Sobre la cuestión del género

Sobre la cuestión del género

Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.6

15 de marzo de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas

¿Hay diferentes géneros humanos?

            Heráclito de Éfeso, nuestro campeón antiguo del cambio, llamó la atención, filosóficamente, acerca de la impermanencia de lo que hay. Uno de los aspectos más visibles del mundo con que existimos. Todo fluye continuamente. Pero si no deja de fluir, es que conserva una constante. Este cambio permanente se sucede a un ritmo determinado, y no de cualquier manera. Un orden oculto sería visible para todo aquel que sea capaz de verlo. Heráclito llamó Lógos a este orden, raíz de toda la lógica, toda la razón, toda norma y regularidad que hemos ido buscando hasta llegar a nosotros, todas las palabras, con las que hemos querido ordenar nuestro mundo diciéndolo. De manera que, si estamos atentos, observaremos cambio y observaremos constancia. Qué es primero, el fluir o el ser, tendrás que experimentarlo por ti mismo viviendo esta vida que vivimos. Y tomar conciencia. Como hicieron los participantes: ¿Qué sería una constante en mi vida?

Nada sucede en vano, decía Aristóteles, todo está enlazado, sólo hay que mirar para poder ver. Y con esto disponéis de una clave extraída del diálogo filosófico, sucedido esa tarde, casi primavera. Si queréis… aclararos un poco con la actual y tan controvertida cuestión del género (humano). Cambio y permanencia, uno y múltiple, realidad y apariencia. Ya los primeros filósofos, antes del dominio de la razón lógica, y luego calculadora, después de arduas discusiones internas y entre las escuelas, nos proponían que todo eso es lo que hay. Lo uno y no-uno, lo otro. Así que, ¿se puede hablar de género entre nosotros? ¿Qué se quiere decir con ello, qué queremos abarcar con la idea de género? ¿Es una idea, es una realidad? ¿Biológica, cultural e histórica? Porque, en las taxonomías de la ciencia biológica, sólo hay un género, el género humano. Porque, si hablamos de géneros, no son hombre y mujer, sino dos categorías delgénero humano: femenino y masculino, que pueden estar presentes, tanto en hombres como en mujeres, en una proporción determinada. Porque los sexos se dan, pero quizás no se sientan como tales, personal o individualmente, sino que más bien sean una atribución social, uno rol esperado y exigido por la comunidad; para no liarse, para simplificarse, para simplificarnos, para ordenar el mundo con palabras, y yo no perderme; ante tanta diversidad, tanta riqueza que me sobrepasa… Aquellos griegos eran unos adelantados y se sentían mucho más cómodos con la cuestión del género que nosotros. Basta leer el Banquete de Platón y su maravilla en medio, el mito de los tres géneros, del que tenéis un fragmento más abajo, y que os recomiendo su lectura con efusión. Abre la mente clasificatoria adquirida.

Con inteligencia –esa de la que ya se habló en el encuentro del mes de enero– los participantes asumen como propia la necesidad de dedicar el mayor esfuerzo de la discusión a aclarar qué llamamos género, con la esperanza de que esto pueda ir disolviendo tanta incertidumbre y discrepancia, tanta vehemencia y sus vísceras, siempre que se aborda esta cuestión del género, o sus aledaños. No en vano, por poco no se condujo por ahí la reunión…, suerte que no llegó a desbocarse, como es lo habitual, suerte que reinó la inteligencia, la escucha abierta y la contrastación tranquila de ideas y convicciones. Esto fue posible, entonces, gracias a la actitud positiva de los participantes. Y así, están en disposición de ofrecerte una pocas y sensatas conclusiones, que este relator espera que te sirvan de ayuda. Éstas fueron algunas que recuerda:

