner en marcha los claros aprendizajes que muchas veces nos deja la historia de la convivencia humana: las estructuras de poder, que se atrincheran. Contra el aprendizaje, un muro de contención. Una fortaleza infranqueable. Y lo que parecía un añadido pesimista, al abordar las causas mudó en posibilidad. Toda una oportunidad que nos ofrece la actual crisis sanitaria. Comencemos por ver si la vieja fortaleza de estas estructuras de poder, estos bastiones de murallas colosales, el tiempo no le habrá podido ir dejando marcadas, al menos, algunas pequeñas grietas. Resquicios. Un poco de holgura, de vacío, en el que las partículas puedan danzar a sus anchas y generar nuevas realidades.

Puede ser que esta crisis, por fin, nos permita tomar conciencia global de un destino compartido, en el que no puedan quedar excluidos los demás seres, humanos y no humanos… Puede que tengamos que aplicar la “estrategia del yudo”, aprovechar la propia fuerza de la embestida contra sí misma, sin violencia, con paciencia, redirigir la fuerza del sistema hacia un bien mejor y más completo. Puede que, ahora sí, la inmensa cantidad de iniciativas individuales y grupales, tantos colectivos, ONGs, acciones solidarias que se reproducen por todo el mundo, ahora sí, cobren mucha más fuerza, comprendiendo que la responsabilidad es de todos, y que todos somos semejantes en el derecho al libre desarrollo de la vida. Y puede que esta crisis sanitaria global se una a la crisis anterior –económica, en los síntomas– del año 2008 en adelante, y que se una a las crisis de toda una época, y de un sistema de vida inviable urbi et orbi. Todo esto lo sabíamos y no lo queríamos saber, lo olvidábamos con facilidad, ocultando su cabeza de avestruz cada uno a su manera.

Pero, y si esta grieta actual en nuestras vidas y en nuestras conciencias miopes –política de seres atomizados e individuales– comenzara a sobrepasar el punto de no retorno, en las profundidades del edificio-fortaleza del sistema que se ha establecido, con tal aparente capacidad de resistencia y adaptación para seguir siendo el mismo, según la tan usada ley del Gatopardo: cambiar algo para que nada cambie. Y si… No lo sabemos. Lo que es seguro es que gozamos actualmente de una oportunidad única para el cambio, si nosotros mismos también cambiamos. Una vez más, ¿seremos tan estúpidos como para no aprender, o habremos llegado al borde del abismo y seremos capaces de sentir la caída en nuestras propias carnes, antes de caer del todo?. El Oráculo nos pregunta…

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¿Qué podemos aprender ahora?

¿Es importante fijarse metas?

Hay una enorme diferencia entre la vida y la tecnología. La vida es autógena: se re-crea, se crea a sí misma. Y aquí el verbo clave es el de «crear». La tecnología re-produce la vida, es decir, la vuelve a producir. El verbo clave: «reproducir»

Luis Sáez Rueda

¿Ponemos nuestra meta en el vivir mismo o en el modo tecnológico de vivir nuestra vida? Esto nos toca bajo la piel, en este estado de confinamiento forzoso… Señala hacia la dirección en que hemos decidido, quizás inconscientemente, por costumbre, mecánicamente, conducir el día a día, sin la actividad exterior, muchas veces frenética, que solíamos. ¿Necesitamos de la constante información o desinformación, el acompañamiento permanente del entre-teni-miento y la evasión diarios a través de sucesivas pantallas? La distinción que nos propone Luis Sáez Rueda –analista hondo y muy sensato de la realidad contemporánea–, se nos muestra decisiva: crear y recrearse, o bien, reproducir sin límites una ficción de la vida, producirla y, ahora que no podemos de igual modo, reproducirla, lo más parecido a la vida anterior, que ahora añoramos como si hubiera sido plena… Y, mientras tanto, dis-traerme, deseando que pase la mala hora y nos parezca cuanto más corta mejor, esta no-vida de ahora. Habremos de volver sobre ello, pues en este segundo diálogo filosófico (on line) era éste uno de los muelles donde amarrar sensaciones… Y, aparentemente, un contrasentido: también nos servimos de la tecnología en este encuentro… aunque, para encontrarnos y tratar de re-crearnos juntos, cada uno. He ahí la diferencia.