Que, en términos aristotélicos, primero es la persona (sustancia) y luego viene el género (accidente); que el género se construye socialmente, culturalmente, históricamente, con sus correspondientes roles. Que el género puede verse objetivamente, subjetivamente o intersubjetivamente, y que mucho depende lo que digamos de la perspectiva que adoptemos en un debate; y que, por consiguiente, depende de lo que asociemos a la división por géneros; de ahí tanta discrepancia, que a veces se transmuta en agria discusión. Que la diferencia, la diversidad, la variedad creciente dentro del género, que lo rompe en unos cuantos pedazos, es positiva, es rica, es transformadora. Que el problema –y por eso las reivindicciones de tipo feminista– aparece cuando esas diferencias se vuelven desigualdades, injusticias, relaciones de poder abusivo; ligar las categorías del género a los juicios “superior” e “inferior”. Que debemos estar atentos a la “paradoja de la igualdad para mí”, sin reconocer la igualdad del otro…, ¡no puede ser de otra manera, si es igualdad, que seamos iguales! Lo mismo de igual que te sientes tú, has de sentir al otro…, porque, además, resulta que así se siente el otro. Y un caso práctico, recogido de uno de los participantes: si en el baño de chicas entra un chico aduciendo que se siente chica, ¿debemos aceptarlo con naturalidad? (O viceversa). ¿Qué es lo que debería causarte extrañeza o rechazo, el no conocer a esa persona, o que se sienta como tú con diferentes atributos biológicos? A ver, ahora es tu turno…

         En efecto, cada uno de nosotros es un símbolo de hombre, al haber quedado cortado como dos lenguados, dos de uno solo. Por consiguiente, cada uno está buscando siempre su propio símbolo de sí mismo en otro (su otra mitad). Así pues, cuantos seres humanos son sección del ser que participaba de los dos sexos, el que entonces se llamara andrógino, son aficionados a las mujeres, y pertenecen a este linaje la mayoría de los adúlteros; y también las mujeres aficionadas a los varones y las que son adúlteras. Pero cuantas mujeres son de sección de mujer, no prestan excesiva atención a los varones, sino que se inclinan más bien a las mujeres, y de este linaje nacen también las mujeres homosexuales o lesbianas. Y cuantos varones son sección de varón persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, como rodajas de varón que son, aman a los varones y gustan de abrazarse y acostarse con ellos; y estos son los mejores de los jóvenes y adolescentes ya que son los más viriles por naturaleza.

También ellas cuentan – Vicky Fernández

También ellas cuentan – Vicky Fernández

Fecha: 21 de marzo                                                   Hora: 20

Lugar: “Hotel Torremar”                                          Torre del Mar

Resumen del libro

Las protagonistas de cada uno de los relatos que componen este libro son mujeres que en un momento de sus vidas tuvieron que tomar importantes decisiones, y que con valentía, esfuerzo y determinación emprendieron un camino difícil. Mujeres anónimas que en este libro adoptan nombres y apellidos ficticios. Mujeres sencillas, únicas y luchadoras que han existido, existen y seguirán existiendo en la historia de la humanidad.

Resumen de la sesión

Si siempre resulta agradable e interesante el hecho de comentar un libro en grupo como hacemos cada mes en el Club de Lectura, mucho más lo es cuando se tiene la suerte de contar con la presencia de la autora o del autor de ese libro.

Este jueves nos acompañó Vicky, la autora del libro, y con ella pudimos profundizar en cómo se fueron gestando estos ocho relatos muy significativos en los que ha querido tocar diferentes papeles cuyas protagonistas son mujeres. Pero, ¿porqué estas historias? Y nos da su explicación en que tiene miles de relatos de muchas temáticas diferentes, numerosos apuntes, datos e investigaciones de historias reales que le han llevado a plasmarlas usando personajes ficticios. Y nos explica cómo lo hace. Es como un puzle donde vas combinando retazos de las distintas historias que te han ido contando diferentes personas. Otra de las características de estos relatos es que en ellos se han visto reflejadas, en diferentes presentaciones del libro, algunas de las asistentes a dicha presentación. Y es que (en este detalle puso mucho énfasis) cuando se escribe, los personajes, al igual que los hechos, deben ser creíbles. Esta característica fue resaltada por parte de los asistentes a la tertulia, ya que casi todos los personajes femeninos que se describen en estos relatos fueron identificados con alguien o con alguna historia conocida vinculada a lo que se cuenta de estas protagonistas.

También hablamos de la importancia de conocer la propia historia familiar y el desconocimiento, que en muchos casos, se tiene de ella. Lo necesario que es que hagamos que hablen, antes de que falten, los que tengamos personas mayores en la familia. Reflexionamos sobre los silencios habidos durante la postguerra en España, especialmente en los años cuarenta y cincuenta y del desconocimiento de esta época entre los jóvenes de catorce a dieciocho años. De la ocultación, a conciencia, de esta información en los libros de texto…

Nos animó Vicky a que escribiéramos también nosotros. Ella empezó a escribir desde pequeña y tiene rachas respecto a la intensidad. Hay Cursos para aprender a escribir – nos aconseja – pero es muy importante compartir lo escrito y perder el pudor que muchas veces se tiene para enseñar lo que hemos elaborado. Ayuda, por supuesto, leer mucho y cuando tratemos sobre hechos históricos hay que tener mucha fidelidad con los datos comprobándolos fehacientemente.

Comentamos las protagonistas de estos relatos:

Elvira Galíndez, Maestra de Llano Bajo, en cuya persona Vicky quiere homenajear a las Maestras de la República y la gran labor que hicieron para llevar la cultura a los lugares más escondidos de nuestro país.

Jacinta Valdés, ejemplo entre otras muchas mujeres, que en la postguerra fue capaz, ella sola, de sacar adelante a seis hijos. Si la guerra en España fue desastrosa para todos, más aún fue la postguerra para los que la perdieron y Jacinta fue una de ellas.

Custodia Narbona, que fue concebida con el único objetivo de “custodiar” a su hermano Andrés, discapacitado mental y más adelante, cuando éste falleció, tuvo que cuidar de sus padres y de una tía. Perdió su infancia y la juventud; ahora con cuarenta y tres años y completamente sola, sigue buscando la felicidad…

Adriana Beltrán, postulante en el Convento de las Carmelitas Descalzas y a la que le asaltan las dudas ante el paso que va a dar al tener que elegir entre el amor a Pedro o las promesas realizadas a su abuela de consagrarse a Dios.

Lola Robles, que deja a su familia, a sus amigos, a sus costumbres y tiene que adaptarse a unos nuevos hábitos y un idioma desconocido. Un homenaje a las mujeres que vieron en la emigración, durante los años sesenta, la forma de salir adelante en una España falta de recursos para la juventud.

Soledad Silvano o cómo salir adelante de la desdichada y traumática infancia que le tocó vivir; hija única; padre alcohólico y una madre enferma.

Aurora Aranda que nos recuerda, como protagonista, uno de los sucesos más trágicos y a su vez silenciados de la Guerra Civil española: la huída  de miles de malagueños por la carretera de Málaga a Almería para llegar a esta capital que todavía permanecía fiel a la República; la conocida como “La Desbandá”.

Carmen Losada, que estudió en las monjas claretianas donde la educaron para ser una buena esposa, madre y una hacendosa ama de casa. De pronto se encuentra delante de un baúl desvencijado donde va a recomponer el rompecabezas de su pasado. Con cuatro hijos, cuatro hijas políticas y nueve nietos, se encuentra completamente sola. La lectura y la escritura su refugio.

Y Vicky se hace y nos hace una última pregunta: ¿Por qué la vida de tantas mujeres anónimas, luchadoras, que han demostrado y demuestran su valentía y su trabajo día a día, no se han valorado jamás en la evolución y en la historia de la humanidad? Pienso que también ellas cuentan.

Gracias Vicky, por todo lo que nos ha enseñado este libro y por tu compromiso en la vida.

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Próximos libros: “La uruguaya” de Pedro Mairal           y

                             “Nosotros en la noche” de Kent Haruf

Fecha: 25 de abril                                   Hora: 20h.

Lugar: “Hotel Torremar” de Torre del Mar                            

Sobre las adicciones

Sobre las adicciones

¿Es posible que haya buenas adicciones?

Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.5

15 de febrero de 2019, cafetería Bentomiz, 17:30 horas

¿Es posible que haya buenas adicciones? Seguramente tu postura será contraria. Sin embargo, ¿dispones de una respuesta clara que certifique dicha intuición? Para eso, precisamente, sirve reunirse con otras personas como tú, aunque sean diferentes en edades e intereses específicos, para aclararse uno mejor a sí mismo. ¡La utilidad de lo inútil!, que dicen con razón… Además, habrás de saber que es bastante complicado vivir cada día sin una mínima confianza…, vivir con desconfianza, vaya. Podíamos decir que la confianza es una especie de “entrega activa y consciente a algo o a alguien”. Vivir mínimamente centrados, con confianza en el largo plazo, entregando el resultado ya de antemano, es la base de nuestra acción despierta, es la base de la aceptación, sobre todo de aquello que no depende de nosotros, y es la base de unas relaciones sanas con nosotros mismos, con los demás y con el mundo. Así que mira a ver: ¿tú, en qué confías? Esto mismo se les preguntó a los participantes de este café filosófico de un febrero que va trayéndonos a diario algo más de luz. Lo que sobre esto descubrieron, esta vez lo guardo para ellos mismos.

Se mostraron los reunidos muy analíticos, de manera que empezaron por delimitar los componentes básicos de toda adicción (luego determinaron su origen o causas): tú no dominas, te domina; dependes de ello; activa elementos químicos de tu cerebro que a base de reiteración te engancha; implica trastornos de tu personalidad y de tu entorno social; siempre está vinculada la adicción a un hábito; la voluntad queda anulada en mayor o en menor medida; supone un refugio o huida de “heridas” muy profundas en el sujeto, no curadas; se trata de una necesidad creada o adquirida, no natural o básica; suele contener un patrón de conducta imitativa, mecánica o inconsciente; también establecieron un componente de evolución cultural, según modas sociales. Con todos estos rasgos básicos tú mismo/a puedes construir una preciosa (y desgraciada) definición de “adicción”, como ellos y ellas mismos hicieron. Si estuviéramos en un Taller de filosofía, a continuación, por grupos, propondrían a todos los participantes, para su discusión y progresiva depuración, una definición provisional. Pero no era el contexto, así que se esbozaron algunas posibles nociones de adicción y se siguió adelante, tras las causas u origen de la misma.

La presión social, las heridas, el sistema económico que nos empuja a ello (no hay nada más rentable que consumidores adictos…), una predisposición genética, que no es lo mismo que una determinación necesaria de que suceda siempre, un ambiente social precario, material o espiritualmente (no es cuestión de ricos y pobres… incluso los primeros tienen más medios para volverse adictos…), que se haya convertido en el centro de gravedad de intereses comerciales o políticos… Incluso el Estado participa, como cómplice y propiciador, de esta orgía de la adicción, como modo de control social y beneficio económico. ¿Se han fijado alguna vez en la contradicción subyacente de los avisos de las cajetilas de tabaco? ¡Dice que puede matar, o cosas peores, y se sigue vendiendo… cada vez más caro! En efecto, la adicción es el negocio redondo de nuestro tiempo. Como cada uno es libre de consumir…, ¿o no? ¡Maldita y acrítica ideología individualista-liberal…! De todo esto se habló, y la discusión se polarizó entre los que ponían el énfasis en la predisposición individual (genética, psicológica, personal) y los que defendían a ultranza el condicionamiento social, económico, político o cultural. Pero como allí se va a discrepar pero a colaborar, la indagación llevó a ver muy clara la preeminencia de una interacción entre la predisposición y estimulación, interna la primera y externa la segunda, ésta que despierta la anterior, según cada caso.

Ahora ya sabes por qué, por definición, no puede haber ninguna adicción buena o defendible o aceptable. Por ejemplo, este relator es posible que se haya vuelto adicto a estos cafés filosóficos, sin embargo, puede desenvolverse en otros contextos, persigue otros intereses, su vida personal, familiar, social, cultural y profesional se enriquece constantemente con su celebración, no es un medio que se haya convertido en un fin, no es un esclavo de los mismos (en cuanto observe que no hay interés, no los celebrará), etc. Por lo tanto, si es bueno, no puede ser una adicción, sino más bien una pasión, y no una pasión que se padece, pasivamente, sino activa y muy conscientemente… como son las verdaderas pasiones.