Después de afloradas las peculiaridades de nuestro café filosófico, que es un diálogo y no una superposición de opiniones, en donde tratamos libremente de pensar –mejor, juntos– lo que se dice, más allá del mero decir lo que pensamos –por separado–, como le gusta subrayar a otro luis, Luis García Montero, que lo aprendió del machadiano Juan de Mairena y lo reitera en sus Palabras rotas, nuestro café filosófico, que no trae decidido de antemano ni siquiera la temática del día, y así nadie tenga que defender su respuesta prefabricada, donde la sorpresa y la creatividad disponen de vía libre, después de referirse a todo esto, decimos, y de adaptar las reglas sencillas de este tipo de encuentros filosóficos, por mor de la manera virtual de producirse ahora, el conductor del mismo propone una tarea de autoexamen a los asistentes, y se nos van presentando, una a una, como personas de carne y hueso: ¿qué es eso que has comenzado a valorar mucho en este tiempo? Algo nuevo para ti, no algo que ya valoraras suficientemente… No nos lo puso tan fácil el moderador, aunque lo hubiera parecido al principio. Pues bien, ellos señalaron lo que sentían… y ahora te tocaría a ti.

¿Es tan importante fijarse metas? En el supuesto de la necesidad humana de trazarse metas que orienten nuestra vida y, aunque ésta consista en el transcurrir de un proyecto, como tanto se ha dicho, plantearse metas, ¿es siempre beneficioso, ventajoso o puede incluir algunos inconvenientes? Fijaos que el grupo de participantes no estaba allí para repetir pasivamente –reproducir, como se ha dicho–, supuestas ideas sino para pensar juntos, lo que implica tomar conciencia y con frecuencia cuestionar, convertir a las ideas preconcebidas en problema, problematizarlas. De lo contrario, tampoco estarían dialogando filosóficamente. Y ellos fueron directos a la diana. No hace falta enumerar casos y casos, en los que se aprecie ora alguna ventaja, ora algún inconveniente del vivir acorde a una meta. Todo eso ya lo habían contemplado… porque lo habían vivido. El ambiente que se ha ido gestando es capaz de dar a luz respuestas maduras, lúcidas. Y no hablamos de respuestas ciertas, pero sí certeras. Entre todas van alumbrando algo de la verdad buscada.

– El problema está en adherirse a una meta, fijarse a ella, apegarse, como la única y mejor meta posible.

– La meta cumple bien su función si otorga sentido, siempre que dé sentido, pero no ya a una vida completa para siempre, sino a la vida que está viviéndose en cada momento.

– Efectivamente, nos viene bien para vivir si no es una meta absoluta, omniabarcadora, ni tampoco una dispersión de metas; un punto medio, una meta que no te coarte ni te desoriente, empática y acorde a ti.

– Y se continúa indicando: que la meta no esté muy alejada de tus posibilidades, pero tampoco que te sustraiga el beneficio del esfuerzo, que no sea ni muy exigente ni muy laxa.

–Es decir, no una meta inalcanzable que te arroje al fracaso, pero tampoco una ausencia de meta, que te conduzca a la desesperación.

Dos analogías te aporta el grupo, que aclaren mejor lo anterior, ese fino equilibrio entre meta y ausencia de meta: a) un caballo de anteojeras puestas, que se perdería un sinfín de posibilidades de comer yerba fresca; b) una carrera de galgos, donde la liebre-señuelo no salte fuera de su alcance –los galgos dejarían de correr– ni tampoco una presa fácil de atrapar –pues no habría carrera–. Y, cabría preguntarse, además, si una vida que no satisfaga una meta, ya por eso sería una vida fracasada. Recuerdan los participantes la importancia del camino mismo, aquello latente que recogía Antonio Machado en su cantar: “caminante, no hay camino / se hace camino al andar…”. Pero esta vía de la indagación, aunque estuvo siempre presente, vino a ocupar un menor espacio que la distinción e interrelación entre “meta” y “motivo”.

Las metas pueden ser cercanas o lejanas, inalcanzables; los motivos: motivadores o desmotivadores, cuando no son asumidos como propios. La meta es lo que te orienta, el motivo lo que te impulsa. ¿Son en el fondo lo mismo? Sí y no. La holgada discusión dio buena cuenta de ello. Y, también, a partir de un esquema procedente de Inmanuel Kant, aplicado al conocimiento humano: los motivos son ciegos sin una meta, pero las metas sin motivación están vacías. Así es nuestra experiencia. No movilizan las solas metas. Los motivos se dispersan, desorientan y se frustran, sin una meta clara al menos. Y la clave para orientarnos, que te ofrece el grupo de investigación allí presente, es ésta: los motivos, que sean tus motivos; las metas, que sean tus metas. Propios, no ajenos. Internos, no externos. Fruto de un descubrimiento, no enlatados socialmente, re-producidos. Y, para ello, he de re-crearme continuamente. La recreación hecha hábito en uno mismo.

Nos lo proporciona esta situación actual de confinamiento, la ocasión para un recogimiento interior, que no es un aislamiento del exterior. Re-descubrir qué me mueve, qué me moviliza, qué quiero ser, o mejor todavía, quién quiero ser, más acá de la vorágine de circunstancias y acontecimientos que no dependen de mí, para poder trascenderlos, ir más allá de ellos, conmigo dentro. Una oportunidad, que puedo aprovechar o desaprovechar, si simplemente me limito a vivir lo que antes vivía, ahora a partir de nuestros extensos medios audiovisuales, utilizados más intensivamente que nunca –no nos atrevemos ni a imaginar qué hubiera sido de nosotros, en estos momentos, sin ellos–. Y esto no está negado, ni agradecer el que dispongamos de ellos para poder comunicarnos, incluso para entre-tenernos unos con otros, pero miremos que no sólo sea eso… Last Train Home (Pat Metheny) Éste es nuestro último tren a casa… y no porque sea el último, no, sino porque éste es el que está pasando, ahora mismo, delante de nosotros. ¿Y cuál es nuestra casa? La que nunca hemos abandonado del todo: nuestro propio “templo” interior. Muchas salas que explorar…

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¿Qué podemos aprender ahora?

¿Se puede vivir con miedo?

porque el héroe se hace con el miedo / sobre todo su miedo / a partir de su miedo / se hace héroe el héroe / ahuecando el miedo / y llenándolo de acción / para entumecerlo / haciendo tiempo en lo hermoso / haciendo tiempo en lo vivo.

Chantal Maillard, Escribir

El café filosófico previsto del mes de marzo hubo de anularse, todos pueden pensar por qué; y se ha retomado on line una semana después, todos sabemos por qué. Si la filosofía ha de estar presente, éste es nuestro presente, aquí y ahora, una pandemia que nos ha confinado forzosamente en casa a la mayoría, los más afortunados. Algunos ni tienen dónde recluirse, mientras que otros se juegan la vida a diario, para que la supervivencia sea posible sin demasiados sobresaltos. Todo un experimento social y toda una experiencia personal, donde la filosofía tiene que poder jugar un papel importante. La filosofía, especialista en crisis, en vivir la incertidumbre, la duda, el cuestionamiento constante, el no conformarse, la desidentificación… en suma, la búsqueda de cómo somos, ahondando en quiénes somos. De igual manera, nuestro veterano café filosófico, dentro de sus limitaciones, adaptándose, ahora a través de una pantalla.