APÉNDICE:

Algunas entradas para un inacabado catálogo de nuevas adicciones

Internet: medio de vivir otra vida, sin moverte de casa, sin tocar ni oler nada. Sólo viendo y oyendo. Tantas maravillas ha escuchado de este medio el sujeto, que relaja su capacidad crítica y se vuelve tan inocente que olvida que, en el mundo paralelo en que se introduce, sólo rigen limitaciones técnicas. El sujeto adicto, tanto se acostumbra a moverse en este “universo virtual” que, mientras navega por él, llega a apreciar sus grandes ventajas: tiene pleno dominio de “su mundo” con un simple “clic”, tiene libertad de “movimiento”, puede ocultar su identidad y así hacer lo que siempre quiso hacer y no fue capaz de hacer, puede, en fin, perderse en él y perder de vista todo lo que no le gusta. El mundo se puede estar hundiendo a su alrededor, y con él su propio mundo, pero le da igual, porque él, en realidad, pertenece a otro mundo.

Teléfono móvil: medio para comunicarse con movilidad. Debido principalmente al proceso comercial de búsqueda y mantenimiento de clientes, la continua adición de más y más utilidades, lo vuelve necesario, adictivo para el sujeto, que ya no puede vivir sin él. El sujeto siente que tiene el mundo en su mano, y como tal cetro le da tanto poder, ocupa el centro de su vida, acondicionándose secciones de la vida privada o social para que el móvil sea utilizable. Cree que tiene un móvil, pero el móvil le tiene a él. Un “silogismo” habitual del teléfono móvil: “la vida es móvil, móvil es vodafone, por tanto, la vida es vodafone”.

Videojuego: medio de aislarse del mundo real, mediante el cual el sujeto adicto cree divertirse y pasar un rato. Cuando solamente se divierte jugando a él, ya no se divierte con él. Los efectos de esta adicción son, así, desastrosos para el sujeto y los que le rodean. Se vuelve agresivo, porque sabe que hay otras cosas en la vida, que hay otros “juegos” vitales, pero no es capaz de pasarlo bien de otra manera. En el mejor de los casos, buscará “eternamente” nuevos videojuegos hasta que, de tantas horas de entrenamiento, vayan quedando obsoletos y, entonces, busque siempre, desesperadamente, otro más “divertido”. Una vez alcanzada esta situación ideal para el fabricante y el promotor de videojuegos, el negocio ya es imparable, está en marcha y bien consolidado que está.

Una educación – Tara Westover

Una educación – Tara Westover

Lugar: Hotel Torremar                   Torre del Mar

Resumen del libro

Nacida en las montañas de Idaho, Tara Westover ha crecido en armonía con una naturaleza grandiosa y doblegada a las leyes que establece su padre, un mormón fundamentalista convencido de que el final del mundo es inminente. Ni Tara ni sus hermanos van a la escuela o acuden al médico cuando enferman. Todos trabajan con el padre, y su madre es curandera y única partera de la zona.

Tara tiene un talento: el canto, y una obsesión: saber. Pone por primera vez los pies en un aula a los diecisiete años: no sabe que ha habido dos guerras mundiales, pero tampoco la fecha exacta de su nacimiento (no tiene documentos). Pronto descubre que la educación es la única vía para huir de su hogar. A pesar de empezar de cero, reúne las fuerzas necesarias para preparar el examen de ingreso a la universidad, cruzar el océano y graduarse en Cambridge, aunque para ello deba romper los lazos con su familia.