Pónganse cómodos –zapatillas y pijama o chándal–, pongan a punto su café u otra cosa y nos vamos… para llegar. El espacio filosófico está despejado… no hay peligros que nos acechen, tan sólo técnicos. Un espacio de diálogo filosófico y, si es un diálogo, interactivo. Los participantes colaboran para hallar algunas respuestas básicas, sobre aquello que más les concierne en un momento dado. Éste de ahora. Dialogar no es acumular opiniones, no es exponer una tesis a través de una minicharla, tampoco tratar de convencer a nadie ni ganar alguna batalla, o contar mis batallitas. Más bien, la coordinación de varias mentes, colaborando, investigando juntas, que buscan lo mejor de que son capaces, orientando su trabajo hacia el bien y la verdad… Si conviene a todos, me conviene a mí mismo y viceversa… A mí mismo en el fondo, desde el fondo, no a cualquiera de mis personajes.

El conductor del encuentro propuso comentar brevemente un texto que le había llegado a través de otros amigos; no está clara su autoría (atribuido a Carl G. Jung en Internet, parece ser que es un cuento de Alessandro Frezza). El texto plantea una paradoja, que los participantes entendieron y salvaron con mucha facilidad: si por una cuarentena (en este caso debido a la peste), el capitán de un barco a un chico, que empieza a angustiarse por el confinamiento a bordo, al que le duele no poder bajar y abrazar a su familia, privarse de ello, le dice: “Prívate aún más de algo” (…), pues “si te privas de algo sin responder de manera adecuada, has perdido”. Dos ideas-clave, que estaban supuestas: primero, que una privación forzosa no es libre, pero una autoprivación es libre; segundo, que no puedes cambiar la situación de confinamiento forzada, pero sí la manera de responder ante ello (recordemos al estoico Epicteto). Y, a continuación, el relato enumera las nuevas costumbres que se autoimpuso dicho capitán, en una anterior experiencia de aislamiento: ser consciente de que otras personas lo están pasando peor, comer menos y alimentos más sanos, estar atento a mis pensamientos dañinos y darles la vuelta para verlos de otro modo, leer algo nuevo, hacer ejercicio físico, realizar respiraciones profundas por la mañana y, por la tarde, dar las gracias por todo lo que he podido vivir hasta ahora, practicar la meditación, no pensar en lo que no puedo hacer, sino en lo que sí puedo hacer, y en lo que podré hacer después de este período, entrenar la capacidad de espera, gozosamente… Y acaba con una apelación al desarrollo interior: “Sí, aquel año me privaron de la primavera, y de muchas más cosas, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro, y nunca nadie más habría podido quitármela”. De ahí que el moderador pidiera a los participantes examinar su vida de ahora, y que trajeran al diálogo “algo nuevo que habían comenzado a hacer o que lo hubieran retomado”, a consecuencia de este confinamiento en que vivimos. Y, como ellos, vosotros también podéis mirarlo.

¿Cómo gestionar nuestros miedos?, fue la pregunta que se formuló por parte de la persona que propuso la temática del miedo, esa tarde, por votación, aquella tarde lejana en la distancia, pero compañada en la cercanía de nuestras pantallas. Sin embargo, hubo de reformularse la pregunta: “gestionar” suena muy administrativo, muy económico, mejor “sobrellevar”, “convivir”. Así pues, ¿cómo convivir mejor con nuestros miedos?

– Para poder convivir con el miedo hay que saber la causa.
– Pero sin huir de lo que lo produce, hay que aprender a sobrellevarlo.
– Sí, hay que “normalizar” el sentir negativo que acompaña al miedo.
– ¿Qué habría que lograr primero, ¿buscar la causa o estabilizarlo en nosotros? –pregunta el moderador.
– Cuando tenemos miedo, está claro, el punto de partida ha de ser calmarnos, aceptar nuestro miedo, y luego averiguar la causa y examinarla –estuvieron de acuerdo, los participantes.

Ya iba quedando más claro que la manera preferible de vivir el miedo pasaba por nuestro autocontrol, o la capacidad aprendida para regularlo. Algo que puede desarrollarse con el vivir y el estar atentos al vivir…

– Pero, entonces, el miedo, ¿posee un origen exterior o interior? –pregunta el moderador. Está inducido por algo que nos sucede o por algo que está en nosotros y que reacciona con temor…
– Es exterior…
– Es interior…
– Pero, cuando es exterior, ¿no es también interior?
– Siempre.

Esto llevó al grupo a detenerse un momento en la diferencia entre preocupación y miedo: la pre-ocupación conlleva hacerse cargo de antemano de aquello que nos apremia, prestarle atención, lo que no tiene por qué ir acompañado de ningún tipo de miedo. En el miedo, sin embargo, hay un temor acerca de algo importante en nosotros, en último término, nosotros mismos, nuestro ego o personaje construido a lo largo de la vida en la interacción entre nosotros y las circunstancias, que está en peligro. Y una de las participantes –ya que se hablaba de lo nos sucede y de nuestra respuesta a lo que nos sucede, y cómo nos conforma– introdujo una bonita descripción, basada en los instintos, pues valdría para todo tipo de animal, humano y no humano: ante el miedo atacamos, huimos o “nos hacemos el muerto”. Y se analizaron algunos ejemplos emblemáticos… También, efectivamente, nosotros reaccionamos así ante situaciones que nos producen miedo. Y esas conductas las podemos apreciar en nosotros mismos o en los demás (aparentemente) estos días, en los que tantos temores están aflorando, ante tanta incertidumbre, que nos había llevado a plantear ente otras cosas, precisamente, esta cuestión del miedo como centro de nuestro café filosófico del día.

Es correcto, todas las mencionadas reacciones con también humanas, muy humanas, como diría Nietzsche, experto en sótanos de la humanidad, pero, ¿es posible que los seres humanos añadan sus peculiares formas de responder al miedo? Una esclarecedora discusión que hubo finalmente de contrastarse con los casos, con la experiencia de casos humanos. Pues bien, una respuesta propia del ser humano es el arte, se dijo, una manera de sublimar, aplacar, convivir con el miedo de una manera creativa o productiva. Y también, podemos aprender a controlar el miedo, tal se dijo antes, regularlo, como toda emoción que propenda a arrastrarnos con ella. Se trajo a colación el ejemplo que mencionaba un conocido antropólogo, Marvin Harris: entregarse de manera voluntaria y sumisa al dentista es algo sólo al alcance de ese raro animal humano. Pero el ejemplo decisivo fue el que aportó una de las participantes más jóvenes, tan actual: los sanitarios y las personas que están diariamente en primera línea de la pandemia, no es que no tengan miedo, es que aprenden a vivir con él. Aprender a convivir con el miedo…

El diálogo filosófico había seguido su curso, pues habíamos reflexionado, examinado, nos habíamos distanciado, habíamos sentido y comprendido juntos, nos habíamos elevado por el encima de lo vivido a diario en nuestras casas, para volver luego sobre ello más lúcidos, más conscientes, el diálogo filosófico, decimos, había trazado un círculo para llegar al punto de partida. Aunque, todo el movimiento del ciclo anterior no había sido en vano… Éramos más ricos. A la pregunta: ¿se puede vivir con miedo?, la respuesta de aquella tarde fue capaz de llegar a ser: no, sería una vida difícil de vivir, pero se puede vivir con el miedo. Ahora ya sabíamos algo más, lo que significa convivir con el miedo. Y que es posible, que puede aprenderse y desarrollarse. Incluso, puede ser aconsejable… menos peligroso, lo más prudente. Llegados a este momento, ahora es tu turno… ¿vas a sentir miedo, conscientemente, o vas a identificarte y a dejarte arrastrar por él?