Resumen de la sesión

Se inició el análisis de este libro por parte de uno de los asistentes calificándolo como muy duro, no novelado como pudiera parecer, y completamente autobiográfico. Nos narra como la autora, Tara Westover, fue capaz , después de vivir la primera parte de su vida al margen de la sociedad – no va a la escuela, carece de un certificado de nacimiento y nunca ha sido vacunada –, de incorporarse a la vida universitaria con unos desconocimientos elementales tanto de la vida social – las relaciones con sus compañeras, o los principios básicos de higiene o sobre la sexualidad –  como de falta de conocimientos de cultura general – no sabe qué es el Holocausto o que habían tenido lugar dos guerras mundiales -. Es la misma Tara que fue capaz de estudiar becada en las universidades de Cambridge o de Harvard…Todo un ejemplo de superación, pero ella reconoce que fue posible por la ayuda que recibió de sus compañeras y de la suerte que tuvo con el profesorado a lo largo de sus estudios universitarios. Estamos hablando de un período de tiempo comprendido entre los diecisiete y los veintisiete años.

Otra de las asistentes especificó que, para ella, el libro tiene tres partes muy diferenciadas: la infancia, el conocerse a sí misma y el de su sociabilización y realización personal. Y empezamos a hablar de cada una de estas etapas.

En el análisis de su familia hablamos del padre, Gene, de religión mormona pero fundamentalista, donde “la voluntad de Dios” marca todas sus actuaciones, tratando a su familia como un déspota y provocando con sus decisiones, caprichosas muchas veces, una serie de accidentes que pusieron en peligro sus vidas en diferentes momentos. Había mormones que no eran tan radicales, visitaban los hospitales, consumían fármacos, vestían más normales…, pero en este caso se trata de un fanático perturbado que detestaba la civilización y que arrastra al resto de su familia. Tara rompe definitivamente con su padre cuando éste se presenta en la residencia de Harvard acompañado de su madre, con el fin de llevársela a la casa familiar porque consideraba que se encontraba poseída por los demonios. ”Lo que mi familia quería expulsar de mí no era un demonio; querían expulsarme a mí misma de mí”, escribe Tara en el libro.

Su madre, Faya, por insistencia de su marido, se dedica a ser matrona de la comunidad mormona. Tara mantiene una buena relación con ella aunque se siente defraudada en muchos momentos en que solicitó su ayuda ante los malos tratos que recibía de su hermano Shawn y sobre todo cuando su madre le mintió diciéndole que había hablado con su padre para que interviniera por esos malos tratos que habían recibido  tanto su hermana Audrey  como ella. La madre había tomado partido descaradamente por el padre y su hermano. Más adelante cuando Tara decide romper definitivamente con su padre, al ver que era imposible un acercamiento, la madre le dice que si no acepta a su padre, a ella tampoco.

De los seis hermanos de Tara: Tony, Shawn, Tyler, Luke, Audrey y Richard, sólo mantuvo ella una relación normal con Tyler y Richard, que curiosamente eran los únicos que no trabajaban para los negocios de los padres y que tenían títulos universitarios. Los otros cuatro dependían económicamente de ellos y también rompieron con Tara. Mención aparte dedicamos en la tertulia al comportamiento de Shawn con Tara mientras estuvo en la casa hasta los diecisiete años. Ofensas y golpes sin venir a cuento ante la indiferencia de sus padres. Ejemplo típico de un maltratador ya que los malos tratos iban acompañados posteriormente de afecto y disculpas ya que lo hacía “porque quería lo mejor para ella…”

Comentamos la vida natural que propugnaban: partos en la casa, uso de la leche cruda, empleo de medicinas naturales a base de hierbas, no vacunarse, no asistir a la escuela, ausencia de documentos oficiales al no estar registrados… Y lógicamente hubo un debate sobre si casos como éste o similares se podrían producir en Europa por ejemplo, teniendo en cuenta que estamos hablando de los años noventa. La explicación se encontró en la diferencia de cultura que existe entre el interior y la costa en EEUU, las dimensiones de esos Estados y las grandes distancias habidas entre las zonas habitadas. En Europa una situación así, se opinó, sería excepcional.

Analizamos si se puede considerar que Tara  tuviera una infancia feliz y se opinó que frente a quien considera que sí, ya que disfruta de la naturaleza y su entorno que la marca mucho, otros piensan que ella no conoce la felicidad ni la infelicidad pues no tiene relación alguna con otras personas y por supuesto niños, que no fuera su familia (padres y algunos hermanos). Tara agradece a su madre sobre todo, el haberla cuidado de pequeña y haberle enseñado a leer y escribir. Para mí, manifestó otro de los asistentes, su infancia no fue nada traumática; era una niña que se limitaba a obedecer en su casa o en los trabajos que se encomendaban aunque no tuviera una infancia como los demás niños. Pero llega un momento en que ella va construyendo su mente hasta llegar a tomar la decisión de irse de la casa. Se compara con su hermano Richard y en un momento quiere cambiar su rol: ”Su sino, pensaba, es la paternidad, el mío la maternidad. Uno implicaba decidir, presidir, llamar a la familia al orden; el otro significaba contarse entre los llamados al orden”. Hay otros aspectos que van a influir en esta transformación y es  al iniciar una vida social: cuando empieza a cantar en el coro de la iglesia, cuando empieza a trabajar en unos grandes almacenes o cuando veía a su hermano Tyler esconderse para leer y escuchar música en su cuarto. Después decide ingresar en la Universidad y se prepara ella sola. Luego vendrá la sociabilización y la realización personal, aunque en sus regresos a la casa familiar en vacaciones siempre va a tener dudas sobre el paso que ha dado; hasta que en el cuarto de baño, reflejada en el espejo, vio dos imágenes, la de ella y la de una niña de dieciséis años que salía cada vez que visitaba la casa. Hasta que llegó un momento en que la chica se quedó en el espejo y surgió un ser nuevo.

Hubo quien consideró que al libro le falta un poco de emoción, opinando otra que es porque la autora no quiere caer en el tremendismo y la exageración al ser muy fuerte lo que le está ocurriendo, limitándose a narrar los hechos. También se comentó el título dado al libro, “Una educación” no considerándose muy acertado por alguno de los asistentes, especialmente por no tener una buena traducción del título original. Alguien piensa que cuando se refiere a la educación lo quiere hacer explicando la que ha recibido de su familia, que es la que la condiciona a ella y que ha recibido hasta los diecisiete años. Para otros, se refiere a lo que ha aprendido de la vida social, el saber comportarse, el saber estar en su nueva etapa y que le lleva a descubrir su nuevo yo. Cómo se ha ido convirtiendo, de forma autodidacta, en una nueva persona.

Otra pregunta, ¿estas novelas testimonio, sirven para algo? La propia autora en una entrevista comenta que al escribir este libro intenta ayudar a otras personas que ante situaciones difíciles familiares similares, no saben cómo actuar. También, para ella,  como una terapia ante la pérdida de parte de su familia.

Por último, quisimos resumir el mensaje o mensajes que nos ha transmitido el libro: “Si quiero, puedo”, “Historia de una superación y realización personal” o “Un canto a la educación y el conocimiento”. Y como opinión general de la novela, nos pareció un libro conmovedor, reflexivo y sobre todo auténtico.

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Próximo libro: “También ellas cuentan”                Autora: Vicky Fernández

Fecha: 21 de marzo          Lugar: Hotel Torremar        Hora: 20 h.

Sobre la inteligencia

Sobre la inteligencia

Café Filosófico en Vélez-Málaga 10.4

18 de enero de 2018, cafetería Bentomiz, 17:30 horas

¿Qué es para ti más real? Puede ser el paso del tiempo, la constancia del espacio, la presencia de tus emociones, la conciencia de la muerte, el sentir la amistad, el cambio semántico, una mirada sincera, la maravilla de poder entendernos cuando nos entendemos, mis vínculos, la conciencia, la conciencia de ti mismo, la sensación real e inestable de no-realidad, el amor…,    pero, digas lo que digas, no sería para ti real la realidad, si no sintieras en lo hondo de ti una noción básica, central, una intuición vivida (muy vívida), una sensación muy real de ti mismo. La sensación de yo soy, que es una constante en ti, a pesar de tus cambios a lo largo de los años y la sucesión de inestables estados de ánimo. Lo real posee realidad para ti porque sobre ello trasladas la noción intima de tu propia realidad… Por este derrotero, metafísico y vital, transcurrió la introducción a este café filosófico de enero. Se propuso para disfrute y reflexión de los asistentes (el placer de saber, de sentir), y se copia aquí para tu propio conocimiento personal…