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De ratones y hombres – John Steinbeck

De ratones y hombres – John Steinbeck

Fecha: 20 de febrero                                  Hora: 20 h.

Lugar: “Hotel Torremar”                           Torre del Mar

Resumen del libro

De ratones y hombres narra la historia de Lennie, un deficiente mental, y su compañero y ángel de la guarda George, dos braceros al borde de la indigencia. Contratados en una granja regentada por un ex boxeador, la insatisfecha esposa del patrón pone en serios aprietos a Lennie, que la mata accidentalmente y huye al bosque. Un conmovedor canto a la amistad y sobre todo una novela intensa con unos diálogos ejemplares y perfectamente construidos, de la que ningún lector podrá olvidar su desenlace.

Resumen de la sesión

Al hablar de esta obra que comentamos hoy de John Steinbeck, recordamos que su autor fue Premio Nobel de Literatura en 1.962, pero además, escribió entre otras muchas, “La perla”, “Las uvas de la ira” o “Al este del Edén” llevadas al cine o al teatro  con un éxito extraordinario. Precisamente “De ratones y hombres” podría considerarse en su estilo como novela-teatro por su lenguaje sencillo, personajes sencillos y técnicas literarias sencillas. Alguien apunta que en su publicación (1.937) fue un libro muy polémico, ya que se acusaba a Steinbeck de utilizar un lenguaje muy vulgar; sin embargo hoy se lee en todas las escuelas de EEUU de forma obligatoria.

Situamos la historia en la Gran Depresión estadounidense de los años 30 y nos narra la vida de dos temporeros, George y Lennie, con un tipo de trabajo muy frecuente en esta época, llegando a Soledad en California. Claro que lo normal es que los trabajadores fueran solos y no acompañados como en este caso, siendo la soledad una de las numerosas denuncias – y que citaremos más adelante – que se relatan en este breve libro. La relación entre ellos dos es de amistad pero desempeñando el primero el papel de “tutor” del segundo por encargo de la tía de Lennie, Clara, ya que es tremendamente fuerte, pero deficiente mental, lo que va a llevar a George a vivir situaciones muy comprometidas provocadas por Lennie. Las causas que pudieron llevar a este   compromiso originó un pequeño debate, siendo una de las muchas dudas que va a provocar Steinbeck a lo largo del libro. También se recordó que esta historia está basada en la propia experiencia del autor que tuvo una vida de vagabundo y temporero en su juventud.

Una de los temas fue el analizar la personalidad de Lennie, llegando a la conclusión de que no tenía maldad, considerándolo como un niño pequeño y como tal eran sus comportamientos. Alguien comentó que George lo mimaba mucho pero se le rebatió diciéndole que más bien eran muestras de cariño y amor hacia él dadas sus limitaciones. Se alaba el compromiso de George con su cuido, a pesar de los problemas que le causaba, aceptándolo como era a pesar de las numerosas correcciones que le tenía que hacer. Se señala lo complicado que era tratar a personas como Lennie, y sin embargo George, a pesar de su rudeza como campesino, empleaba una gran habilidad hablándole con gran dulzura y repitiéndole una y mil veces aquel cuento interminable de los conejos que él iba a criar en un terreno que comprarían algún día. Como le chillaran, Lennie se volvía agresivo, como le pasó en el pueblo de Weed cuando al querer tocar el vestido de una de las chicas de la cantina, ésta empezó a chillar diciendo que la quería violar. El resultado fue que tuvieron que salir del pueblo de forma precipitada huyendo de los vecinos que los querían linchar. Este fue el motivo de su llegada a un nuevo rancho de Soledad donde se desarrolla la historia que cuenta este libro.