Entrando ya en la materia del día, nuestros participantes preguntaron: ¿Qué es ser inteligente? Ante la inflación actual del término “inteligencia”, habría que marcar la distancia suficiente para darse uno cuenta de que inteligencia no puede ser cualquier cosa. Veamos. A la inteligencia se la ha medido (el famoso y denostado CI), se la ha clasificado (inteligencia abstracta/concreta inteligencias múltiples), se la ha reducido (capacidad para resolver problemas), se la ha convertido en una mera función adaptativa, una pura estrategia instrumental, ha sido utilizada para discriminar y justificar el status quo de las élites dominantes, en fin… sin poderla agotar en su esencia nunca…

–Ser inteligente es ser capaz de desarrollar tu vida para poder vivir bien.

–Ser inteligente es ser capaz de cumplir eficazmente con una tarea.

Y discutieron un largo rato: ¿es preferible una inteligencia especializada, como hoy se demanda, o bien, una inteligencia general, global, integral, como algunos comenzaron a decir que se necesitaba hoy día? ¿Hacen falta ambas? ¿Cómo se repartiría, como hasta ahora: una élite y una masa (Ortega y Gasset)? ¿Élite de sabios (Platón)? ¿Élite de expertos? ¿Masa de ciudadanos conscientes, críticos, bien informados y con una capacidad de juicio madura (Kant)? ¿O masa de ciudadanos que se dejen conducir por los que saben, sólo clientes, usuarios o consumidores (Habermas)? Pues bien, si hubieras estado allí, con todos los participantes de aquel día, habrías estado de acuerdo en que la inteligencia es una potencialidad (humana y no humana), que en cuanto tal es común a todos los seres humanos (o no humanos) y no cambia en lo esencial, pero que necesita de un desarrollo. Y aquí está la madre del cordero: tal desarrollo se produce en función de los estímulos que rodean al individuo, propios de un determinado contexto social, cultural o histórico; un desarrollo sujeto a los vaivenes de las necesidades, los cambios históricos, las modas o preferencias pasajeras; y por supuesto, dicha inteligencia siempre es propia de cada uno en cada momento.

A continuación, la pregunta que cayó como fruta madura fue ésta: ¿Cuál es la inteligencia que más necesitamos hoy día desarrollar? ¿Qué clase de comprensión? Una inteligencia generadora de puentes en los conflictos, basada en valores humanos lo más universales posible, capaz de aprender a perseguir lo mejor y no sólo un interés particular, una inteligencia ecológica, donde los valores éticos no se olviden, menos antropocéntrica, proclive a construir hermandades y no enemigos… (¡Tú puedes añadir la inteligencia que hayas detectado que más nos hace falta!). Pero, ¿es esto un mundo de color de rosa? Sí es utópico, sí, pero necesitamos de la utopía –como siempre–, una utopía en sentido positivo: como orientación adecuada de nuestras decisiones colectivas. Pasito a pasito.

Así pues, ¿inteligencia puede ser cualquier cosa? ¿Puede una máquina ser inteligente? ¿Un procedimiento, por sí mismo, inteligente? ¿Una situación, una tarea, un frigorífico inteligentes? ¿Puede ser la inteligencia artificial? Se nos presentan dos opciones: llamar a todo eso inteligencia, olvidándonos de quién hace la pregunta, con el riesgo de que éste se vaya pareciendo (reduciendo) más y más a esa concepción de la inteligencia; o bien, recordar siempre que hablamos por analogía con quien hace la pregunta y no porque su realidad en sí misma sea inteligente. ¿Dónde pondremos la realidad, en la causa o en el efecto? Nos jugamos mucho… ¿no te parece?

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