Para ver la dependencia que tenía Lennie de George, se comentó el momento de tensión que originó Crooks, el cuidador de caballos, de raza negra, cuando hablando con Lennie en su habitáculo le insinúa a éste que George, que ha ido a divertirse al pueblo con sus compañeros a pasar la noche del sábado, no piensa volver y se va a quedar ya solo para siempre. Al ver la cara de violencia de Lennie, tuvo que rectificar rápidamente diciéndole que ya estaban al llegar todos. La relación de Crooks con el resto de peones del rancho será también una muestra del racismo imperante en aquel lugar.

Se comenta que Steinbeck relaciona en sus obras a las personas con la naturaleza, siendo este libro un ejemplo de ello. La ilusión de George y Lennie era la de todos los campesinos: tener una propiedad donde ellos fueran dueños de sus decisiones. Es una historia muy bonita – se dijo – que continúa cuando el anciano Candy, barrendero del rancho, también quiere formar parte del “proyecto” de George y Lennie de poseer un terrenito para sembrar maíz  y una pequeña granja con un perro, conejos, una cabra y una vaca, donde ellos decidirían cuando iban a dejar de trabajar. Esto le alegra la vida al  triste de Candy que lo veía como una realidad, llegando a ofrecer todos sus ahorros para que esta idea fuese realizable. Alguien opina que este proyecto no podía ser viable, pero lo hacían para ilusionarse por la vida tan miserable que llevaban o para hacer George feliz a Lennie y controlar así su comportamiento. La opinión de que era inviable se basaba en el argumento de Crooks, que manifestaba que todos los trabajadores decían lo mismo y luego se gastaban el dinero en bebida y mujeres. Se matiza que este sueño lo tuvo George mientras tuvo a su lado a Lennie, pensando después en sobrevivir como hacían todos, según  interpreta alguien tras el desenlace final. ¿Mantendrían George y Candy el proyecto sin Lennie? Se opina que es una duda más que nos deja Steinbeck en el aire para que cada uno le ponga su final.

Se aporta la relación de temas que se tocan, de una u otra forma, en el libro: la amistad, la solidaridad, la soledad, el racismo, las ilusiones, la vejez, el abuso de autoridad, la compasión, la supervivencia… Muchos e interesantes.

Otro de los personajes que analizamos, es el de la única mujer que aparece en la obra (sin contar a la tía Clara) y que curiosamente el autor no le pone nombre: la mujer de Curley (hijo del patrono del rancho). Es una mujer desgraciada por el trato que recibe de su marido que no le hace caso al ser un matrimonio de conveniencia para ambos, donde él sólo veía poseer su figura atractiva y ella su poder económico. El marido, antiguo boxeador profesional, sólo se dedicaba a retar a los demás buscando pelea, viendo ahora al fortachón de Lennie como alguien a quien provocar. Ella, ante la soledad a que le somete su marido, busca conversación y compañía entre los hombres que trabajaban en el rancho, recibiendo el desaire de la mayoría y los celos del machista de su marido que siempre la estaba buscando por el rancho preguntando a los trabajadores por ella ya que “no se fiaba” de su comportamiento, pensando, incluso, que tenía alguna relación con Slim, el mulero, quizá el más respetado del rancho por el resto. Al igual que con Curley, Lennie también va a ser objeto de la atención de su mujer con dramáticas consecuencias. No trata Steinbeck muy bien a las mujeres en esta obra, ya que los dos casos en los que intervienen mezclándose en la vida de Lennie, lo hacen de forma muy desagradable para los intereses de éste o bien para citar las visitas que hacen los trabajadores a los prostíbulos los fines de semana.

Otro de los temas que denuncia el libro es el de la vejez, representado por el trato que se le da al perro de Candy y a éste mismo. Carlson, uno de los peones del rancho, convence a su dueño para que sacrifique de un disparo a su perro que estaba ciego, apenas comía y echaba muy mal olor. Discrepancias en el debate sobre si se hizo bien o no al matar al perro de Candy. Lo que sí se vio fue un paralelismo entre la vejez del perro y la de su dueño; la situación de las personas de edad avanzada dentro de nuestra sociedad. Otro aspecto que se analizó fue el que Candy se arrepintiera de haber dejado que Carlson sacrificase a su perro en vez de haberlo hecho él mismo. Steinbeck nos está anunciando con este incidente el desenlace final pero con otros protagonistas.

Me ha parecido una obra muy dura, durísima – manifiesta otra asistente – , cómo en una obra tan corta se puede exponer un fatalismo social tan duro. Personas que están condenadas a repetir roles y a no poder salir de su círculo. Parece que en ciertos momentos van a conseguirlo pero es la realidad de un fracaso, de gente que parece que van a salir a flote pero no lo consiguen. También quiso resaltar lo tremendamente circular del argumento del libro que empieza y finaliza en el mismo lugar, así como la simbología de las muertes del ratoncito y del perrito por las caricias de Lennie y el aviso que le da George de que si alguna vez le pasa algo se dirigiese hacia el río junto a las cañaveras,  el mismo lugar de su llegada a Soledad.

Para otro de los asistentes han sido dos los temas que le han hecho recapacitar. Primero, la vida de los campesinos, de los temporeros; una vida monótona con muchas privaciones y necesitando de la diversión en las cantinas como único escape. Una vida amarga a pesar de las ilusiones que se montan. Segundo, el cargo que se echa George, con Lennie, persona discapacitada en el que el nexo no es la familia, sino la amistad. Además, ambos se complementan perfectamente.

¿Os esperabais el desenlace final?, se preguntó. Algunos opinaron que desde que George le dice a Lennie dónde tenía que acudir si ocurriese algo lo pensaron, así como  que iba a tener problemas con la mujer de Curley dado su carácter coqueto con los hombres y las características de Lennie que ya había tenido problemas con otra mujer en el pueblo de Weed. Lo que ocurrió entre Lennie y la mujer de Curley fue fruto de la provocación de ésta que desconocía las debilidades y limitaciones de Lennie en las demostraciones de afecto y cariño hacia los demás. Lennie no quería matarla; a lo más que llega es a reconocer que ha hecho “algo malo” que va a disgustar y enfadar a George. A mí me sorprende el final junto al río – decía alguien – ya que lo que hace George es cometer un asesinato. Esta opinión fue inmediatamente rebatida por una mayoría que vieron en ello más un acto de amor que otra cosa, ya que lo que George quiso evitar con su acto, fue la venganza y el linchamiento que Curley y el grupo de peones del rancho pensaban realizar si encontraban a Lennie. Solo George y Slim entendieron realmente lo que allí había ocurrido.

Para finalizar, alguien comparó el último momento de George con Lennie con la escena de la película “La vida es bella” donde el padre se despide de su hijo jugando o las imágenes que hemos visto estos días en TV de la guerra de Siria en las que un padre hace reir a su hija, para huir del dramatismo del momento, mientras explotan las bombas a su alrededor. Cómo en esos duros momentos alguien es capaz de deformar la realidad convirtiéndola en algo divertido para evitar el sufrimiento. George hace disfrutar a Lennie repitiéndole una y otra vez la historia del terrenito, los conejos y demás animales que van a tener, mientras llega el triste y macabro momento. No hay sufrimiento. George, es una persona que fue capaz de cumplir hasta el último instante, y a pesar de todo, el compromiso que había adquirido ante  la tía Clara de cuidar de Lennie.

 “El libro es cortito y, como los perfumes concentrados, una maravilla”, aportaba de una de los asistentes. Cada personaje es para analizarlo individualmente y el mensaje y el compromiso social de Steinbeck, manifiesto. Un libro precioso.

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Próximo libro: “El poder”                                      Autora: Ana Rocío Ramírez

Fecha: 19 de marzo                                                 Hora: 20 h.

Lugar: “Hotel Torremar”                                            Torre del Mar

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